Varios jóvenes, ante las pantallas de apuestas deportivas de un salón de juegos
Varios jóvenes, ante las pantallas de apuestas deportivas de un salón de juegos - Isabel B. Permuy
RESURGEN LOS SALONES DE JUEGO

«Como pasaba al principio con la cocaína, no hay una percepción real del peligro»

Las organizaciones que tratan a jóvenes adictos alertan del auge de las apuestas, tanto por internet como presenciales

SevillaActualizado:

Los juegos por internet y las apuestas deportivas aprovechando esta plataforma han disparado los índices de adicciones de los jóvenes en los últimos años, algo que se ha agravado a raíz de la posibilidad —desde hace un año— de realizar las apuestas deportivas de manera presencial en los salones de juego, establecimientos que crecen como la espuma. Según datos de la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales de la Junta de Andalucía, en 2015 un total de 147 personas de la provincia de Sevilla fueron admitidas en programas de tratamiento puestos en marcha por la Administración andaluza para adicciones sin sustancia (internet, sexo, compras compulsivas o ejercicio) y juegos patológicos. Ese número creció en 2016 hasta los 220, un 21% más, y el año pasado la cifra se disparó a 252, un 14,5% más respecto al año anterior y casi el doble sobre el año 2015. De todas esas adicciones, el juego patológico es la más acuciante por su tremendo crecimiento.

Ante esta situación, organizaciones como Proyecto Hombre están llevando a cabo programas específicos y alertan del «claro y peligrosísimo auge de las adicciones al juego y a las apuestas por internet, a las que no se les está todavía dando la importancia que tienen y que en breve van a suponer un problema de primer orden». Así lo subrayaba Ana Bastos, una de las responsables de Proyecto Hombre Sevilla, quien explicaba a este periódico que su organización cuenta con un programa denominado Proyecto Joven en el que «se detecta cada vez más este problema, aunque no en primera instancia sino cuando se profundiza con jóvenes que llegan con adicciones de otro tipo, a sustancias fundamentalmente. Llegan sin reconocer que también tienen ese problema, pero en cuanto avanzan en nuestro programa se percibe que además sufren, en muchos casos, una patología seria con respecto a los juegos».

Para Bastos, «aún falta concienciación con respecto a la ludopatía, una percepción real del peligro que supone, como ocurría al principio con la cocaína. La gente pensaba que no les afectaba porque seguían haciendo sus vidas aparentemente normales, pero no era ni mucho menos así. Con el juego y las apuestas pasa lo mismo. No lo consideran lo grave que realmente es, incluso padres que ven que sus hijos han apostado con su dinero y luego dicen que no les parece un problema grave sino algo puntual. Es muy preocupante que no exista esa alerta. Ni siquiera se ve reflejado aún en las estadísticas porque son pocos los casos en los que, desde el inicio, se admita el problema y se acuda a un centro especializado diciendo de antemano que se padece una adicción al juego». Además, desde Proyecto Hombre se apuntaba al «anzuelo que supone la publicidad de las apuestas mediante caras conocidas, rostros amables de la televisión o incluso ídolos del deporte, que sirven en muchas cosas de ejemplo para los jóvenes».

Desde la asociación sevillana de jugadores de azar en rehabilitación (Asejer), su presidente, José Jiménez, recalcaba la «enorme atracción que suponen los nuevos salones de juego, donde los controles no son precisamente exhaustivos y en algunos hasta se incita a los jóvenes no sólo a jugar sino a consumir alcohol. Pantallas muy grandes, partidos de fútbol, una cerveza, la ilusión de poder ganar dinero fácilmente y con rapidez... demasiado suculento todo para gente joven». En este sentido, Jiménez recordaba la mayor vulnerabilidad de los nuevos adictos a causa de su edad. «Antes —señalaba— venían a la asociación personas de más de 40 años acompañadas de sus parejas, pero actualmente quienes vienen tienen menos de 30 y llegan con sus padres. Eso indica muy a las claras qué es lo que está pasando y la gravedad del asunto».