Sociedad

«Fui madre a los 52, lo seré a los 62, pero las pegas que me ponen son económicas»

Lina Álvarez repite la experiencia que tuvo hace diez años: alumbrará a una pequeña el próximo octubre tras un tratamiento de fecundación in vitro de embrión ajeno y a una edad tardía. Esta mujer gallega está feliz, aunque su caso genera controversia

Lina Álvarez, fotografiada en su casa de Lugo, cuando está a punto de salir de cuentas. A mediados de octubre nacerá su hija Lina
Lina Álvarez, fotografiada en su casa de Lugo, cuando está a punto de salir de cuentas. A mediados de octubre nacerá su hija Lina - EFE

Lina Álvarez, nacida en Lugo, ejerce de médico a más de veinte kilómetros, en el municipio de Palas de Rey (Palas de Rei, en gallego), tiene 62 años y está embarazada de su tercer hijo, en este caso una niña, que se llamará exactamente como ella, Lina Álvarez.

Esta mujer gallega no ha pretendido pulverizar marcas. De hecho, ya se dio en Barcelona el caso de una mujer que con 67 años dio a luz gemelos y batió, con dicho nacimiento, el récord en nuestro país de la maternidad más longeva. Lina lo hará por un empeño personal que no ha dejado de perseguirla desde que a sus 34 años tuvo a Exiquio, su primer hijo. En conversación telefónica con este periódico, denuncia que una mala práxis médica «al realizar la punción de la amniocentesis que seccionó una arteria del cerebro del chiquillo en el tercer mes de gestación» provocó que el niño, que hoy tiene 27 años, naciera con una parálisis cerebral y ello le llevó a remar el resto del tiempo para darle «un hermanito». Lo consiguió, pero muchos años después, concretamente nueve después de que se le retirase la menstruación. Tenía 52 años, y la Clínica privada La Esperanza de Santiago de Compostela sí vio que reuniese entonces las condiciones óptimas para engendrar, por un tratamiento de fecundación in vitro con un embrión de donantes desconocidos, su segundo hijo, de nombre Samuel.

Según cuenta Lina, el tratamiento le costó 6.000 euros. Tras la experiencia «fabulosa», decidió ir a por el tercero. Y a los 54 años, se lo planteó otra vez. La Clínica entonces se negó. De acuerdo con la versión de esta lucense, lo hizo porque desde que interpuso su primera denuncia contra los ginecólogos y la clínica, compañía de seguros incluida, donde dio a luz a Exiquio, los litigios judiciales la han acorralado. «He perdido todos los juicios, mi pareja, padre de Exiquio me dejó, también nos quedamos sin la indemnización por el daño ocasionado a mi primer hijo, y con el sueldo embargado toda mi vida profesional desde entonces, vieron que no reunía las condiciones económicas precisas». Para Lina, la mayor pega a su maternidad tardía no la han puesto los médicos, sino la economía mermada que arrastra.

No le importan, empero, las críticas. Se sabe objeto de ellas, desde el momento en que pasea su barriga de parto incipiente con más de seis décadas a sus espaldas. Pero las tiene bien curtidas. Al menos así se muestra, con un carácter y fe católica de hierro. «No consigues pareja, no he conseguido rehacer mi vida y tuve que afrontar día a día la enfermedad durísima de mi primer hijo. Entonces le pedí a Dios poder hacer con Exiquio (al que yo llamo “Chiquito”) una vida normal. Así que a Samuel lo viví como un milagro y a Lina, yo que soy muy creyente, la veo una certeza de que hay una recompensa de la naturaleza humana que es muy sabia».

Obstinada, dice:«Estaba tan convencida de que era lo que tenía que hacer que me iba a quedar embarazada sí o sí. No me importaba dónde, ya estaba buscando en países con una legislación clara, como Estados Unidos. Pero desde el nacimiento de Samuel, llevo buscando y buscando. Ahora ha sido un ginecólogo de una clínica de fertilidad madrileña, cuyo nombre me impiden desvelar, la que me ha permitido el tratamiento, nuevamente con un embrión donado». Y, a mitad del coste del anterior, 3.000 euros, contesta.

El futuro a los 62 años

El miedo al futuro, para ella, no existe. Sus propias palabras atestiguan que tiene «todo calculado» al milímetro. Como si se tratara de una «meiga» o dispusiera de una visionaria bola de cristal, estima que, cuando se aproxime su final, sus dos hijos pequeños tendrán edad suficiente para salir adelante ellos y ayudar a su hermano Exiquio.

No elude que la edad suscita controversia, pero a Lina le parece la oportuna, porque –defiende– «tienes la madurez que no se tiene a los 30, la vida encauzada, y si tienes salud, entonces no se presentan problemas». «Yo he tenido dos embarazos redondos», relata. Lo mejor para ella ha sido que Samuel consiguió «revitalizar» a su hijo. «Siento que no se me echó el tiempo encima. Lo que aprecio es que han regalado tiempo a mi vida», se felicita.

La imagen de la primera madre sexagenaria sorprendió a propios y extraños en 1994. Aquel caso dio la vuelta al mundo, pero desde entonces, no han cesado las imágenes de progenitoras que lo son a la edad de ser abuelas. Se reabre con ello un arduo debate biológico y legal, en el que se impone el sentido común del facultativo. Lina no se moja en si es o debe ser una excepción, sino en la necesidad de que se imponga el criterio médico y la voluntad de la madre. «Mis análisis dicen que estoy sana. Soy médico, así que soy la primera que no lo hubiera llevado a cabo si pusiera en riesgo la vida del bebé. La mía, de momento, no ha sufrido, más bien, mis embarazos han sido perfectos». A mediados de octubre, por cesárea programada, verá la luz la pequeña Lina. «Estoy rebosante de felicidad», completa su madre.

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