Sociedad
Este último rasgo, compartido con otros muchos autores nórdicos, es el que Silva cree que es lo que define a este 'boom'. «Recogen unas sensibilidades sociales, la corrupción política y económica, la violencia contra las mujeres, toda una serie de cosas que demuestran que el paraíso no lo es tanto», explica. Y cree que esta manera de escribir «analizando y moralizando» tiene mucho que ver con la ética protestante y la «compleja historia de los países nórdicos».
Porque «la balsa de aceite» se sostiene sobre «un pasado complicado en el que algunos países fueron invadidos por Alemania en la Segunda Guerra Mundial y fueron colaboracionistas. El que se declaró neutral lo fue a dos barajas, colaborando. Y eso crea un sentimiento de culpa mal resuelto», asegura Silva. Apunta además la frialdad en las relaciones personales como otro de los detonantes de casos terribles de violencia. «Estos países echan por tierra además el mito del machismo como causante de la violencia doméstica: tiene altas tasas de maltrato cuando su sociedad es igualitaria».
Sobre si puede hablarse de una novela negra de izquierdas, el escritor madrileño es tajante: «Dan una visión progresista, crítica. No sé si eso es de derechas o de izquierdas, tal y como está el mundo. Una novela no debe tener esa carga ideológica». Lo que está claro es que son precursores de una novela negra muy diferente a la norteamericana de «lobos solitarios». «En Europa los protagonistas son funcionarios públicos, defensores del sistema y a la vez víctimas de él, impotentes ante la injusticia, incapaces de enfrentarse a un jefe imbécil porque saben que no pueden saltarse las normas», desgrana Lorenzo Silva. «Aquí los perfiles son más complejos, y creo que le van ganando terreno a la novela negra norteamericana, que está de capa caída. Todos somos deudores de ella y estamos intentando matar al padre», se ríe.








