Vista del patio principal del Palacio de las Dueñas. - ABC

Las Dueñas: historia de un secuestro, un poeta y el recuerdo de la Duquesa de Alba

En marzo de 2016, la Casa palacio de las Dueñas abrió sus puertas al público para las visitas

SevillaActualizado:

Hasta hace poco tiempo, era muy habitual ver a propios y extraños apostados frente a la cancela de la entrada del Palacio de las Dueñas. Su archiconocida propietaria despertaba la simpatía y la curiosidad de la mayor parte de la ciudad. Y sobre todo entre los sevillanos, porque la Duquesa de Alba era muy de Sevilla, de su gente y de sus tradiciones. Ahora, este tesoro de la historia y el arte, está abierto al público.

Desde el 17 de marzo de 2016, los turistas y visitantes ya pueden cruzar esa cancela, tras más de quinientos años cerrada al común de los mortales, y acceder a este magestuoso palacio que huele a azahar y donde el murmullo de las fuentes se funde con el cantar de los pájaros que habitan en sus jardines.

Este palacio tiene su origen a finales del siglo XV y principios del siglo XVI. Toma su nombre del desaparecido monasterio de Santa María de las Dueñas, ubicado en el solar colindante y demolido en 1868. Su origen fue la casa-palacio de los Pineda, señores de Casa Bermeja, que constituían uno de los linajes del patriciado de Sevilla. Sus miembros ejercieron importantes oficios como la escribanía mayor del cabildo de la ciudad y participaron en episodios bélicos de la Guerra de Granada.

Vendido por un rescate

«Cuenta la leyenda, que su primer propietario, Pedro de Pineda, es apresado por los moros y su familia tiene que vender el inmueble para pagar el rescate. Se lo venden a doña Catalina de Ribera, viuda de Pero Enríquez, quien compra la casa para ampliar la herencia de su hijo» explica la responsable de Atención al público del palacio, Loreto Redondo.

Patio principal del palacio
Patio principal del palacio- Casa Las Dueñas

Posteriormente el Palacio fue heredado por don Fernando Enríquez de Ribera, II marqués de Villanueva del Río y padre de Antonia Enríquez de Ribera, casada en 1612 con Fernando Álvarez de Toledo, futuro VI duque de Alba. Desde esta fecha el palacio pertenece a la Casa de Alba. Cinco siglos de historia que apenas han perturbado el carácter señorial de este emblemático inmueble.

La huella más evidente de toda su historia, al menos en el imaginario colectivo, es la que ha dejado su anterior propietaria, doña Cayetana Fitz-James Stuart, la Duquesa de Alba.

«Es verdad que la personalidad y el carácter de la Duquesa de Alba y el cariño que le tenía a Sevilla ha influido mucho en los visitantes. Además, la casa se mantiene tal y como ella la tenía. El proyecto de musealización no hemos querido darle un vuelco y convertir la casa en un museo, sino que la casa es digna de verla en sí como la habitaba la Duquesa» indica a ABC el responsable de la gestión del palacio, Ricardo Gascó.

Tradicionales balcones de la fachada de acceso, cubierto de buganvillas.
Tradicionales balcones de la fachada de acceso, cubierto de buganvillas. - ABC

En el jardín de la entrada, rebosante de vegetación, llama la atención la impresionante fachada frontal cubierta de buganvilla, por la que se accede al recinto interior. La primera parada de los visitantes es en las caballerizas, de las más antiguas que se conservan en Sevilla.

«Es realmente interesante destacar que en esta casa nunca ha habido caballos, sino que siempre ha habido mulas alazanas. De hecho, estas antiquísimas instalaciones han estado en uso hasta el día que el palacio abrió sus puertas» cuenta Redondo. El porqué de las mulas y no los caballos, pues porque el coche de caballos está reservado para la realeza.

También tenemos en estas caballerizas una montura propiedad de la emperatriz, Eugenia de Montijo, mujer de Napoléon III. Esta montura está hecha en un taller granadino. La emperatriz se casa con Napoléon III y su hermana Doña Paca con el Duque de Alba. Se respeta que es la casa Real la única que va en coche de caballos.

Un poco más adelante, se accede al patio principal, que descansa sobre columnas de marmol blanco. En el suelo, albero. Fue el padre de doña Cayetana, el Duque don Jacobo, quien hizo cambiar la solería original por el clásico albero sevillano. En el centro, una fuente original del siglo XVI.

Arte y recuerdos personales

Pero el valor histórico y artístico no sólo reside en el edificio en sí, sino en las piezas de coleccionista que guarda. Según Ricardo Gascó, el palacio tiene «una colección pictórica que pasa por José de Ribera, por Luca Giordano... Uno de los mejores ocho tapices del mundo está aquí en las Dueñas, de Willem de Pannemaker. Tenemos escultura clásica del siglo II antes de Cristo, escultura moderna de Mariano Benlliure. Un dibujo del libro de visitas de Dalí cuando visitó esta casa».

Salón de los tapices del palacio, en la planta inferior
Salón de los tapices del palacio, en la planta inferior - ABC

Aquí se dan cita el arte clásico, el moderno y el arte flamenco. Porque doña Cayetana era una gran aficionada el baile y el cante, como el visitante puede comprobar en los muchos objetos personales que se conservan de la Duquesa, como los zapatos de baile con los que aprendió de la mano del maestro Enrique el Cojo.

Aquí nació el poeta

Entre los insignes personajes que han pasado por aquí destaca uno por encima de todos. El poeta Antonio Machado nació aquí en julio de 1875, como recuerda la escultura que decora la entrada principal del palacio.

«Al parecer, Antonio Machado nace aquí porque su padre en aquellos momentos es administrador de la Casa de Alba y vive aquí hasta los ocho años, un dato que luego refleja en sus versos cuando escribe 'mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero'. Un jardín y un limonero que sigue intacto» dice Loreto Redondo.

Más información sobre horarios y venta de entradas, en su página web oficial.