El Rey Don Juan Carlos explicándole el baile a la reina Isabel II
El Rey Don Juan Carlos explicándole el baile a la reina Isabel II - ABC

Obama SevillaLos ilustres precedentes de la visita de Obama a Sevilla

Emperadores, reyes, herederos, princesas, jefes de Estado, consortes, gobernantes y hasta un Papa en dos ocasiones han recorrido la ciudad en el último siglo

SevillaActualizado:

La visita de Obama a Sevilla para participar en el Congreso Mundial de Turismo y Viajes (WTTC por sus siglas en inglés) tiene otros ilustres precedentes de gobernantes en ejercicio que han pasado por la ciudad en el último siglo. Emperadores, reyes, príncipes, consortes, herederos, presidentes de república, jefes de Gobierno y hasta un Papa han recorrido, de una u otra manera, las calles de la capital andaluza, bien en visita de Estado o por motivos particulares. Una nómina que en el siglo XX inauguró Leopoldo II, el rey de los belgas de tan infausta memoria en el Congo, quien visitó la Feria de Sevilla en 1905.

Por multitudinaria, y por lo que supuso en aquella Sevilla de posguerra de cartillas de racionamiento y estrecheces generalizadas, hay que referirse a la visita de Evita Perón en junio de 1947 con promesa de aliviar la hambruna generalizada mediante el envío de carne pampera en buques frigoríficos. La visita de la Perona, como la motejó de inmediato el pueblo llano, supuso un hito que sólo puede compararse, en cuanto a poder de movilización a las dos visitas del Papa Juan Pablo II, hoy elevado a los altares.

Un Papa en la Giralda

Karol Wojtyla vino en dos ocasiones a Sevilla: en noviembre de 1982 para beatificar a Santa Ángela de la Cruz en el campo de la Feria y en junio de 1993 para clausurar el congreso eucarístico que se había venido celebrando en la ciudad. El Papa polaco se enamoró de la ciudad. Fue entonces cuando dirigió el rezo del ángelus desde el primer balconcillo de la Giralda en una imagen que se quiso haber repetido cuando el propio Barack Obama, entonces ejerciendo de presidente de los Estados Unidos, vino a España en julio de 2016. Una balacera mortal en Dallas obligó a recortar la estancia del mandatario y dejó a Sevilla compuesta y sin foto.

Pero en el álbum de la ciudad se acumulan muchas otras visitas de dignatarios. El recorrido puede arrancar en 1942 en el Alcázar que entonces dirigía Joaquín Romero Murube con el encuentro, de la máxima cordialidad, entre Salazar y Franco, dictadores autoritarios a ambos lados de la Raya, en los tiempos en que se fraguaba el Pacto Ibérico con el cuñadísimo Serrano Súñer ejerciendo de ministro de Exteriores volcado hacia las fuerzas del Eje. En febrero de 1942, la cumbreterminó con el fundador del Estado Nuovo dando «un breve paseo por las calles céntricas de la capital, visitando después el parque de María Luisa».

Aplausos a la reina Sirikit

El largo periodo de aislamiento internacional de España bajo la dictadura del general Franco determinó visitas de dignatarios al margen de los bloques ideológicos en que se dividió el mundo tras la Segunda Guerra Mundial. Así, los reyes de Tailandia Bhumibol y Sirikit incluyeron una escala de apenas veinticuatro horas en Sevilla en su gira española de noviembre de 1960. El vizconde de Casa González ABC lo recogía así: «La gente abandonaba las aceras, y, al grito de ¡¡la Reina!!, se acercaban al cadillac de la Alcaldía, donde, a la derecha de la señora de Pérez de Ayala, Sirikit de Tailandia saludaba radiante y conmovida».

La década de los 60 conoció la visita de dos rutilantes estrellas del firmamento internacional: Grace Kelly, del brazo de su marido Rainiero de Mónaco, y Jackie Kennedy, viuda de JFK tras el magnicidio de Dallas en 1963, en plena Feria de Abril. La duquesa de Alba ejerció de anfitriona perfecta y aquel abril de 1966 Sevilla se pavoneó de tan destacadas visitantes, venidas para un memorable baile de debutantes en la Casa de Pilatos organizado por la duquesa de Medinaceli.

El Negus, en coche de caballos

Peleadas o no ambas ilustres damas, lo cierto es que concitaron los focos de la atención mundial sobre Sevilla. Después de la repercusión mundial de sus idas y venidas, por aquí querían pasar todos los mandatarios… que se atrevían a brindar aliento a un régimen que daba evidentes muestras de agotamiento. El concierto internacional se negaba a dar aire a Franco y eran pocos los que desafiaban ese status quo. Uno de aquellos dignatarios de la tercera vía era el estrafalario Haile Selassie, emperador de Etiopía, la Abisinia contra la que se habían estrellado los fascistas italianos de Mussolini.

A Sevilla llegó en viaje privado desde Madrid, una vez concluida la visita de Estado del que se hacía llamar oficialmente «victorioso león de la tribu de Judá, Elegido de Dios y Rey de Reyes». El Negus, descendiente directo del rey Salomón y la reina de Saba, era un tipo «de baja estatura, moreno, con barba blanca muy recortada, con el paso de los años perfectamente marcado en su cara». Era el 30 de abril de 1971, tres años antes de que el teniente coronel Mengistu lo derrocara tras un golpe de Estado que acabó encuadrando Etiopía en la órbita soviética.

Selassie recorrió la ciudad en coche de caballos y asistió a una cena en el Alcázar ofrecida por la Alcaldía. Aunque también recorrió solo y a pie la zona monumental, visitando la Catedral y firmando autógrafos a quienes se los pedían como si se tratara de una estrella del rock. Y eso que todavía Bob Marley y los rastafaris no habían hecho de Etiopía la ensoñación que después fue.

Crisantemos y azahares

En octubre de 1973, en plena guerra del Yom Kipur, recorrieron Sevilla los entonces herederos de Japón, los príncipes Akihito y Michiko, acompañados por los príncipes españoles, Don Juan Carlos y Doña Sofía. La visita -el mismo día que sor Cristina de Arteaga, la priora de las jerónimas del convento de Santa Paula, ingresó en la Academia de Bellas Artes- incluyó una fiesta campera con exhibición de enganches en la finca Majaloba, en el término de La Rinconada, invitados por los marqueses de Salvatierra y Paradas.

El heredero Naruhito siguió los pasos de sus padres Akihito y Michiko en 1985
El heredero Naruhito siguió los pasos de sus padres Akihito y Michiko en 1985 - ABC

Más tarde, los herederos del Trono del Crisantemo recorrieron por las ruinas de Itálica y pasearon en automóvil por la tarde para contemplar los principales monumentos iluminados con posterior cena en el Alcázar amenizada con flamenco a cargo de Matilde Coral, Rafael el Negro, Romerito, Angelita Dorado, Rocío Loreto, el artista japonés Koyima y el cuadro Feria de Abril.

México y el Mercurio

La agonía y muerte de Franco supuso un paréntesis obligado en las visitas de personalidades a Sevilla por la propia situación convulsa dentro del país. La nueva etapa en las relaciones internacionales de la monarquía parlamentaria restaurada la inauguró en Sevilla nada menos que el presidente de la República de México, José López Portillo, en octubre de 1977.

López Portillo, el último gobernante ideológico del PRI, fue distinguido con el título de Hijo Adoptivo de Sevilla, fue a los toros, hizo turismo por la ciudad y tuvo tiempo de inaugurar la fuente de Mercurio alado repuesta delante del Banco de España en la plaza de San Francisco. Y todo en menos de veinticuatro horas.

El presidente mexicano López Portillo y su mujer, en la barrera de la Maestranza
El presidente mexicano López Portillo y su mujer, en la barrera de la Maestranza - ABC

Sevilla fue una más de las escalas españolas de aquel viaje cargado de simbolismo tras la reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambos países, rotas a la conclusión de la Guerra Civil por la acogida del presidente Lázaro Cárdenas a los exiliados republicanos. Además de Madrid, López Portillo y su mujer recorrieron Las Palmas, Sevilla, Barcelona, Pamplona y Caparroso, en Navarra, de donde eran oriundos los antepasados de su árbol genealógico.

Hussein, doctor honoris causa

Al presidente mexicano se le otorgó el título de Hijo Adoptivo, pero al rey Hussein de Jordania le otorgó la Universidad de Sevilla un doctorado honoris causa que el monarca hachemí se encargó de recoger en su visita de marzo de 1985. El rector Rafael Infante Macías selló la renovada amistad con los árabes, como se decía en tiempos de Franco, entregando el sello y el birrete a Hussein de Jordania y la primera medalla de oro de la Universidad al Rey Don Juan Carlos.

Su padre, Abdulá I, también había visitado Sevilla en 1949 acompañado de un numeroso séquito que incluía al príncipe Saif. «Sevilla me ha impresionado profunda y agradeblemente», dijo el monarca en respuesta a la salutación del alcalde Piñar y Miura, que lo obsequió con dos ánforas de loza de la Cartuja antes de visitar el cortijo del Cuarto. Al cabo de 34 años, otro rey jordano ponía un pie en Sevilla, en esta ocasión acompañado por la reina Noor.

La reina de Inglaterra, en el Archivo

Tres años después, Sevilla acogió a la reina Isabel II del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte por unas horas en la histórica visita a España en octubre de 1988. Isabel II y el duque de Edimburgo comprimieron su agenda en la capital andaluza para conocer la Catedral, el Archivo de Indias y el Alcázar, el palacio real en uso más antiguo de Europa, donde se ofreció un almuerzo a los invitados. La estancia de Isabel de Inglaterra incluyó, fuera de programa, una rápida visita a la Plaza de España fuera de programa y una breve explicación sobre las maquetas de la Expo92 para explicarle el proyecto de la Exposición Universal.

Hassan II, de plantón en plantón

Casi un año después, Hassan II iniciaba su visita de Estado a España aterrizando con varias horas de retraso en el aeropuerto de San Pablo para una visita privada. Era la primera vez que el monarca alauí pisaba suelo español tras la restauración monárquica. El Comendador de los Creyentes había acompañado a su padre, Mohamed V, durante una escala en la que recorrieron el Alcázar y se alojaron en el hotel Alfonso XIII, el mismo donde se quedó en 1989 Hassan II de Marruecos, pero esa vez no lo acompañaba su heredero, sino el príncipe Moulay Rachid y su hermana Lalla Hasna.

Aquella visita fue de plantón en plantón, casi desde su inicio. Al pie de la escalerilla del avión, el vicepresidente Alfonso Guerra desesperaba con la demora del 747 de Royal Air Maroc. Peor les fue al presidente andaluz, José Rodríguez de la Borbolla, y el alcalde de Sevilla, Manuel del Valle, a los que iba a recibir en audiencia por la tarde para condecorarlos con la orden Ouisam Alouita en grado de oficial. Finalmente, se la entregó por la mañana en un breve saludo de menos de cinco minutos.

La de Hassan II inauguró una torrentera de visitas de autoridades mundiales a Sevilla con ocasión de la Expo92. Imposible reseñar aquí todas las dignidades que vinieron a la capital andaluza en esas fechas con motivo de la Exposición Universal.

La torrentera de la Expo92

El último presidente de la grandeur francesa, François Mitterrand; la elegante y exquisita Carolina de Mónaco; el jovial Mario Soares, un viejo amigo de España del que constan tres visitas a Sevilla en los archivos; el príncipe Carlos acompañado por una ruborizada y sofocada Diana; los reyes de Suecia, que luego volvieron con sus hijos a disfrutar de la Expo fuera de protocolo; los de Noruega, guardando cola en el bufé del pabellón donde se ofreció la cena y recepción oficial; la reina Beatriz de Holanda

Y luego, todos los presidente iberoamericanos convocados para la Cumbre del mes de julio con Fidel Castro como estrella de la reunión y el vodevil en torno a la entrega de las llaves de la ciudad en el Ayuntamiento.