
Ahí se descubrió que apenas la semana pasada se había reunido con el embajador de Colombia para ver cómo convencerían al Congreso de que apruebe el Tratado de Libre Comercio (TLC) con el país sudamericano. Bastante le había costado a Clinton desmarcarse de sus propias declaraciones en defensa del acuerdo con México y Canadá que su marido sacó adelante en los 90. Los obreros de todo el país culpan a esos tratados del cierre de fábricas y la consecuente pérdida de empleos que van a países con mano de obra más barata.
Estrategias fallidas
La base obrera es un voto clave de Clinton en estados como Michigan, Ohio y Pensilvania, donde se asocia su apellido con la bonanza perdida la pasada década. Y precisamente en Pensilvania es donde Clinton volverá a jugarse el todo por el todo el próximo día 22.
Un escándalo parecido le costó Ohio a su rival Barack Obama. Entonces la noticia de que uno de sus colaboradores se había reunido con el embajador canadiense para tranquilizarle sobre los ataques del candidato al TLC restaron credibilidad a su discurso. En aquella ocasión Barak Obama perdió Ohio pero su asesor Austan Goolsbee siguió junto al aspirante. «No lo vamos a echar, es un buen tipo», le defendió la misma noche de la derrota David Axelrod, uno de los consultores políticos más prominentes de la campaña.







