La leyenda del Templete de la Cruz del Campo
La leyenda del Templete de la Cruz del Campo - ABC
Misterios de Sevilla

La leyenda del Templete de la Cruz del Campo

Hoy, restaurado y asegurado, es un bello ejemplo de lo que la devoción y la fe pueden hacer en pro de sus creencias

Jose Manuel García Bautista
SevillaActualizado:

El Templete de la Cruz del Campo despierta muchas preguntas entre los curiosos que visitan Sevilla o el propio sevillano que se ha cuestionado aquello de: ¿qué hace este monumento aquí entre edificios y carreteras? Y la pregunta no es baladí... Quizás porque cuando se erigió se encontraba solo en la inmensidad de los campos y fértiles tierras que rodeaban a Sevilla.

Hoy, restaurado y asegurado, es un bello ejemplo de lo que la devoción y la fe puede hacer en pro de sus creencias. La fecha en la que se construye este monumento, que sirve para marca un lugar, es indeterminada. Se fecha en torno al año 1380 creyendo que se debió a la acción de los hermanos de la cofradía de los negros, o negritos, hermandad fundada en el siglo XIV por el arzobispo Gonzalo de Mena y vinculada a la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles. Otros, por el contrario, hacen responsable de su construcción a don Diego de Merlo. El Templete es una cúpula sostenida por columnas y arcos ligeramente apuntados en cuyo interior, y abierto al público, se guarda una cruz que se yergue sobre una columna.

De inconfundible estilo mudéjar, la vetusta cruz de madera seque por una de piedra. La actual cruz de mármol se atribuye a Juan Bautista Vázquez «El viejo», tallada con las imágenes de Cristo y María en el año 1571. En el año 2007 comienzan las obras que le darían su remozado aspecto que finalizarían el 29 de febrero de 2008 con la bendición del Cardenal-arzobispo de Sevilla Carlos Amigo Vallejo.

Y traemos este monumento sevillano a estas líneas ya que, como decíamos anteriormente, marca un lugar..., de ahí lo curioso y lo que hace de esta ciudad única por la idiosincrasia de las personas, fueran o sean de la época que sean, presente, pasado o futuro.

El marqués de Tarifa compró el Humilladero a los frailes de San Benito Abad en la lejana época de 1536, desplazando la cruz hasta aquel lugar para hacerla coincidir con la distancia recorrida por Jesús durante su Pasión hasta el monte del Calvario o el Gólgota en las afueras de Jerusalén –al menos eso cuenta la leyenda–. Así pues, la distancia que hay entre la conocida Casa de Pilatos de Sevilla -desde la capilla de las flagelaciones, en la calle Águilas- y este lugar marcaría la distancia exacta que caminó Jesucristo hasta el lugar de su crucifixión y muerte. A partir de ese momento fueron varias las hermandades de Sevilla que hacían la estación de penitencia al Humilladero de la Cruz del Campo. No sería hasta 1604 cuando el Cardenal Niño Ladrón de Guevara decidiera que la estación de penitencia se hiciera a la Catedral de Sevilla y las ubicadas a la otra orilla del río, a la «catedral» o iglesia de Santa Ana.

El vía crucis al Templete de la Cruz del Campo constaban de catorce estaciones a lo largo del camino hacia él, distando una distancia de unos dos kilómetros –antaño la distancia recorrida era de 997 metros, era en tiempos de Fadrique Enriquez de Rivera, en 1521–. En cada estación se representaba una escena de diferentes momentos de los vividos hacia el año 33 en la Jerusalén de la época, teniendo como protagonista al Nazareno, al llamado rabí de Galilea. Cada parada en ese camino de sacrificio, oración y penitencia estaba marcado por un azuelo, al estilo sevillano, donde se indicaba el número de estación y el momento recogido en aquella parada según su analogía con la Pasión de Cristo.

Baste decir que sólo dos ciudades eternas, Sevilla y Roma, tienen el gozo y el privilegio en el mundo de celebrar un Vía Crucis callejero. Todo un síntoma de lo que la Semana Santa representa en el corazón de los sevillanos.