El Papa Francisco ha clausurado el Sínodo más abierto y transparente de los 27 celebrados en los 50 años de existencia de los sínodos
El Papa Francisco ha clausurado el Sínodo más abierto y transparente de los 27 celebrados en los 50 años de existencia de los sínodos - efe

El Papa clausura el Sínodo invitando a los obispos a no ser «sordos» y «escuchar» como Jesús

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El último mensaje del Papa a los 270 padres sinodales y al resto del episcopado mundial ha sido una invitación a todos los pastores a «escuchar» como Jesús, quien tenía que imponerse a sus Apóstoles para que dejasen acercarse a él a los niños o al ciego de Jericó. Con la misa celebrada el domingo en la basílica de San Pedro, ha concluido el Sínodo más transparente y vivaz de los 27 celebrados en el medio siglo de esta institución.

El Evangelio del día presenta el caso de un ciego en Jericó que intentaba acercarse a Jesús y le pedía ayuda a gritos pero «los que iban delante lo reprendían para que se callara». Francisco hizo notar en su homilía que «a diferencia de Jesús, ninguno de los discípulos se para. Siguen caminando como si no pasase nada. Si Bartimeo es ciego, ellos son sordos».

Era un modo muy delicado de hacer notar una anomalía contemporánea, la de quienes, por desinterés o por rigorismo, mantienen a personas alejadas de los sacramentos.

El Papa hizo notar que no era la primera vez que los Apóstoles se equivocaban pues «poco antes habían reñido a los niños que se acercaban, y ahora al ciego que suplicaba. Jesús, en cambio, desea incluir, sobre todo a quien es mantenido al margen y le suplica a gritos. Esas personas, como Bartimeo, tienen fe, pues saberse necesitado de salvación es el mejor modo de encontrar a Jesús».

Sus palabras podían leerse como una referencia a la situación de una parte numéricamente pequeñapero espiritualmente muy valiosa de divorciados vueltos a casar, que piden con insistencia la confesión y la posibilidad de volver a recibir la comunión.

El Santo Padre dejó claro que los sucesores de los Apóstoles no deben estar obsesionados por sus horarios ni su calendario de actividades sino por las personas pues «también hoy, y especialmente hoy, los discípulos de Jesús están llamados a poner al hombre en contacto con la Misericordia compasiva que salva», es decir, con Dios, que es misericordia.

Satisfacción

Al término de tres semanas de trabajo intenso y debates animados, la satisfacción es patente en la inmensa mayoría de los 270 padres sinodales, 24 expertos, 51 observadores y 14 delegados fraternos que han participado en esta asamblea. Entre ellos había un total de 18 matrimonios que intervenían como tales y otras 13 mujeres a título individual como teólogas o expertas en bioética, pastoral familiar, etc.

El sábado, la penúltima jornada de trabajo del Papa con los padres sinodales había comenzado con una breve meditación espiritual dirigida por el obispo de Bilbao, Mario Iceta, quien invitó a todos a adoptar una actitud de humildad para servir a la familia, «sosteniéndola y acompañándola en sus gozos y tristezas, para que vivan en plenitud la alianza de amor que disipa la oscuridad, vence la soledad y el individualismo, recrea la humanidad, genera vida y esperanza».

Documento final

A continuación se dio lectura al documento final, de 94 puntos, en el que la comisión redactora había incorporado buena parte de las 248 enmiendas presentadas el viernes al primer borrador. Todos los puntos del documento final recibieron una mayoría cualificada de dos tercios, exigua tan solo en los tres que se refieren a la reintegración de los divorciados vueltos a casar.

En los primeros sínodos celebrados en estos 50 años, la relación final corría a cargo del relator nombrado por el Papa. Más adelante pasó a ser tarea de tres padres sinodales, con capacidad de sintetizar bien en italiano, designados por la secretaria del Sínodo.

En el Sínodo de octubre del 2014, el Papa decidió ampliar esa comisión añadiendo un padre sinodal por continente hasta llegar a ocho miembros, y en esta ocasión ha ordenado que se ampliase hasta diez para hacerla todavía más representativa.

La comisión redactora del documento final, muy complejo y dirigido al Papa, nunca ha sido elegida por los padres sinodales, que sí elegían en cambio una comisión de tres a cinco personas encargada de redactar el «mensaje del Sínodo», un documento de un folio dirigido a los fieles. Dejó de hacer ya en el Sínodo del 2014 pues era redundante con el documento final completo que se hacía público el último día.

El Síndo, en cifras

El Sínodo más transparente de los 27 celebrados en sus 50 años de historia ha incluido la intervención en conferencias de prensa de 40 padres sinodales, dos matrimonios, dos observadores, un metropolita ortodoxo y un obispo anglicano. Tanto esas conferencias de prensa como los «briefing» de los portavoces que resumían las intervenciones realizadas cada día en el Aula han sido difundidas en Internet mediante «streaming» en directo.

Los tres equipos de televisión del Vaticano, que permanecían continuamente en los pasillos para recoger entrevistas o declaraciones de los participantes, elaboraron 123 videonoticias, colgadas inmediatamente en el videoblog del Sínodo, a las que se sumaron 2.000 tweet de la Oficina de Prensa del Vaticano, incluidos los retweet de los padres sinodales, muchos de los cuales colgaron sus intervenciones en la página web de sus diócesis o en sus blogs.

El resultado de la transparencia y del nuevo método del Sínodo, que ha dedicado más de un tercio del tiempo a debates en los trece grupos de trabajo lingüísticos, ha sido excelente, según la abrumadora mayoría de los participantes. La pequeña minoría de trece cardenales que se quejaron al principio, quizá intentando erosionar la legitimidad del Sínodo, quedó completamente aislada y desmentida por los hechos.

«Sinodalidad»

Dos de los trece cardenales que lamentaban en una carta al Papa que no se eligiese a los moderadores y relatores de los grupos de trabajo, terminaron presidiéndolos, pues estos cargos son electivos. Según el cardenal de Washington, Donald Wuerl, el motivo de sus extrañas quejas sin motivo es que «quizá no les gusta el Papa», o «quizá pensaban que no deberíamos estar discutiendo libremente algunos temas».

A juicio de la inmensa mayoría de los participantes, esta asamblea ha dado un gran paso adelante en «sinodalidad», no sólo «hablando con valentía y escuchando con humildad» como había pedido el Papa, sino hablando con plena confianza, apertura de corazón e incluso intimidad en los grupos de trabajo. El Sínodo de Obispos ha incorporado, por fin, el estilo de Francisco.