CÁDIZ

La noche gaditana ha muerto

Decenas de autobuses salen de jueves a sábado hacia la provincia con jóvenes que buscan diversión ante el nulo ambiente nocturno de la capital

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Son las dos de la madrugada. En pleno mes de julio. Estamos en la milla de oro del Paseo Marítimo y sólo se escucha el ruido del cierre. El de los hosteleros echando la baraja. El reloj manda. Algunos grupos de personas, algo maduras, se levantan resignadas de una de las terrazas de la zona. Por su acento, no parecen de Cádiz. «¿Dónde podemos ir a tomar una copa?», preguntan al camarero que con amabilidad y algo de vergüënza les invita a levantarse de la mesa. Es la pregunta de siempre, de difícil respuesta.

Esta situación se repite todos los días del verano en la capital gaditana. Una ciudad turística, de costa, que ha perdido por completo el ambiente nocturno. Sólo hay que darse una vuelta para comprobarlo. Apenas hay alternativas para quienes quieren un poco de diversión a partir de las dos de la madrugada, la hora límite impuesta por el Consistorio para las terrazas. Los hosteleros han perdido la batalla. Desde que entró en vigor la ley ‘antibotellón’, el Ayuntamiento de Cádiz no ha dado concesiones y la aplica a rajatabla. Y de esto se aprovecha el resto de la provincia, donde la normativa se aplica de manera más generosa y laxa, al menos, en la época con mayor número de visitantes.

De esto se quejan precisamente los hosteleros gaditanos. «No hay negocio. No hay gente y muchos este mes de julio no van a tener ni para pagar la paga extraordinaria», asegura el presidente de Horeca, Antonio de María. Añade que «si queremos que Cádiz no se convierta en una ciudad-dormitorio, habrá que cambiar la normativa de los horarios». También critica De María el escaso apoyo que ha recibido el sector por parte de los vecinos. «Estamos en una ciudad turística y veraniega, así que son increíbles las quejas de los vecinos porque tengamos terrazas hasta las dos. Ya no pueden quejarse de las molestias... Porque ya no hay nadie. Hay bares de copas que venden 50 euros en todo el fin de semana», apunta.

Por este motivo, Horeca ya ha planteado al Ayuntamiento una serie de medidas, entre ellas, la ampliación de los horarios de los establecimientos. «Si los locales no se llenan, los proveedores no venden, ni los carniceros, ni los panaderos. Se están perdiendo numerosos puestos de trabajo», criticó.

Viaje en autobús

Ante esta situación, los jóvenes han tomado la decisión de salir de la ciudad en busca de ocio, con destino a los bares de la provincia. Esos locales, conscientes de la situación que se vive en la capital, han creado su propia infraestructura para trasladar a su clientela a los negocios de El Puerto de Santa María, Conil, Vejer o Arcos. Desde el jueves hasta el domingo, salen como mínimo diez autobuses desde la capital hasta las discotecas, que por un módico precio incluyen viaje de ida y vuelta y entrada para acceder al local. La iniciativa ha resultado ser un auténtico éxito. Los vehículos van ocupados por decenas de jóvenes de entre 18 y 30 años de edad. Discotecas como El Cortijo, Ohjú o Tesorillo Lounge Club, reciben así a cientos de jóvenes todos los fines de semana.

Según Horeca, esta práctica es ilegal y la denunciarán ante las autoridades. «Hay una red de personas que se dedican a captar viajeros a quienes trasladan a estas discotecas por el pago de una cantidad, y esto es ilegal. Esto sólo lo pueden hacer el transporte regular o los taxis», apostilló el hostelero gaditano.

Por eso, la mayoría de los empresarios de la noche en la capital ya han tirado la toalla. En la zona de la calle Muñoz Arenilla , cada vez hay más negocios cerrados y otros están intentando hacer frente a la caída del negocio transformándose en bares de comida. Sin embargo, esta situación comienza a hacer mella también en restaurantes y bares de tapas, ya que muchos turistas y jóvenes optan por trasladarse a otras localidades con ambiente nocturno y allí cenan antes de salir de copas.

Sin embargo, en toda guerra hay vencedores y vencidos. En el lado de los vencedores se sitúan los vecinos con casas en las zonas de la capital donde se concentraba la juventud, principalmente los de la Glorieta Ingeniero La Cierva, las calles Muñoz Arenilla o Brasil, así como los de otras zonas que también han quedado desiertas como la Plaza de España, Plaza de Mina, San Francisco y entorno de Manuel Rancés.

Estos vecinos, que llevaban años luchando por su descanso, han conseguido su propósito. «La verdad es que ahora podemos dormir bien los fines de semana y no tememos a encontrarnos un borracho o alguien perjudicado cuando tenemos que salir del portal a primera hora de la mañana» asegura María del Carmen, vecina de la zona.

Sin embargo, parece que no todos están contentos con esta importante marcha de jóvenes de la ciudad en horario nocturno. Ahora, son los vecinos del Paseo Marítimo los que denuncian las molestias que suponen las terrazas abiertas hasta las dos de la madrugada y la concentración de personas que se suele producir en el tramo que va desde la calle Fernández Ballesteros hasta la Glorieta Ingeniero La Cierva. «Todas las actividades se realizan en esta zona: barbacoas del Trofeo Carranza, chiringuitos, puestos de venta ambulante. Esto hace que se concentre mucha gente y que haga ruido», apuntó Teresa, una vecina del Paseo Marítimo.

Los responsables de la Asociación de Vecinos de Muñoz Arenilla también denunciaron ante el Ayuntamiento el ruido que provocaban los generadores eléctricos de los puestos de venta ambulante del Paseo Marítimo, que ahora han sido cambiados por otros más silenciosos, que además dan una luz mucho más tenue, menos agresiva.

Sin duda, son las dos caras de una misma moneda, la del descanso y la del ocio, que en Cádiz no consiguen el equilibrio. Lo que es evidente es que la noche gaditana está muerta.

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