Sociedad

LA OTRA ORILLA

Dos trabajos documentales, con guión de Juan José Téllez e imágenes de Paco Rodríguez, retratan los cambios sociales en el Estrecho

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Los 14 kilómetros que separan Europa de África conforman la frontera más profunda del planeta. Ni siquiera el inmenso cementerio de arena del desierto mexicano divide dos mundos tan desiguales. El escalón de renta entre Tijuana y Santa Fe, por ejemplo, no es ni remotamente comparable con el que levanta el Estrecho. Durante años, España ha mirado al Sur con una mezcla de ambición y recelo. Marruecos sólo exporta, para una opinión pública ansiosa por confirmar sus prejuicios, hachís y almas; pobreza suficiente como para llenar todas las pateras. De ahí el miedo. Pero también resulta, por obra y gracia del libre mercado, que los 'moros', antes que seres humanos, son productores baratos y consumidores en potencia. De ahí el deseo.

Algunos políticos marroquíes, igual de torpes y peligrosos que los de este lado de la frontera, no han tenido reparos a la hora de agitar, de vez en cuando, el espantajo del odio para apuntalar sus intereses, desviar la atención de asuntos urgentes, o simplemente ganar votos. El resultado: esos ramalazos de tensión que, cada cierto tiempo, abren los informativos.

Pero una cosa son los dictados de la estrategia política, y otra bien distinta la realidad social. Tanto aquí como allí, los últimos 20 años han redibujado el panorama de las relaciones (y de las percepciones) entre los habitantes de ambos lados del Estrecho, con los flujos migratorios como vías incontenibles de transmisión y mestizaje.

Para constatar esa transformación, el Grupo de Estudios de Historia Actual de la UCA, bajo la responsabilidad de Julio Pérez Serrano, ha desarrollado un ambicioso proyecto de investigación cuyo objetivo principal es contrastar los efectos de la globalización en las regiones fronterizas del área del Estrecho a través del análisis de los indicadores básicos de desarrollo (renta, escolarización, esperanza de vida) en los municipios de la provincia de Cádiz y la región Norte de Marruecos. Como complemento a la idea, y gracias a la financiación de la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa, el Grupo ha rodado dos documentales que servirán como instrumentos de educación y sensibilización para la acción política en materia de cooperación internacional. El guión corre a cargo de Juan José Téllez, y la realización queda en manos del director y productor gaditano Paco Rodríguez.

Por delante de la cámara desfilan escritores, profesores universitarios y líderes sociales, pero también gente de a pie, represaliados políticos y mujeres que dan su testimonio sobre las luces y sombras de vivir en Marruecos, opinan sobre cuestiones como las relaciones con España o los Derechos Humanos y ofrecen una visión, a veces sorprendente, del futuro en común que nos aguarda.

«Hay que reconocer que durante la última década ha habido bastantes avances, auspiciados por la llegada al trono de Mohamed VI, pero no están a la altura de lo que demanda la sociedad civil. El pueblo marroquí reclama un cambio drástico en la realidad económica y social del país, que las elites no acumulen tanto poder y que ese nuevo Marruecos que ya está en las calles logre también asentarse en las instituciones».

Lo refrenda Aboubaker Elkamlichi, de la Red de Asociaciones Chabaka, uno de los entrevistados: «La cuestión de los derechos humanos en Marruecos sigue siendo muy delicada. Pensamos que al llegar el nuevo rey cambiaría algo pero... Hoy podemos ver que la última página de un periódico nacional está en blanco. Es una forma de reivindicar la libertad de prensa, que continúa en grave peligro.Está prohibido manifestarse. Hace unos días tuvimos una intervención policial muy feroz por organizar una concentración en solidaridad con la caravana de Gaza».

De un modo tangencial, el trabajo también sirve para retratar cómo el antiguo protectorado español ha dejado de ser un área claramente marginada por las políticas de Hassán II, a recibir las atenciones de Mohamed VI, con todas las implicaciones que eso tendrá en el Sur de España. El cambio de actitud se evidencia en las órdenes para construir una media de 150 kilómetros de autopistas al año, en la ampliación de la capacidad del puerto de Tánger, que ya compite directamente con el de Algeciras, o en la apuesta por aprovechar el potencial turístico del Rif y la costa. El próximo año, se calcula que diez millones de turistas visitarán la zona.

A Paco Rodríguez le ha correspondido la responsabilidad de trasladar a imágenes las conclusiones del estudio académico y las directrices del guión de Téllez. «El resultado son dos piezas documentales distintas, originales, en las que se mezcla el rigor de los datos con el valor testimonial de las entrevistas y la perspectiva, siempre muy personal, de Juan José Téllez».

El trabajo de campo no ha sido fácil. Marruecos no es precisamente permisivo con los investigadores, y el embrollo burocrático obligó a Rodríguez a rodar, en muchas ocasiones, «casi en la clandestinidad».

En España

Pérez-Serrano confía en que tanto los resultados del estudio como su expresión documental ayuden «a romper muchos clichés». «El volumen de inmigrantes marroquíes en Andalucía es importante, pero no desmesurado. Además, su grado de integración no es malo. Hay una segunda generación de inmigrantes marroquíes que va a la escuela, aprende castellano, y socializa perfectamente con los españoles», explica el profesor de la UCA. «Es cierto que, en esa colonia de inmigrantes, hay un alto porcentaje de irregulares que trabajan en sectores marginales, en condiciones muy precarias, y que no han venido a través del Estrecho, sino desde el Sur de Marruecos y en avión».

Las remesas que la comunidad marroquí en el extranjero envía a su país están contribuyendo a mejorar enormemente las condiciones de vida de los que deciden quedarse. «Es un modelo muy parecido al que teníamos en la España de los 60: por una parte, alivia el paro. Por otra, entra dinero. Además, el retorno de los inmigrantes, después de haberse insertado en otro contexto económico, político y cultural, contribuye a modernizar determinada actitudes y afecta a aspectos ligados a la religión, la política, o las relaciones de género, por ejemplo».

En los últimos años algunos organismos e instituciones, como la Agencia Española de Cooperación, Diputación de Cádiz o la UCA, han redoblado los proyectos conjuntos con Marruecos. Esos 14 kilómetros, al fin y al cabo, no dejan de ser, sobre todo, una frontera mental.