Galería de los Doce Sevillanos Ilustres, Palacio de San Telmo
Galería de los Doce Sevillanos Ilustres, Palacio de San Telmo
De Calle

La Sevilla de Antonio Susillo

Se cumplen 122 años de su muerte y recordamos al gran escultor sevillano del S.XIX a través de su obra a pie de calle

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La Sevilla de Susillo es un seseo temprano que nos traslada a la obra del gran escultor del S. XIX. Poeta del barro, escritor sin palabras, becqueriano de mano y cincel, realizó numerosos trabajos notables a largo de su vida, convirtiéndose así en un artista de enorme influencia para la generaciones posteriores. Hoy se cumplen 122 años de su trágica muerte y lo recordamos a través de sus ideas. Las que materializó y pueden visitarse en la ciudad. Para el mundo cofrade, tan solo talló las manos de la Virgen de la Amargura y de San Juan después de un fatídico incendio, debido al rechazo que causó su figura en el entorno de las hermandades. La Galería de los Sevillanos Ilustres, el Cristo de las Mieles del cementerio de San Fernando y las esculturas de Velázquez, Miguel de Mañara y el general Daoíz, sin embargo, son algunas de sus expresiones mayores que Sevilla aún conserva.

Antonio Susillo nació en La Alameda en el año 1857 y fue consagrado como niño prodigio. Trabajó para la Corte, estudió Bellas Artes en París y Roma y parte de su obra está relacionada con Gustavo Adolfo Bécquer. Son muchas las analogías que se han hecho entre ambos porque Antonio traslada a sus piezas una sensibilidad concreta que parte de los versos del poeta. «Quiso ser él», dicen algunos. Su vida es un claroscuro plagado de realidades y leyendas. La tarde del suicidio el 22 de diciembre de 1896, sus relaciones sentimentales y una personalidad compleja han colmado de habladurías las tabernas desde que este se convirtiera en toda una personalidad en la ciudad de la época. Y lo único que ahora nos queda es esta invitación breve a conocer a su obra. Ahí. En la calle.

«Y una premonición. Al cabo de tres años y nueve meses, las manos de Susillo servirían para quitarse su propia vida. Las manos que habían tallado las manos de la Virgen. Las manos de la Amargura»
Paco Robles en «La maldición de los Montpensier»

Galería de los Doce Sevillanos Ilustres

En el taller ubicado en la calle que hoy luce su nombre se esbozó en papel y cemento el trabajo que los duques de Montpensier, quienes residían en San Telmo, le encargaron. Un conjunto de doce figuras que se disponen en la balaustrada de la puerta de coches del palacio, frente al Hotel Alfonso XIII, y representan a personajes notables de Sevilla, desde los pintores Murillo y Velázquez al dramaturgo Lope de Rueda o el militar Rodrigo Ponce de León y Bartolomé de la Casas, fraile, escritor y cronista defensor de los indígenas en el descubrimiento.

Velázquez y el general Daoíz

Una escultura está en la Plaza del Duque y la otra en la Gavidia, zonas de paso donde todo es prisa, rutina y anteojera. Por eso no son muchos los que se paran a verlas. La primera, donde se representa al pintor barroco con el gesto firme de quien se enfrenta a un lienzo, data del año 1892. Susillo se basó en el autorretrato de Las Meninas para crearlo. Las púas lo protegen ahora de la amenaza ácida de las palomas y el lema «Al pintor de la verdad» reza bajo el pedestal. Como curiosidad, cabe mencionar que el pincel fue robado en el 98 y se tuvo que reponer.

Monumento de Velázquez
Monumento de Velázquez - Vanessa Gómez

Quien da un paso al frente con espíritu combativo y cargado de valentía es el general Luis Daoíz, que saca el pie derecho de la base sobre la que se levanta. Parece contener el aire durante unos segundos y fundirse así para los restos, con un papel arrugado en el puño. A los laterales, unos relieves narran la lucha del militar contra los franceses y su posterior muerte, el día 2 de mayo de 1808.

Miguel de Mañara

A partir de una figura que realizó para el palacio de San Telmo, años más tarde, se configuró esta otra en los jardines del Hospital de la Caridad, del que Mañara fue su gran impulsor. Estamos, por tanto, ante su obra póstuma. Y en ella, Miguel de Mañara sostiene entre sus brazos a un pobre que ha recogido de la calle. Era la Sevilla de los contrastes más crueles.

Cristo de las Mieles

La cruz es de madera pero el cuerpo de bronce. El metal pesado de la agonía descansa junto a los restos mortales del escultor sevillano. El mismo lugar. El mismo espacio fúnebre donde autor y pieza tienen cabida. Los visitantes lloran y recuerdan lo perdido y el Cristo custodia a quien le firma. Un colofón taciturno y perfecto a una vida protagonizada por sus conflictos internos. Los peores.

Cristo de las Mieles, cementerio de San Fernando
Cristo de las Mieles, cementerio de San Fernando

Antonio Susillo aúna tendencias y plasma rostros con un marcado carácter psicológico. Quiere, como antes hiciera Velázquez en sus cuadros, esculpir la verdad. Talla en hexasílabos lo inabarcable. El gesto. Y nos deja con la miel que da su Cristo entre los labios al acercarnos a su obra. La Sevilla de Susillo es un viaje que escapa de lo terrenal y busca en el barro la eternidad que otros no encontraron. Lo sublime. Lo elevado. La verdad.