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Aaron Jackson: Una bala en su camino

El nuevo base estadounidense del Bizkaia Bilbao Basket salvó la vida durante un tiroteo en la Universidad de Duquesne hace cuatro años

MADRIDActualizado:

Una bala se cruzó en el camino de Aaron Jackson hace cuatro años. Se celebraba en la Universidad de Duquesne uno de los famosos bailes de estudiantes cuando varios jóvenes, dos de ellos armados, irrumpieron en el campus y comenzaron a disparar a los asistentes a la fiesta. Cinco jugadores del equipo de baloncesto resultaron heridos, entre ellos, el nuevo base estadounidense del Bizkaia Bilbao Basket. Uno de los proyectiles alcanzó la muñeca izquierda de Aaron Jackson, pero ello no le impidió ayudar a uno de los compañeros que se desangraba. Le practicó un torniquete y le trasladó al hospital en su automóvil. Sólo tres días después Jackson regresaba a los entrenamientos. Afortunadamente, la bala sólo le rozó la muñeca. Otros tuvieron mucha menos suerte. A Sam Ashaoulu le dispararon en la cabeza y ha tenido que afrontar una penosa rehabilitación para aprender de nuevo a caminar, hablar y escribir.

Aaron Jackson prefiere no recordar aquel desagradable tiroteo que pudo acabar con la vida de alguien o arruinar su existencia: "Quiero olvidar ese día, aunque nos enseñó cosas sobre nosotros mismos y la realidad humana". Tenía sólo 20 años y empezaba a formarse para convertirse en uno de los jugadores más destacados en la historia de la Universidad de Duquesne. "Los cuatro años que pasé allí fueron los mejores de mi vida. Mis compañeros de equipo llegaron a ser algo más que amigos. Se crean muchos lazos de unión y el equipo se convierte en una familia", destacaba hace sólo dos meses este base-escolta destinado a ocupar el puesto del emblemático Javi Salgado en el Bizkaia.

También tuvo que afrontar una "dura experiencia" cuando el pasado año abandonó su país y tuvo que emigrar a Turquía, para fichar por el Antalya. De una universidad católica a un país tan desconocido en el que el 95% de la población profesa la religión musulmana: "Fue muy duro encontrarte con una cultura distinta y sentirte diferente al resto de la gente". En el equipo otomano no tenía futuro, a pesar de sus números: 15,2 puntos, 4,9 rebotes y 4 asistencias de media. Acabó la temporada en el Virtus Bolonia, con el que disputó los 'play offs' de la Lega italiana y mantuvo un nivel similar. Su sueño es jugar algún día en la NBA, pero mientras llega ese momento ha firmado con el club bilbaíno por una temporada con opción a otra.

Licenciado en Psicología, considera que su etapa en el campeonato turco le ha ayudado a fortalecer su mentalidad y a crecer como jugador y persona: "He aprendido mucho sobre el baloncesto y sobre mí mismo. La turca es una Liga muy física, en la que todos los jugadores tienen muchas agallas. Todos los fines de semana eran partidos duros y agresivos, lo que me ayudó a mejorar los aspectos mentales de mi juego". Ahora dice estar "entusiasmado" por la oportunidad que le ha concedido el Bizkaia de jugar "en la Liga más importante de Europa". "Prometo que lo daré todo cada día, en cada partido. `Juega duro o vete a casa!", proclama este americano cuyo físico (1,93 metros) también le permite fajarse en defensa, aunque su mayor baza es la explosividad en ataque: "Katsikaris quiere que sea un base agresivo que cause el caos en las defensas ajenas, en lo que creo que soy realmente bueno".