Real MadridAusteridad tras las Champions

El Madrid acaba el verano con saldo vendedor. Bajo esa austeridad, se adivina una nueva gestión de la plantilla

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El verano deja al Real Madrid en una posición desconocida. Ha sido una campaña de fichajes –o como se dice ahora, una «ventana del mercado»– no muy habitual en la que ha vendido más de lo que ha comprado. Las altas en la plantilla son: Vallejo, Llorente, Theo, Ceballos y Mayoral. Tres recuperaciones de la cantera. Las bajas: James, Morata, Mariano, Pepe y Coentrao. Son conocidas las razones de cada venta o despedida. El resultado final es lo que sorprende: un Madrid «vendedor».

El triunfo aleja al club de cualquier urgencia. Hasta el punto de arriesgar. Pierde 30 goles en la delantera. Asensio puede aportar los de James, pero el cambio de Morata/Mariano por Mayoral no parece equilibrado. En defensa, se sustituye a Pepe por Vallejo. El club encuentra tranquilidad para este tipo de apuestas. De alguna forma, gastar poco es comprar tiempo.

¿Se está convirtiendo en una costumbre después de ganar la Champions League?

Tras la Undécima, el Madrid dio la baja a Jesé y Arbeloa (retirado); las altas fueron Coentrao, Morata, Mariano y la recuperación de Asensio. Las incorporaciones fueron un éxito acreditado, pero el saldo del verano fue cercano al equilibrio. Jesé fue vendido por 25, Morata repescado por unos 30.

Después de la Decima de Lisboa hubo más movimientos. Se fueron Diego López, Garay, un Morata más joven, Casemiro y, sobre todo, Alonso y Di María. El Madrid ingresó más de 100 millones de euros (75 solo por Di María) y gastó en Keylor (10), Kroos (25) y James (70). Gastó más que ingresó, pero el saldo total no fue muy amplio. No fue un verano de gran desembolso. Incluso quedó la sensación de pérdida de potencial en el mediocampo. La salida de Di María pudo interpretarse como un paso hacia una ordenada jerarquía de salarios.

Tras la 10ª, 11ª, y 12ª, el Madrid ha sido muy conservador en el mercado.

Podríamos ir más allá y analizar las Copas de Europa de la etapa moderna del club.

La Novena. Tras el triunfo en Glasgow el Madrid se fortaleció con Ronaldo. En 2002 llegaron el brasileño (45 millones) y Cambiasso. El saldo fue claramente comprador. Era la política del galáctico por año, el «cebar la bomba». A la vez –se fue viendo después – la plantilla iba aligerándose de clase media. Ese verano se fueron Savio, Munitis, Campo, Geremi o Karanka. Se caminaba hacia los «Zidanes y Pavones», estrategia que tomaría cuerpo al año siguiente con el fichaje de Beckham.

Conseguida la Octava, el verano de la 2000/2001 fue espectacular. Fue uno de los grandes veranos de la historia del club. Acababa el Sanzismo y Florentino llegaba al club con el fichaje de Figo. No sólo llego el portugués. Una planificación se solapó con la otra. Llegaron Figo, Conceiçao, Makelele, Munitis, Solari, Celades y César. El Madrid gastó más de 100 millones de euros. También vendió. Cerca de 60 millones en ingresos. Se fueron Redondo, Julio César, Karembeu, Anelka, Baljic, Bizarri... La pérdida de Redondo fue polémica, pero el saldo fue comprador. La explicación era clara: año electoral e inicio del modelo florentinista con el golpe de Figo.

Tras la Séptima, antes, en pleno Sanzismo, y gastado ya el dinero de los contratos televisivos –ese adelanto le dio al Madrid una ventaja en el mercado–, el verano fue muy modesto. Se fueron veteranos como Cañizares, Amavisca o los canteranos Dani y Víctor y llegaron Iván Campo y Jarni.

Diferencias entre primer y segundo florentinismo

En resumen, cada Copa de Europa vino acompañada de lo siguiente:

Sanzismo

7ª: pocas inversiones, tristeza, mercado pobre, saldo cercano al equilibrio.

I Florentinismo

8ª: grandes compras, dominio del mercado por año electoral

9ª: 2ª galáctico. Claro saldo comprador. Construcción del Zidanes y Pavones

II Florentinismo

10ª: Saldo equilibrado, ligeramente comprador

11ª: saldo aún más equilibrado

12ª: saldo vendedor

En el II Florentinismo (utilizamos notación imperial o faraónica), a cada Copa de Europa le ha seguido un verano más austero en el mercado de fichajes. La tendencia ha ido a más, pero el equipo no se resiente de esta «austeridad» por la política de cantera y de fichajes jóvenes.

No solo es el recurso a la cantera, es la forma en que se ha realizado. En eso ha cambiado el Madrid. Las incorporaciones ya no son, como en tiempos de los Pavones, directamente desde el Castilla. Llegan con un año de experiencia. Hay una adecuada «rotación del canterano». Así pasó con Carvajal, Casemiro o Morata, y así ocurre ahora con Llorente y Vallejo. El efecto deportivo cambia.

El Madrid actual empieza a integrar la cantera en el equipo de una forma ordenada. Esto se acompaña de otra cosa: el predominio nacional. Isco, Ramos, Asensio o Ceballos acercan este modelo de plantilla al ideal castizo o nacional del Madrid preflorentinista, el de los Camacho, Gordillo, Maceda, Juanito, Amancio... El II Florentinismo realiza una transición desde la política maniática de cracks hasta un Madrid más parecido a su historia (años 60, 70, 80): estrellas, cantera y promesas españolas. El Zidanes y Pavones era una interpretación muy personal (y algo extrema) de la historia del Madrid. El impacto económico del crack se intenta hacer sostenible con la explotación de lo sub21, pero ya de forma más organizada, técnica, planificada. El canterano se quiere con Erasmus y la clase media es española e integrada.

Lo que parece claro es que después de una Champions, el Madrid acude poco al mercado. Es poco realista esperar grandes fichajes. Sólo hubo cambios importantes en los primeros años de Florentino, por su llegada o por la construcción de su rupturista «modelo». El Madrid es especialmente conservador tras ganar. Algo natural, dirán algunos. Para otros, el club desaprovecha el éxito para hacer ajustes y pierde su ventaja. Después de una Copa de Europa es más fácil esperar que cambien presidentes o entrenadores (Heynckes, Sanz) que jugadores.

Pero esta tendencia a la austeridad no es solo conservadurismo. Las estrellas se mantienen intocables, aunque por debajo hay tendencias diferentes. Con las primeras Copas de Europa del siglo, el Madrid desembocaba en el Zidanes y Pavones. Las de ahora las aprovecha para ir depurando una plantilla de canteranos y promesas españolas.

En una cosa sí se parecen primer y segundo florentinismo: las dificultades de la clase media. En el primero se fue liquidando por sistema, en el segundo planteó problemas: James, Morata o Di María se parecen en ser grandes jugadores que aspiraron a una subida de nivel. La Champions regala status que el presupuesto no puede soportar. Esas ventas explican el equilibrio financiero de estos veranos. También porque los éxitos permiten vender a buen precio (ejemplo, Jesé). Hasta podría ser una máxima: hay que vender después de ganar. Un punto de vista crítico sería que las Champios generan, como primer impacto, la necesidad de gestionar la plantilla ganadora.

Es como un efecto negativo de las Copas de Europa: la tensión en la segunda fila de jugadores. Ellos propician el éxito, y quiere participar más de ello. Desde este punto de vista, parece muy inteligente dar por inevitable esas tensiones y ofrecer sus roles a los jóvenes. En esto parece que el Madrid ha aprendido por experiencia en la administración de estos veranos. Privilegio de llevar 12 títulos.