Cuarteles de Sevilla: la historia de un patrimonio con luces y sombras

La subasta del acuartelamiento Alfonso XIII tras años de abandono es el último ejemplo de lo que pudo ser y no fue

SevillaActualizado:

La subasta del antaño imponente cuartel de caballería Alfonso XIII es el penúltimo episodio de una historia que habla de la pérdida de un patrimonio militar que dio testimonio de un pasado vinculado a las Fuerzas Armadas, que enriquecía además los tesoros arquitectónicos de la capital. A pesar de esa progresiva desvinculación patrimonial, fruto también de las distintas transformaciones a las que ha sido sometido el ejército español, Sevilla sigue siendo una plaza fundamental en el despliegue territorial de las Fuerzas Armadas. Es la base del cuartel general de la Fuerza Terrestre, que es el mando operativo al que está subordinado el 70% de los efectivos del Ejército de Tierra. También es destacable, aunque estrictamente está fuera de los límites geográficos de la urbe, la base de El Copero de Dos Hermanas.

Sin embargo, si se echa la mirada atrás hubo tiempos mejores en cuanto a número de acuartelamientos y el estado de conservación de ellos. Cuando se ha ido poniendo fin a la actividad castrense en ellos, los cerrojos se impusieron y la falta de acuerdo entre administraciones ha hecho imposible preservar el valor arquitectónico de algunos de esos inmuebles que podrían haber agrandado la riqueza patrimonial de una ciudad con fuertes raíces en la historia militar. Sirva de ejemplo más reciente lo que ha ocurrido con los cuarteles de Bellavista.

El Ministerio de Defensa sacaba a subasta hace unos días el edificio que albergó el Regimiento Sagunto 7 por 9,4 millones de euros, por debajo de los 10,7 millones que se valoró la parcela hace unos años en un acuerdo que proyectaba la construcción de 900 viviendas. Fue el enésimo plan que fracasó y que alargaba la condena de abandono de unos cuarteles que fueron ejemplo de la arquitectura regionalista. Desde 1995, que Defensa dejó de usarlos, hasta 2012 que las instalaciones fueron selladas como medida de seguridad, los inmuebles fueron saqueados con total impunidad. A día de hoy han pasado ya 24 años y los cuarteles de Alfonso XIII y el de artillería Daoiz y Velarde siguen sufriendo el paso inclemente del tiempo. Quien adquiera el primero tan sólo tendrá que mantener en pie la fachada, poniendo un definitivo punto y final a la historia del inmueble.

La operación urbanística que abrió la plaza de la Concordia se llevó el acuartelamiento de San Hermenegildo, donde tuvo base uno de los regimientos históricos del ejército español: el de Infantería Soria 9

Otro ejemplo de patrimonio militar es el antiguo cuartel de San Hermenegildo o del Duque. Sólo la memoria de las hemerotecas conservan lo que fue este acuartelamiento que cogía toda la plaza de la Concordia. Sus orígenes, tras la desamortización a la Compañía de Jesús, está en el arranque del siglo XIX cuando pasó a ser base de un regimiento de Artillería. Después sería hogar de uno de los regimientos históricos del Ejército español, el Soria 9, hasta que fue trasladado al antiguo cuartel de San Fernando en 1957. Un año después, un inmenso solar se abría en lo que hoy es la Plaza de la Concordia tras la demolición del cuartel.

La voracidad urbanizadora no se llevó por delante por completo el cuartel de la Gavidia, sede de la antigua Capitanía General. Éste quedó prácticamente sin uso a partir de la década de los 50. Las zonas laterales del inmueble fueron eliminadas para edificar viviendas, restándole interés al edificio. Parte de ese valor se recuperó con la rehabilitación que hizo la Junta para albergar la Consejería de Justicia. Antes de arrancar los trabajos, el cuartel era hogar de okupas.

Los que sí sobrevivieron

También hay luces en esta historia sobre las huellas militares. Una de ellas es el antiguo cuartel de la Puerta de la Carne, hoy sede de la Diputación Provincial. La institución aterrizó en 1994. Un año antes había adquirido el inmueble que presentaba un avanzado estado de abandono después de permanecer años cerrados sin que ninguna administración se hiciera cargo.

Tampoco se perdieron en el olvido el cuartel del Carmen, en la calle Baños, reconvertido en Conservatorio; o la Real Fábrica de Artillería, uno de los proyectos de rehabilitación que está en desarrollo y que ya ha culminado una fase que se va a dedicar a equipamiento cultural.

Hay otros cuarteles que sólo cuando se bucea en la historia de la ciudad y en estudios sobre el pasado militar de Sevilla como el ensayo «Sevilla: arquitectura y ciudad militar» de los investigadores Mercedes Ortiz de Insagurbe y José Sánchez se descubre que alguna vez existieron. Son los casos del acuartelamiento del Arma de Ingenieros que ocupó la finca que linda con la capilla del Dulce Nombre; o cuando el Palacio Monsalud (Cardenal Cisneros) acogió el mando de la Región Aérea del Estrecho.