Ignacio Camacho y Arturo Pérez-Reverte en un momento del coloquio - J.M.SERRANO
90 años de ABC de Sevilla

Arturo Pérez-Reverte: «En España nos entusiasma correr hacia el abismo»

El escritor mantuvo un coloquio con Ignacio Camacho sobre la historia y el futuro de España en la Casa de ABC de Sevilla

SevillaActualizado:

Arturo Pérez-Reverte no es demasiado optimista sobre el futuro de España y en eso parece coincidir con Ignacio Camacho, aunque con ciertos matices, según pusieron de manifiesto ambos escritores y periodistas españoles en el coloquio que mantuvieron este martes en la Casa de ABC de Sevilla, que celebraba el tercer encuentro del ciclo de debate y pensamiento abierto con motivo del noventa aniversario del periódico.

Tanto el director de ABC de Sevilla, Álvaro Ybarra, como la presidenta editora de ABC, Catalina Luca de Tena, que presentaron a los invitados, destacaron la mirada lúcida de ambos sobre el pasado, presente y futuro de España en un coloquio que tuvo por título «Verdades y mentiras: España en su laberinto».

Pérez Reverte aseguró que «cualquiera que haya leído historia de España no puede ser optimista» y que «cuando España está a punto de llegar a un lugar razonable, siempre surge algo, normalmente desde dentro, que se lo impide». Sobre la Transición, aseguró que «estamos viendo la demolición de sus estructuras fundamentales», y recordó que se le llamó «catastrofista» cuando predijo hace quince años que en España «abrir tumbas y cajas de Pandora que son luego difíciles de cerrar es el camino directo al desastre. En España nos entusiasma caminar hacia el abismo», dijo.

El autor tuvo palabras gruesas hacia el expresidente de Gobierno socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, al que acusó de romper el espíritu de concordia que hizo posible la Transición. «Una cosa es ayudar a los familiares a encontrar los restos de sus seres queridos y otra distinta es querer ganar la Guerra Civil», dijo. Y llamó «cretino» al actual mediador del conflicto en Venezuela: «Los tontos suelen se mucho más peligrosos que los malvados», dijo.

El mito de la II República y la educación

El autor arremetió contra «el mito de la II República», que relacionó con el desconocimiento de la Historia de España y la manipulación de los planes de estudio. Payne -recordó Camacho- acaba de retratarla como un gran fracaso y Pérez Reverte coincidió con él e insistió en que «el gran problema de España es la educación y la falta de cultura y que sólo una gran reforma con planes que no sean a cuatro años sino a veinte o treinta podría enderezar el rumbo».

Pérez-Reverte aseguró que «en los centros educativos se persigue la inteligencia y se iguala por abajo, y los jóvenes salen del instituto sin saber nada de Historia y eso los vuelve muy vulnerables a los populismos», advirtió.

A este respecto, aseguró que «la izquierda le ha regalado la bandera y los símbolos de España a la derecha» y que «por la manipulación franquista de la historia, estos partidos se ha avergonzado de su bandera y de sus símbolos, que han regalado a la derecha, en vez de limpiarlos de esa contaminación y defenderlos», dijo.

Pérez-Reverte fue muy crítico con los nacionalismos catalán y vasco, pero admitió que su método de crear una identidad y un enemigo sirvió para unirlos en un sentimiento de pertenencia, «lo cual nunca se hizo en España». «Detesto el resultado del nacionalismo catalán pero admiro su método», añadió.

También subrayó el odio y la falta de respeto al adversario que ha caracterizado históricamente a los españoles. «En España no se trata de convencer al adversario sino de aniquilarlo», dijo.

La monarquía

Camacho le preguntó su opinión sobre la monarquía y dijo que Felipe VI «es previsible, sabe escuchar, está formado y bastante controlado». Aunque aseguró que cualquiera que haya leído debe ser republicano («yo soy republicano pero de la república de Graco, como cualquiera que haya leído», dijo), vamos a poner de presidente de la República a Sánchez, Casado, Rivera, Abascal o Echenique, prefiero al alto. Es previsible, sabe escuchar y está bastante controlado».

Habló también de la guillotina, en sentido figurado, que no llegó a España tras la Revolución Francesa «y que impidió el cierre de una etapa oscura y el inicio de otra de luces y libertades». Y terminó lamentando que «en España se ahonden las diferencias en lugar de fomentar las coincidencias».

«Lo peor no siempre es cierto»

Camacho sacó a colación en el coloquio esta cita de la historiadora Carmen Iglesias para tratar de matizar el pesimismo sobre el futuro de España del que hizo gala, una vez más, Pérez-Reverte.

Y habló del espíritu de «banalidad» que se ha apoderado de la política y las tertulias periodísticas. A este respecto, el autor cartagenero dijo que cuando él ejercía el periodismo, «los periodistas podían pasar de un periódico a otro sin ningún problema, aunque fueran de ideología opuesta, algo que es imposible que suceda ahora, porque los medios exigen a sus periodistas que asuman la línea editorial», dijo.

Camacho le pidió también a su interlocutor que se pronunciara sobre los últimos ocho meses de Pedro Sánchez en la Moncloa al hilo de las duras críticas que el creador de Alatriste vertió sobre los dos últimos expresidentes, José Luis Rodríguez Zapatero, al que llamó «cretino», o Mariano Rajoy, del que se burló por su pasividad en el desafío secesionista de la Generalitat «sentado sobre sus aparejos». Pérez-Reverte prefirió no opinar sobre el actual líder socialista.