Cuentas del Gran Capitán
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Leyendas

«La leyenda de las cuentas del Gran Capitán es la de un vasallo maltratado»

Calvo Poyato explica la célebre relación de gastos que concluía con «cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el Rey pedía cuentas a quien le ha regalado un Reino»

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Las cuentas del Gran Capitán, las auténticas, se conservan en el Archivo General de Simancas. Son 942 hojas manuscritas de 1500 a 1503, firmadas por el propio Gonzalo Fernández de Córdoba a su vuelta de la II Campaña de Nápoles y dirigidas a Luis Peixon, tesorero y abastecedor de la Armada en época de Fernando El Católico.

En el archivo del Tribunal de Cuentas se encuentran otras también firmadas por Fernández de Córdoba (1453-1515) y rendidas en 1499 al tesorero Alonso de Morales, pero de las legendarias «Cuentas del Gran Capitán» que dieron origen al dicho «no parecen por ninguna parte, ni hay esperanza de que se hallen, por no haber jamás existido real y oficialmente», señalaba el miembro de la Real Academia de la Historia Antonio Rodríguez Villa en 1910.

Esa famosa relación de gastos que habría presentado el Gran Capitán ante las enojosas exigencias del Rey tras la segunda campaña en Nápoles habla de:

-200.736 ducados y nueve reales en frailes, monjas y pobres para que rogaran a Dios por la prosperidad de las armas españolas.

-Cien millones en palas, picos y azadones, para enterrar a los muertos del adversario.

-100.000 ducados en pólvora y balas.

-10.000 ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres de los enemigos tendidos en el campo de batalla.

-170.000 ducados en poner y renovar campanas destruidas con el uso continuo de repicar todos los dias por nuevas victorias conseguidas contra el enemigo.

-50.000 ducados en aguardiente para las tropas en días de combate.

-Millón y medio de ídem para mantener prisioneros y heridos.

-Un millón en misas de gracias y «Te Deum» al Todopoderoso.

-Tres millones de sufragios por los muertos.

-700.494 ducados en espías.

Y finalizaba con la célebre frase de «Y cien millones por mi paciencia en escuchar ayer, que el Rey pedía cuentas a quien le ha regalado un Reino».

«Generoso sí era, con toda seguridad», señala el historiador José Calvo Poyato, que traza una semblanza de este héroe injustamente tratado en su novela «El Gran Capitán». El Rey Católico llegó al punto de decir a su secretario Almazán: «De nada sirve que me haya conquistado un reino si lo reparte antes de que llegue a mis manos» y de anular las mercedes prodigadas por el vencedor de Ceriñola y Garellano, a su llegada a Italia.

Calvo Poyato recuerda cómo en su retiro en Loja, preguntaba a los músicos, artistas y poetas que llegaban a su pequeña corte cuánto les había pagado el Rey y «él les pagaba el doble».

También fue exigente en el pago a sus tropas, según muestra una carta que de su puño y letra escribe a los Reyes Católicos hacia el año 1500. «Suplico a Vuestras Altezas tengan gran cuidado de las pagas desta jente, porque no conviene a vuestro servicio que esté ociosa ny mal pagada...», dice textualmente Fernández de Córdoba en la misiva fechada en Málaga el primero de junio, antes de poner rumbo a Italia.

Un leal vasallo maltratado

Sin embargo, «no es creíble que el Gran Capitán, repetuoso siempre con los Reyes, hubiese cometido semejante desacato, ni el Rey D. Fernando, dada la altivez y severidad de su carácter, hubiera tolerado semejante burla», consideraba Rodríguez Vila, quien veía «cierto fondo de verdad» en estas cuentas a las que se refieren con ligeras variantes las crónicas antiguas. «Si el hecho no fue cierto y oficial, mereció serlo, y lo fue en nuestra opinión, de una manera oficiosa», añadía el archivero.

«La leyenda surge como reacción de un vasallo del Rey que se ha sentido maltratado», sostiene Calvo Poyato. Para este historiador, el Gran Capitán se debió sentir molesto, con su honra cuestionada ante las exigencias del Rey. Por eso pormenoriza en esa relación de gastos los esfuerzos realizados y los logros conseguidos.

«Cuando habla de reponer las campanas rotas le está recordando las grandes batallas que ha ganado para él, con los pagos a los frailes y curas apunta cómo ha llevado a las tropas ante la muerte y la alusión de los guantes de perfume subraya a todos los soldados que ha matado por el Rey», explica el autor de «El Gran Capitán».

Las cifras, «auténticas locuras desde el punto de vista económico ya que un ducado vendría ser hoy como 500 euros», resaltan el valor de las proezas logradas bajo su mando. «Es una manera de decirle: ¿Me estáis pidiendo cuentas a mí, que os he regalado un reino?», explica Calvo Poyato.

El general responde «con una escala de valores muy distinta a la nuestra» porque para él, «el honor es patrimonio del alma», dice Calvo Poyato, que ve en Gonzalo Fernández de Córdoba «el prototipo de hombre leal». El fiel soldado que, con permiso del rey, entró en diversas ocasiones en Granada mientras estaba sitiada para ayudar a Boabdil y seguir estimulando la guerra civil dentro de la ciudad.

«La historia tiene el halo de las leyendas, pero hay mucho de verdad en ella», apunta el historiador andaluz, que niega rotundamente las insinuaciones que relacionan sentimentalmente al Gran Capitán con Isabel la Católica. «Para nada. La reina fue su gran valedora, pero eso es una invención para crear morbo».