Real MadridAsensio, la apuesta de María Gertruda

En 2006, su madre le dijo a Florentino Pérez en una cafetería de Puerto Portals, donde desayunaba, que su hijo jugaría en el Real Madrid

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Es un maestro del fútbol a los 21 años. Tiene una necesidad física, química, empírica, de regatear al rival en cuanto recibe un balón. Ha nacido para triunfar. Cuando recibe la pelota quiere siempre superar al enemigo que sea, no busca el fácil centrocuentismo de pasar el balón al lado y quitarse problemas. No señor, Asensio se los crea, porque tiene tanta calidad que le brota sola. El cuerpo le pide hacer lo más difícil, porque es un genio y busca el más difícil todavía, el más allá ¿Por qué? Porque su cabeza le inspira tanto talento que debe ponerse exámenes constantes para mejorar. Se llama Marco Asensio y acaba de renovar con el Real Madrid hasta 2023. Sus compañeros, desde Cristiano a Isco, le señalan como el número uno del mundo dentro de unos años.

Inolvidable el 5 de diciembre de 2014, cuando Florentino Pérez puso un avión privado en Palma a disposición de Asensio para firmar por el Real Madrid. Llamó a su padre, que estaba trabajando, para que viniera corriendo al aeropuerto. Y su padre voló con la ropa de trabajo, sin poder cambiarse ni arreglarse. Ayer, como revancha, llevaba traje gris, corbata a juego y camisa blanca

Ronaldo le ve con el Balón de Oro. «Para mí es un honor que Cristiano, mi ejemplo de profesional, diga eso», asegura el mallorquín, delante de su padre. «Ahora no pienso en el Balón de Oro, voy a paso a paso». Su ídolo de la niñez fue Zidane, como explicó en la entrevista concedida a ABC. Su icono actual es el delantero portugués: «Es de admirar su ambición con todo lo que ya ha ganado». Sus colegas le nombran el próximo líder del negocio. No se lo cree, el halago debilita: «Mi lema ha sido la humildad y el trabajo, el que aprendí de mi familia, y aún tengo margen de mejora», contesta. «Los galones los llevan los veteranos del equipo y yo busco tener más minutos».

Su madre se lo dijo porque vislumbró su talento

Su vida ha dado varios vuelcos. Nunca olvidará el 5 de diciembre de 2014, cuando Florentino Pérez puso un avión privado a su disposición para que volara de Palma de Mallorca a Madrid y firmara su primer contrato. Llamó a su padre, que estaba trabajando, y le dijo que lo dejara todo para venir con él. «No me pude ni cambiar, ni arreglar ni nada, con esa ropa me fui», rememora su padre, vestido ayer con traje gris, corbata a juego y camisa blanca, la revancha de aquella situación.

Inolvidable también cuando Florentino Pérez les dijo a ambos, aquella tarde del 5 de diciembre de hace tres años, que recordaba a su madre, Maria Gertruda Margaretha Willemsen. Ella le espetó al presidente, en agosto de 2006, sentado en una cafetería de Puerto Portals, esta apuesta: «Mi hijo jugará en el Real Madrid». Así fue. El muchacho señala con sus dos manos al cielo cada vez que marca. La dedicación de los goles a su mamá holandesa, fallecida en 2011 por un cáncer terminal, será eterna.

«El gol de mayor recuerdo es el que logré en la final de la Champions, por su trascendencia», indica el chico, que debutó en el equipo con un golazo al Sevilla en la final de la Supercopa de Europa. Como debutó en la Supercopa de España con otro trallazo letal frente al Barcelona. Está dotado con la magia de los grandes y él lo sabe. Cuando salta al campo tiene en su cabeza hacer algo único. El Real Madrid también lo sabe. Por eso le ha firmado su tercera renovación en tres años. Su madre también lo sabía. Por eso avisó a Florentino Pérez. Por eso le llamó Marco, en honor a Van Basten.