Rocío Muñoz durante una presentación en Rosario
Rocío Muñoz durante una presentación en Rosario - DANKE
ANÓNIM@S

Rocío Muñoz: «En Argentina no hay manera de conseguir rebujito»

Esta escritora ciega sevillana presenta este viernes en la Librería Caótica su libro «Lengua de serpiente»

SEVILLAActualizado:

Rocío Muñoz Vergara es una escritora sevillana (1982) que nació con un tumor y al eliminárselo perdió también los ojos. Como ella misma dice, «ante la posibilidad de perder la vida, aquello fue lo que se dice un mal menor». Su pasión por la vida y su espíritu emprendedor hizo que hace once años emigrara a la ciudad de Rosario (Argentina) donde acaba de publicar un libro de poemas y este año pondrá en marcha una editorial. Profesora de Lengua y Literatura y licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, dirigió junto a Maia Morosano la editorial Espiral Calipso (2008-2015). Actualmente coordina cursos de formación y talleres de creación literaria, se dedica a la gestión cultural, estudia el Doctorado en Literatura y Estudios Críticos de la Universidad Nacional de Rosario, y prepara junto a Luis Alberto Steinmann la editorial El Salmón, que abrirá sus puertas en 2018. Este viernes, 12 de enero, a las 20.30 horas presenta su libro de poemas «Lengua de serpiente» en la Librería Caótica (José Gestoso, 8 -Sevilla-).

¿Toda tu infancia pasó en Sevilla?

Los inviernos en Sevilla y los veranos en Rota. Los veranos son muy largos cuando una es chica y Rota es mi tierra mágica. Siempre procuro volver. Aprendí a nadar antes que a andar. Me siento más de mar que de río. Puede ser también porque mis padres tienen una pescadería...

¿Qué recuerda de aquellos primeros años en Sevilla?

¡Muchas cosas! Me gusta mucho recordar. Creo que somos lo que recordamos y que toda memoria es memoria histórica y que en ella se cifra tanto la identidad personal como la de los pueblos. Soy una niña de los 80, es decir de La Bola de Cristal y de Mecano y de los juegos de correr y saltar todo el día y de cuando jugando en la calle había que tener cuidado para no pincharse con una aguja y de cuando creíamos que tarde o temprano en este país nos íbamos a librar de la derecha.

¿Te gustaba ir al colegio?

Me gustaba mucho el colegio. Aprender siempre me resultó muy emocionante, pero a la vez siempre traté de ser rebelde para que no me llamaran empollona, así que lo que hacía era prestar mucha atención en clase y de esa forma después no tenía que estudiar. Digamos que daba la lata todo lo posible pero a la vez sacaba buenas notas. Tuve una maestra de primaria excepcional, doña Carmen Domínguez, mi agradecimiento infinito para ella. También creo que mi promoción fue muy especial. La recuerdo con mucho cariño y mucha ternura. En verdad me pasaría la vida contando anécdotas de aquella época!

¿Eres más de Semana Santa o de Feria?

Me gustan mucho las fiestas. Todas las fiestas, pero especialmente las folclóricas. Mi madre se crió prácticamente pared con pared con el Cachorro. Después yo me hice también de la Estrella. Soy de Nervión pero toda mi familia es trianera, así que como bien dice la sevillana, «Que me perdone Sevilla, dueña de mil maravillas, paraíso universal; donde se ponga mi Triana que se quite lo demás». Y hablando de sevillanas, la Feria fue y sigue siendo mi pasión. Barthes dice que «fiesta es lo que se espera» y que el tiempo «es lo que pasa de una fiesta a otra». Cuando vivía aquí, mis años se contaban siempre en temporadas del Sevilla, en carnavales de Cádiz y sobre todo en Ferias de abril. Ahora, después de la familia, los amigos y la chacina, es lo que más echo de menos. Y en Argentina no hay manera de conseguir rebujito, y cuando me he llevado manzanilla de aquí para prepararlo en Rosario, resulta que no sabe igual.

¿Quién te enseñó a leer?

Cuando estaba en prescolar, venía una profesora de apoyo de la Once para enseñarme braille, así cuando llegué a primero de EGB yo ya sabía y mi maestra también. Ella había aprendido ese mismo verano para poder darme clases, ¿no es grandioso? ¿No es pura épica? Así consiguieron librarme de estudiar en un colegio especial, y me permitieron vivir una escolarización normal y corriente, sin separarme del mundo en el que se vive, es decir del mundo hecho fundamentalmente para la gente que ve. Mis padres lucharon mucho para eso. Cuando yo era chica casi todos los niños iban al colegio de la Once, se quedaban internos incluso. Había gente que decía que eso era lo mejor, la educación a medida, la única manera de aprender y de no sufrir por sentirse diferente. Mis padres por suerte no los creyeron. Nunca podré agradecérselo lo suficiente. Costó mucho que me aceptaran en lo que llamábamos «la integrada», hasta que por fin y después de que mis padres se pelearan con un montón de gente (de afuera y de adentro de la propia Once), el C.P. Diego Ortiz de Zúñiga (El Matadero) los dejó matricularme. Fui un poco un conejillo de Indias, pero por suerte salió bien el experimento y pudimos demostrar no solo que se podía, sino que no era tan difícil, que no era para tanto, y eso ayudó mucho a los niños y a los padres que llegaron después, hasta el punto de que hoy en día ya el colegio de la Once de Sevilla ni siquiera ofrece la opción de hacer la primaria ahí! Esa fue realmente una hermosa batalla ganada.

¿A quién debes tu pasión por la literatura?

A mucha gente a lo largo de la vida, pero en primer lugar a mi padre y a mi abuelo materno. El primero me leyó incansablemente desde siempre y el segundo me contó historias fabulosas, de mares y de olas, de castillos y de islas, de la guerra y el hambre y el miedo y el heroísmo y la supervivencia. Después tuve grandes profesores, y también tuve y tengo grandes amigos escritores y lectores. Beto (luis Alberto Steinmann) mi pareja, sin ir más lejos, es un gran narrador y muy pronto va a sacar un libro de cuentos increíble! Llevo toda la vida escribiendo, leyendo y hablando de literatura con todo el mundo, así que mi pasión por la literatura es como una hoguera que no deja de avivarse!

Profesora de Lengua y Literatura, licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla... ¿Por qué se fue a Argentina?

Porque me crié con los goles del Diego y después con las películas de Federico Lupi, porque ahora me doy cuenta de que yo siempre fui peronista aunque no sabía ni lo que era el peronismo, porque desde siempre sentí que ese también era mi país, esa también era mi casa, así que ni bien terminé la carrera allá que me fui para vivir grandes aventuras como las que me leía mi padre y me contaba mi abuelo, y allá sigo!

¿Once años en Rosario dan para mucho?

Dan para un montón! Por eso este libro se llama «Lengua de serpiente», porque mi lengua, mi identidad es bífida.

¿Allí también huele el azahar?

Y el praliné, y el pororó, y sobre todo el asado. Su aroma lo inunda todo, especialmente los domingos. Azahar hay más en Misiones, que es la tierra de Beto y de mi querido Horacio Quiroga, y la mía también. En verdad yo en aquella época, 2006, me quería ir a Misiones, pero la página de la universidad no funcionaba en aquel momento y por una cosa y por otra fui a parar a Rosario. Y bueno, las vueltas de la vida que por supuesto no pasan por casualidad sino porque una va donde la lleva el deseo, me terminé casando con un misionero.

¿En qué se parecen Rosario y Sevilla?

En Rosario se vive de manera muy similar: en la calle, con la gente, con la cervecita bien fría y con muchas ganas de juerga. Claro que después también hay muchas diferencias, pero esa es otra historia.

Y llegaron los libros... ¿Qué tiene el último de especial?

Es un trabajo que vengo perfilando desde hace muchos años, hay poemas que son de 2010, por ejemplo. Eso me ha permitido muchas revisiones, mucha visión de conjunto y también mucha reflexión en torno a lo que quería decir y o a lo que decía sin querer. Por el camino pasaron y me pasaron muchas cosas, y algunas de ellas fueron dando poemas como frutos, por tanto los veinticinco poemas que componen «Lengua de Serpiente» tienen cada uno una historia fuerte y condensada que los hace especiales. También es muy importante la editorial, Ediciones Danke, un sello rosarino joven que Julia Enríquez dirige con absoluta destreza y dedicación.

Portada de «Lengua de serpiente»
Portada de «Lengua de serpiente»- DANKE

¿A qué te dedicas actualmente?

Hago el doctorado y me dedico a la investigación, doy talleres de creación literaria, individuales y grupales, hago gestión cultural y en marzo con Beto vamos a abrir una editorial que se va a llamar El Salmón y cuyos libros van a salir en tres soportes: en tinta, en audio y en braille. Abrimos con una novela corta, El Triángulo, la ópera prima de la rosarina Cecilia Laura Rodríguez. Tenemos muchas ganas y mucha ilusión.

¿«A cuatro voces»?

Es un ciclo literario donde en cada ocasión reunimos a cuatro escritores, siempre diferentes y siempre dos hombres y dos mujeres, a ser posible dedistintas generaciones. Participan poetas, narradores, dramaturgos... Después de la lectura hacemos lo que llamamos «rueda de prensa anónima», donde los invitados de la noche, porque por supuesto lo hacemos de noche y por supuesto en un bar, responden a las preguntas que el público ha escrito para ellos en unos papelitos que repartimos al principio. El formato lo empezamos con Beto en Sevilla en 2014, y después lo seguimos en Rosario junto a Maia Morosano, Federico Rodríguez y Laura Brandazza. Por fortuna y porque trabajamos mucho, funciona bastante bien. El público nos apoya y nos impulsa a seguir temporada tras temporada. Hasta la fecha en Rosario han pasado ya 204 autores.

¿Te sientes más cómoda con los cuentos o los poemas?

Preferiría escribir más cuentos pero escribo más poemas. Creo que percibo las cosas de forma más poética, es decir en sonoridades, imágenes, conceptos, versos concretos que se me ocurren, chispazos, destellos, sombras... más que en personajes y en tramas. Sin embargo aunque muy poquito a poco algo de narrativa escribo.

¿En qué escritores te inspiras?

¡En muchos! La tradición española me persigue por más que intente esquivarla: Góngora, Bécquer, Lorca... Después he podido mecharla un poco con el cinismo crudo norteamericano o con las diferentes ramas de la poesía argentina, de Alejandra Pizarnik a Fabián Casas o Beatriz Vignoli o Celia Fontán. Los poemas suelen surgir del diálogo entre todas estas voces y otras muchas, son mosaicos que se van nutriendo también de los escritores con los que convivo, por supuesto Beto, pero también mis amigas Carla Saccani o Maia Morosano, o toda la gente que hace taller conmigo y que por lo tanto leo continuamente, o todo el resto de mis lecturas, que son muchas porque yo en verdad siempre estoy leyendo.

¿Eres más de Borges o de García Márquez?

Me resulta rara esa dicotomía, como si fueran Sevilla Betis o algo así. Supongo que tiene que ver con que quizá sean los dos escritores latinoamericanos más famosos. Bueno, en mi caso, definitivamente, soy mucho más de Borges, aunque también soy más de otros muchos escritores, de Rubén Darío por ejemplo, por citar otro latinoamericano súper conocido.

Y llegó la aventura editorial... ¿Se puede vivir hoy de la Literatura?

Depende primero de lo que llamemos vivir y después de lo que llamemos literatura. Vivir puede significar encontrar sentido a la vida, y claro que la literatura te da eso, todo el tiempo. También puede significar ganar dinero, pero hay gente que vive con mucho y gente que vive con poco dinero, e incluso hay gente que vive sin dinero. Y sin embargo sin literatura no vive nadie, porque siempre que se cuenta una historia, real o ficticia, siempre que hay un placer en el contar y un gusto en escuchar, la literatura está ahí, es eso, como también es toda la poesía de tradición oral desde el principio de los tiempos. Por lo tanto, si me preguntaran si se puede vivir sin literatura, ahí yo respondería rotundamente que no. En cuanto a tener a la literatura como fuente de trabajo, claro que sí. El mercado del libro mueve muchísimo dinero, y también los talleres literarios, y hay un montón de editores y de libreros y de profesores que trabajan de eso. También hay muchísima gente que tiene la escritura creativa como herramienta de trabajo. Si la pregunta es si un autor puede vivir exclusivamente de la venta de sus libros, supongo que solo algún que otro bestsellerista, pero escribir es mucho más que vender libros, incluso en términos económicos.