Cultura

La coplera malagueña, afincada en Cádiz, y el tenor granadino se mecieron acompañados por el ritmo fuerte y sostenido del tango. Su espectáculo Mano a mano llegó a la capital para irrumpir en el coliseo de la lírica. En hora y media, desgranaron una veintena de composiciones de los grandes de este arte. Gardel y Le Pera, Piazzolla o Discépolo estuvieron más vivos que nunca en las voces de estos dos amigos, para los que no pasaron desapercibida la emoción contenida y a ratos desbordada de un público heterogéneo. Después de un inicio instrumental, Mi Buenos Aires querido dio la bienvenida a toda una experiencia en la que Pasión Vega y José Manuel Zapata cautivaron juntos y por separado.
Sobre las tablas
La gaditana de adopción, sobre el escenario, leyó el periódico y se retocó el maquillaje, la vida transcurría en torno a una mesa con dos copas. Él lloró de desamor sobre el respaldo de una silla. No hicieron falta grandes escenografías para entrar en materia acompañados por un quinteto dirigido por Fernando Egozcue. El grupo de músicos fue un protagonista importante en la cita, ya que hicieron disfrutar a los asistentes con temas como Viejos aires, Adiós Nonino y El Choclo. A media luz comenzó el segundo acto. La inolvidable letra de este tango sirvió a la malagueña para lucirse. Él, de chaqué, tomó el relevo desde el patio de butacas para entonar Tomo y obligo. Luego juntos echaron a rodar Cuesta abajo.
La última parte llegó con nuevo cambio de vestuario en la que Pasión lució con idéntica sobriedad. Grandes éxitos como Garganta con arena, Mano a mano, Nostalgias y El día que me quieras condujeron a los bises. Mu-chos. Emocionantes.
Satisfacción y no sólo la de los artistas, el público rompió con aplausos el mágico ambiente creado en el escenario. Hasta cuatro veces más salieron al escenario Pasión Vega y José Manuel Zapata para agradecer con sus voces a un teatro en pie.
Cinco días antes de que el Teatro Real los recibiera ya no quedaban entradas. Fue la primera actuación de la malagueña sobre en el Real. Su emoción no se podía disimular y se materializó en forma de lágrimas recorriendo su cara. No las pudo controlar. Pidió perdón al público.





