COMPLEMENTO CIRCUNSTANCIAL
Y lo que en principio parecía cosa de un obrero de la construcción cabreado que en actitud reivindicativa cogió su puntero y dejó allí su impronta, resulta que en versión de nuestra delegada de Cultura -que está que se sale- y de los arqueólogos es una maldición colocada estratégicamente en el lugar donde Balbo se sentaba.
No me digan que la cosa no tiene más de un cuplé y más de dos. Y un aviso a navegantes, un mensaje desde el más allá, algo que deberían aplicarse los políticos de hoy. Miren debajo de su silla, acuérdense del «Latro Be» y no olviden que la gente no es tonta y que desde hace más de dos mil años «Roma no paga traidores».





