Betis-Real Madrid Ante el Betis, un Madrid invertebrado

El equipo de Zidane regresa a la Liga sin Casemiro, Ramos ni Modric. La buena noticia es Marcelo

Betis-Real Madrid: 
Ante el Betis, un Madrid invertebrado

Sin Casemiro y sin Modric, y con la inevitable BBC, el Madrid se tiene que poner a rezar. O incluso a correr. Tiene mañana la buena noticia de Marcelo, que construye un tercio de ataque, pero quizás seria deseable que la BBC se quedara en dos y alguien, un individuo animoso como Lucas Vázquez, completara una media de cuatro para eso del equilibrio y la intensidá. De lo contrario, será un Madrid invertebrado, blando por dentro, poco cimentado.

Futbolísticamente venimos de ser arrasados por la semana de selección y la cuestión Piqué. La Liga queda lejanísima.

Se ha lesionado Ramos, que es estadísticamente todo menos un drama, pero obliga a trasmitir la capitanía y, sobre todo, el chivo expiatorio. ¿A quién vamos a culpar ahora de todo? Ramos encontraba siempre la cáscara de plátano, pero el problema del equipo empieza más arriba y está más que dicho.

De no ganar, el Madrid se acercaría a los territorios de la precrisis, aunque con la tranquilidad de que todo se arreglará con los regresos de Modric y Casemiro.

Entre tanto, Kroos será el elemento más serio y estable, y es buena noticia que haya renovado. El acto en la mesa presidencial parecía la firma de un tratado. La mesa presidencial, hartos de ver «mesas de diálogo», tenía empaque de superficie importante.

Cristiano también recibió un premio y «reiteró su deseo» de seguir. Lo de «reiterar el deseo» es una de esas cosas bonitas que sin darnos cuenta decimos en el fútbol.

También hubo sorteo de Copa: la Cultural Leonesa. Las celebraciones de estos equipos cuando les toca «el grande» empiezan a exasperar. Es como si tomaran literalmente aquello de «la lotería del Madrid».

Pero la noticia de la semana y del mes fue el anuncio de ampliación del estadio. Florentino dejará un impacto enorme, no solo en la infraestructura, sino en la arquitectura madrileña. Más que muchos alcaldes. El skyline ya lo firmó, y este Bernabéu marcará la zona como un enorme coche futurista que alguien se hubiera dejado en Chamartín.

El Estadio ya contiene actividades, pero esto es un paso más. Es el estadio-museo, el estadio objeto en sí mismo e incluso el estadio audiovisual. Esa piel de imágenes emitirá contenidos.

Un «estadio pantalla» que incluso podría lanzar (eso sería sublime) imágenes contradictorias con las desarrolladas en su interior. La Castellana, o esa esquina en Concha Espina, serán el Times Square del madridismo.

El estadio se cierra, tiene algo de claustro, de acabose esencial, de repliegue en sí mismo que puede ser de madridismo aún más reconcentrado. Parece una maleta precintada para un viaje lejano.

El «pero» es la capacidad. Con 400 millones de inversión, el aforo se queda más o menos igual mientras el Barcelona planea albergar a 105.000 personas.

Bernabéu tuvo siempre la aspiración de superar los 100.000, de llegar más allá. De ser más que Maracaná. Bernabéu, hombre de su época, tenía una obsesión visionaria por la masa. Quería que el Bernabéu fuese una capital de provincia.

Esta aspiración, que los aficionados más veteranos aun tendrán en mente, se abandona sin ningún debate. Las dificultades técnicas, se supone. Es verdad que las multitudes ahora están en otro sitio y lo presencial no es tan importante. Ni siquiera es necesario.

Lejos queda la última ampliación, ese anillo vertiginoso levantado a principios de los 90. Lorenzo Sanz con un casco de obra. El estadio, como una casa familiar, dejaba ver en sus remiendos todas las épocas del club. Todo ese esqueleto de un siglo se tapará ahora y recubrirá con una piel audiovisual.

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