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«Ovesharing», «carding», «trashing» y «pharming», los nuevos delitos que nacen al abrigo de internet

¿Conoces las nuevas fórmulas de delinquir en la Red? Ni siquiera la Fiscalía de Criminalidad Informática da abasto para perseguir tanto mal comportamiento como nace en internet

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«Oversharing»

Es la sobreexposición de información personal en internet, en particular en las redes sociales a través de los perfiles de los usuarios.

Qué hacer: configurar la privacidad de la red social para determinar quién accede a la información e imágenes. Utilizar contraseñas robustas y reflexionar antes de publicar ciertos datos.

«Trashing»

Obtener información privada a partir de la recuperación de archivos, documentos, directorios y contraseñas que un usuario ha arrojado a la papelera de reciclaje.

Qué hacer: destruir la documentación a través de las llamadas «destructoras de papel o depósitos de papel en internet».

«Pharming»

Es el método usado para realizar ataques de «phising», redirigiendo el nombre del dominio (DNS) de una entidad a una página web, idéntica en apariencia, pero que ha sido creada para obtener datos privados.

Qué hacer: instalar «antimalware» y antivirus potentes; verificar las webs que se visitan (que tengan el icono de candado) y evitar webs con una dirección IP extraña.

«Carding»

Consiste en el uso ilegítimo de tarjetas de crédito para cometer un fraude. Se relaciona con prácticas como el «hacking» y el «craking» para conseguir la numeración. Puede hacerse desde un móvil y en un correo electrónico.

Qué hacer: evitar abrir correos en los que piden datos personales o financieros y nunca se debe dar el número bancario por teléfono. Los bancos no lo piden por SMS ni email.

Hasta hace tres años, en el Código Penal no aparecían delitos como el «grooming», «sexting» y el «storming». Y en solo un año, entre 2016 y 2017, una categoría, el delito de acoso permanente a través de internet y telefonía a una persona cuya cotidianiedad se altere gravemente, se ha disparado un 150%. El dato lo adelanta una muy preocupada fiscal de la Sala contra la Criminalidad Informática, Elvira Tejada de la Fuente, quien lanza otra alerta llamativa: «No hay figuras delictivas donde encajar todas la conductas punitivas que observamos en la Red».

Resulta curioso que, con los nuevos tiempos, la amalgama de delitos que se perpetran en el mundo cibernético sea tan grande que no hay castigo ideado para ellos. «Estamos viendo cada día conductas nuevas –prosigue la fiscal Tejada– que atentan contra bienes jurídicos necesitados de protección y queremos decir que el legislador está trabajando para responder a todos ellos».

La amalgama de comportamientos que atentan contra la seguridad de otras personas a través de la Red se ha llenado de palabras inglesas, casi incomprensibles: el común de los mortales no sabe qué es el «carding», «el trashing», «el pharming» o el «oversharing». Pero lo que «todo el mundo tiene que saber es que obtener imágenes privadas con o sin consentimiento de una persona y difundirlas a terceros es delito», afirma con rotundidad Mar España, directora de la Agencia de Protección de Datos (AEPD) en la presentación del último manual de prevención del organismo que dirige.

Consecuencias de los actos

«Cada vez más chavales se graban manteniendo relaciones sexuales. Son pareja, pero las difunden con o sin autorización cuando dejan de serlo, por ejemplo, y eso también es un delito. Deben conocer las consecuencias de estos actos», apuntilla. Junto a la fiscal, avisa del incremento que están registrando los delitos contra la protección de menores, mujeres maltratadas y colectivos desfavorecidos. «Son la población más vulnerable a estos delitos», dice el subdirector general del Registro General de Protección de Datos, Julián Prieto.

«Se utiliza internet para todo, también para delinquir, pero hemos llegado al punto de que se mueve más dinero en delitos de estafa por la Red que por narcotráfico en nuestro país», comenta Elvira Tejada en la sede de la AEPD en Madrid. Lo que ocurre, al decir de la representante del Ministerio Público, es que el Código Penal intenta ponerse al mismo compás que los modos de hostigamiento y persecución a otras personas que nacen en las redes. «Se están volcando también en el móvil todas las patologías de las relaciones humanas que existen», dice Tejada, al frente de un equipo de 150 fiscales. Hay que recordar que hasta 2015 ni siquiera se sancionaban por la vía penal el acoso en el marco de la pareja, con ánimo de lucro y contra los menores, modalidades en alza.

También delitos como las calumnias, las injurias, la incitación al odio o los daños informáticos tienen penas mayores ahora si se cometen en internet, según la guía de la AEPD, llamada «Protección de datos y prevención del delito». Este manual desgrana, asimismo, las consecuencias que tiene cada comportamiento detrás de la pantalla y las sanciones o condenas que llevan aparejadas .

Julián Prieto señala, además, que las penas para ciertos delitos son mayores cuando se cometen en internet. «Todo lo que se hace en la Red deja rastro, por lo que no es tal el anonimato. Hay una huella», enfatiza, al tiempo que España apremiaba que la normativa de protección del usuario está a punto de cambiar y se endurecerá a partir del día 25 de mayo.

Los casos más graves

Junto a la reciente difusión de datos de la joven de «La Manada», Mar España rememora otro caso muy grave al que se enfrentó la dirección de la AEPD y que tuvo que cortar «en 24 horas» implorando a Google la retirada del contenido. Fue el caso de una menor violada y drogada cuyo contenido erótico difundió una empresa de pornografía online a través del canal de vídeos YouTube.

La Agencia pide que se enseñe en las escuelas cómo evitar ser víctima de esos comportamientos malignos, que entre jóvenes repuntan cada año porque ellos han nacido con móviles y ordenadores bajo el brazo. Sea cual sea el modo de hostigamiento, las autoridades judiciales y administrativas que velan por la protección de los datos de 30 millones de internautas en España animan a denunciar. Según comenta la fiscal Tejada, a diferencia de lo que ocurre en países de nuestro entorno, las empresas españolas son muy reticentes a denunciar haber sido objeto de ataques cibernéticos: «Nadie denunció el Wannacry, sin ir más lejos», lamenta Tejada, por lo que en ese caso «no se puede actuar». «Solo denuncian los particulares, cuando a un usuario le hackean una cuenta bancaria, por ejemplo, y le quitan dinero», remata.