El papa Francisco (centro), y el secretario general del Sínodo, el cardenal Lorenzo Baldisseri (izda)
El papa Francisco (centro), y el secretario general del Sínodo, el cardenal Lorenzo Baldisseri (izda) - efe
religión

El sínodo deja la comunión de los divorciados en manos de los pastores

El documento final también pide respeto a la dignidad de los homosexuales pero rechaza totalmente la equiparación de su unión con el matrimonio entre hombre y mujer

juan vicente boo
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En un llamativo proceso de convergencia, el Sínodo de la Familia aprobó ayer un documento final que se alinea con la actitud de misericordia del Papa respecto a las familias en situaciones difíciles y revaloriza la conciencia personal en la reintegración de los divorciados vueltos a casar. Es un texto hermoso y de gran envergadura que concluye pidiendo al Santo Padre un documento magisterial sobre la familia.

Cada uno de sus 94 párrafos recibió –en votación individual– más de dos tercios de los votos de los padres sinodales, con mayorías abrumadoras en casi todos los artículos excepto los tres referentes a la acogida de los divorciados vueltos a casar, que superaron por poco el listón de los dos tercios. En todo caso, no es un documento doctrinal, sino meras propuestas que ayuden al Papa a escribir un documento de magisterio.

La satisfacción de los padres sinodales y del resto de los participantes fue creciendo a medida que cada votación confirmaba el consenso y llegó al máximo en el fortísimo aplauso en pie al discurso final del Papa.

Debate sin miedo

Francisco les habló con afecto, agradeciéndoles en primer lugar el «haber afrontado las dificultades sin miedo y sin enterrar la cabeza en la arena».

Aun sabiendo que algunos se van a molestar, el Papa agradeció al Sínodo haber «dejado al desnudo los corazones cerrados que frecuentemente se esconcen detrás de las enseñanzas de la Iglesia para sentarse en la catedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas».

Con fortaleza, Francisco lamentó que algunos padres sinodales hayan utilizado «a veces, por desgracia, métodos no del todo benévolos». Era una referencia clara a la carta de 13 cardenales, promovida por el australiano George Pell, secretario de Economía del Vaticano, que intentaba deslegitimar al Sínodo e indirectamente al Papa acusando de manipulador al nuevo método de trabajo, el más transparente y participativo en 50 años de historia de la institución.

Críticas de los conservadores

Saliendo al paso de críticas de ambientes conservadores que proyectaban temores apocalípticos sobre esta asamblea, Francisco afirmó que «la experiencia del Sínodo nos ha hecho entender mejor que los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu, no las ideas sino la persona, no las fórmulas sino la gratuidad del amor de Dios y de su perdón».

El motivo es que «el primer deber de la Iglesia no es repartir condenas o anatemas, sino proclamar la misericordia de Dios, llamar a la conversión y acercar a todos las personas a la salvación del Señor».

Recordó que en su encíclica « Rico en misericordia», san Juan Pablo II afirmaba que «la Iglesia vive una vida autentica cuando profesa y proclama la misericordia», mientras que para Benedicto XVI «la misericordia es, en realidad, el núcleo central del mensaje evangélico, el nombre mismo de Dios».

El documento dedica un capítulo entero a «Familia y acompañamiento pastoral», en que aborda las «situaciones complejas», muy distintas en cada continente.

En un delicado equilibrio entre la sensibilidad de europeos y americanos por una parte y africanos por otra, el texto vuelve a referirse a «las familias que incluyen a personas con tendencia homosexual», reafirmando que «cada persona, con independencia de su orientación sexual debe ser respetada en su dignidad y acogida con respeto». Al mismo tiempo, rechaza «equiparar al matrimonio las uniones de personas homosexuales».

Respecto a la convivencia, el texto reconoce que muchas veces no se debe a una «resistencia a la unión sacramental» sino a motivos culturales –como el matrimonio por etapas en África-, falta de seguridad en el trabajo, etc., y aconseja contemplarla como «camino hacia el sacramento nupcial».

Divorciados vueltos a casar

El párrafo 84, el primero de los tres sobre los divorciados vueltos a casar recuerda que «son hermanos y hermanas; el Espíritu Santo derrama sobre ellos sus dones y carismas para el bien de todos».

Afirma también que «su participación puede manifestarse en varios servicios eclesiales: es necesario discernir cuáles de las diversas exclusiones que actualmente se practican en ámbito litúrgico, pastoral, educativo e institucional pueden ser superadas. No sólo no deben sentirse excomulgados sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia». Fue aprobado por 187 votos a favor y 72 en contra.

El documento defiende que cada caso es diferente

El párrafo 85, el que recibió más votos en contra, pero supero también el listón de dos tercios por 178 frente a 80, invita a «discernir bien estas situaciones» bajo la orientación del obispo, favoreciendo un «examen de conciencia» y «reflexiones de arrepentimiento». Recuerda que «la imputabilidad y responsabilidad de una acción puede resultar disminuida o anulada (Catecismo, 1735)» por diversos condicionamientos, e invita a distinguir «situación objetiva» e «imputabilidad subjetiva».

El párrafo 86, el tercero en cuanto a votos en contra, superó los dos tercios por 190 frente a 64. Afirma que en el acompañamiento de los divorciados vueltos a casar «el diálogo con el sacerdote, en el fuero interno, ayuda a la formación de un juicio correcto sobre lo que lo que obstaculiza la plena participación en la vida de la Iglesia», subrayando la importancia de «la humildad, reserva, amor a la Iglesia y a su enseñanza en la búsqueda sincera de la voluntad de Dios».

Se trata de afirmaciones muy matizadas, que apuntan a tratar cada caso de forma particular y a esperar prudentemente la exhortación apostólica del Papa, Es un tema muy delicado sobre el que no habrá normas generales sino orientación a cada persona según sus circunstancias y su conciencia bien formada.

El Sínodo de Obispos ha incorporado, por fin, el estilo de Francisco, que este domingo clausura la asamblea con una solemne misa en la basílica de San Pedro.