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Bienestar Social suspende cautelarmente la patria potestad ante las sospechas de que el neonato quede desprotegido, pese a la oposición de los padres
Aún era visible en los rostros de las enfermeras el recuerdo de lo vivido horas antes en la habitación 416 del hospital Puerta del Mar: ojos enrojecidos y rictus que no escondían un enfurecimiento por el trato que había recibido una pareja que acababa de ser padres. Una trabajadora social, acompañada por dos policías, se habían llevado al recién nacido, una niña con sólo 48 horas de vida, cumpliendo una resolución de la Junta que ha suspendido cautelarmente la patria potestad de los progenitores y ha asumido temporalmente la tutela de la neonata. Las sospechas de que pueda quedar en situación de riesgo, dada la falta de recursos y la minusvalía psíquica que padecen los padres, ha propiciado una resolución que se tradujo en gritos desesperados que fueron oidos en las habitaciones aledañas a la 416. Por eso, en la tarde de ayer la indignación corrió por todo el Servicio de Ginecología.

Sara y David se conocieron hace un año en San Fernando. Ella, de 24 años, vivía con una tía abuela, que se había hecho cargo de las dificultades de una niña que presenta una minusvalía del 65%. Su pareja, de 22 y que también vive en un entorno familiar difícil, sufre igualmente una deficiencia mental severa. Sin embargo, eso no fue obstáculo para que los jóvenes iniciaran una relación sentimental que cuajó en un embarazo.

Un vínculo roto

Ambos decidieron emprender una vida juntos y se marcharon de sus respectivos hogares. Pero sin dinero y con dificultades añadidas, tuvieron pocas posibilidades, más allá de deambular por albergues hasta retornar de nuevo a la casa paterna de David en La Isla. Un día después de la festividad de los Reyes, nacía la pequeña, pero el deseo cumplido de Sara, de tener a su hija en brazos, duró poco. «Sabíamos que era probable que le quitaran a la niña, pero cuando vimos que se la dieron al nacer y que le llegó a dar el pecho, lo descartamos por completo. Habían permitido crear un vínculo y ahora lo rompen de esa manera», afirma la madre de una amiga de Sara, que tiene experiencia en sacar adelante una hija también con minusvalía psíquica.

El momento de la retirada se tornó muy tenso, hasta el punto de que David fue agarrado por los policías porque pretendía evitar que se llevaran a su pequeña en presencia de otros usuarios del hospital que ayer reprochaban la forma de proceder de los agentes. Incluso una enfermera no paraba de disculparse porque le pidieron que sacara el bebé para que lo viera el pediatra y «fue engañada. Al salir por la puerta a quien se encontró es a la trabajadora social», explicaba ayer la amiga de la pareja. La recién nacida está ahora en el centro de protección San Carlos de Chipiona y en breve será entregada a una familia de acogida urgente mientras se resuelve el expediente, que puede concluir en una revocación o en una ratificación.

La madre de la compañera de Sara, que se ha convertido en el refugio de la pareja, planteaba ayer qué puede ocurrir en el futuro y abría dudas sobre la idoneidad de determinadas medidas encaminadas a velar por los menores. «Es necesario que la Administración proteja a esa pequeña, pero ¿por qué no ayudan a la madre, en lugar de quitarle a su bebé? Si la dejan a su suerte y se queda de nuevo embarazada, ¿le volverán a quitar el niño? Sara necesita a su pequeña y más ahora que la ha tenido en sus brazos y la ha amamantado».

Ayer por la tarde, una enfermera advertía que la leche salía de los pechos de una joven madre que necesita, además, transfusiones de sangre porque tiene muy bajos los niveles de hemoglobina. «Ella es muy creyente y cuando le pidieron que abortara, me dijo que si Jesús había muerto por nosotros en la cruz, ella lo haría por su hijo».

stubio@lavozdigital.es
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