El Papa Francisco en el santuario de la Divina Misericordia - REUTERS
Jornada Mudial de la Juventud

Francisco celebra la misa en el gran santuario de san Juan Pablo II

Invita a los sacerdotes y religiosos a «no quedarse encerrados por miedo o comodidad»

CracoviaActualizado:

En la antigua cantera donde un joven estudiante de filología trabajaba como ayudante del dinamitero durante la ocupación nazi, se alza hoy el santuario de San Juan Pablo II, en el que el Papa Francisco ha repetido aquel famoso grito del comienzo del pontificado en 1978: «¡Abrid las puertas a Cristo!».

Francisco ha acudido muy temprano al moderno santuario de la Divina Misericordia, inaugurado en 2002 por el propio Juan Pablo II durante su última visita a Polonia. Allí ha escuchado la confesión de cinco chicos y chicas participantes en la Jornada Mundial de la Juventud, después de haber visitado el contiguo convento de santa Faustina Kowalska.

Pero la novedad era la primera visita de un Papa al santuario de San Juan Pablo II, recién construido a un kilómetro de distancia en el antiguo «Mar Blanco», como se llamaba la cantera de piedra caliza de la empresa Solvay para la fabricación de sosa caustica.

Karol Wojtyla consiguió ese empleo para evitar la deportación como trabajador forzado a Alemania ya que tenía que mantener a su padre, enfermo del corazón, y era además, seminarista clandestino.

Huir «de nuestras propias comodidades»

Durante la misa para los sacerdotes, seminaristas, religiosas, y personas consagradas en general, el Papa ha afirmado que «en la vida de los discípulos más cercano a Jesús no hay espacios cerrados ni propiedad privada para nuestras propias comodidades». Por eso les exhortado a evitar «la tentación de quedarse un poco encerrados en nosotros mismos o en nuestros ámbitos por miedo o comodidad».

La vida de la persona dedicada a Dios consiste en «salir de nosotros mismos. Es un viaje sin billete de vuelta». Según Francisco, cada una de esas personas «tiene un deseo ardiente de ser testigo y de llegar a otros, le gusta el riesgo» pero, al mismo tiempo, «huye de situaciones gratificantes que lo pondrían en el centro, no se sube a los estrados inestables de los poderes del mundo».

El santuario incluye, en la cripta, una extensa colección de reliquias de san Juan Pablo II, presentadas de modo muy visible y seguro, como en un museo moderno. Entre ellas figura la sotana blanca ensangrentada, recuerdo de aquel 13 de mayo de 1981, cuando un pistolero a sueldo estuvo a punto de acabar con su vida en la plaza de San Pedro.

Pero el acontecimiento principal del día tendrá lugar al anochecer en una inmensa explanada situada en las afueras de Cracovia. Un millón de jóvenes le esperan para una velada que comienza siempre como fiesta y termina, ya de noche, en intensa oración.