ARTE: DE MENTORES A DISCÍPULOS

Marina Núñez pone el foco en los artistas del futuro

Cuando ABC Cultural nació, Marina Núñez tenía 25 años. Y 25 años después, ya con 50, selecciona a cinco autores que rozan la cifra de este aniversario: Jorge Isla, Blanca Gracia, Laura Salguero, María Dávila y Javier Artero. ¿Tanto ha cambiado el mundo del arte?

De izquierda a derecha: Blanca Gracia, María Dávila, Marina Núñez, Jorge Isla, Laura Salguero y Javier Artero
De izquierda a derecha: Blanca Gracia, María Dávila, Marina Núñez, Jorge Isla, Laura Salguero y Javier Artero - Isabel Permuy

La cita era un viernes por la tarde en La Casa Encendida. Llegan todos puntuales. Marina Núñez (Palencia, 1966) hace de mentora. Ella ha seleccionado a Blanca Gracia (Madrid, 1989) y Laura Salguero (León, 1987), a las que ya conocía, y su intuición la llevó a decantarse por una mujer más, María Dávila (Málaga, 1990), y dos chicos, Javier Artero (Melilla, 1989) y Jorge Isla (Huesca, 1992). Marina Núñez está muy comprometida con la paridad en el ámbito artístico, por lo que no disimula que aplica acciones positivas («lo que siempre se llamó “discriminaciones positivas”») cuando participa en una selección de artistas. También lo hizo para nuestra propuesta: «Tenía claro que debía haber una relación normal 50-50 entre hombres y mujeres. He contado con ayuda, la de la comisaria Susana Blas y el galerista Pedro Gallego, porque, aunque creía que sabía de artistas jóvenes, en realidad estoy más cerca de gente algo mayor. Conocía el trabajo de Laura y de Blanca, me resultaban muy afines. A los otros tres los he conocido después de mirar un montón de dosieres, así como sus "webs" y sus "blogs". Esta es una de las ventajas de vuestro tiempo».

Curiosamente, Jorge Isla es el único que no había oído nunca hablar de Núñez: «Antes me llamaba la atención cuando alguien me decía que me conocía. Ahora me sorprendo cuando me dicen que no. Es consecuencia de hacerse mayor», bromea. Y añade: «¿Por qúe te conoce un artista joven? Porque sus profesores en la universidad le hablan de ti. Ese es un gran lugar de visibilidad, y uno de los más agradecidos, bello y persuasivo».

«Blanca Gracia me resulta afín por temas y por pertenecer a la pintura conceptual en la que se me englobó en mis inicios», apunta Marina Núñez

Les separan unos 25 años, pero la generación más joven dice sentirse arropada por la que representa Núñez: «En parte, porque son nuestros profesores», especifica Dávila. «Sin embargo -señala la mentora- yo no sentí el calor de mis mayores. Tenía modelos que me encantaban, Luis Gordillo o Eva Lootz, pero no tenía relación con ellos. Antes no se tenía esa conexión. En este sentido, sois afortunados. A mí ahora me escriben muchos alumnos gracias a la "web" para preguntarme de todo. Yo respondo siempre».

Esto no es normal

Marina Núñez se inició en el arte cuando aún estudiaba la carrera: «Entonces me seleccionaron para la muestra de Arte Joven de 1989, que se celebró en el Museo Español de Arte Contemporáneo, y que fue muy emocionante para mí. Luego conocí a Horacio Fernández y Gonzalo Puch, que me presentaron a mi primera galerista, Mercedes Buades. Fue así de sencillo, pero no era lo normal. Yo pertenecía a dos cuotas: la de la pintura conceptual, que se contraponía a la trasnochada de los ochenta, y la de ser mujer. Fueron años de visibilidad, que luego resultó ser un espejismo, lo que repercute en las generaciones actuales».

De María Dávila, destaca Núñez: «Comparte con Blanca, la otra pintora, un trabajo sugerente, profundo, muy bien formalizado»

Para Artero, ellos, sin embargo, forman parte de un experimento basado en una apuesta por lo joven. Le corrige Núñez: «Eso también pasaba antes». Salguero dice que su llegada al arte fue por inercia, con el apoyo de José Luis Serzo y Pedro Gallego en un camino lleno de «sucesos fortuitos». Isla reconoce que también llegó de rebote, desde el ámbito de la comunicación visual. Blanca Gracia es la única que apostó por Bellas Artes conscientemente. Dávila no tenía tan claro a dónde le llevaría estudiar algo así, pero le ayudó «que Málaga se haya convertido en ciudad emergente que mima la creación actual».

Núñez se vuelve a extrañar con lo que oye: «Yo estaba dispuesta a seguir siendo artista aunque no tuviera visibilidad o ganara dinero con el tema. Lo que me sorprende y diferencia de vosotros es que en mi clase todos queríamos ser artistas. Que luego vendría una criba enorme, seguro. Pero mis alumnos ahora me transmiten lo mismo que vosotros. No solo no saben si quieren ser artistas, sino que además se descartan de antemano para ser diseñadores "web", cámaras... Son más pragmáticos que nosotros».

«De Jorge Isla me seduce su dimensión tecnológica, algo que formalmente aprecio mucho», señala Marina Núñez

Sí que coinciden todos en que la formación no ha variado demasiado en dos décadas y media. «Depende más de las facultades que de las generaciones», señala Marina, que además es profesora. Hace 25 años, apunta, marcaban la pauta Barcelona, Valencia y Bilbao. Eso se notó en las hornadas de artistas. Ahora se suman Pontevedra o Cuenca. Los chicos le hablan de Málaga. Salguero prefiere centrarse en que se les forma poco para vivir como artistas («currículums, gestión de empresas, embalajes...»). Gracia le dice que en el CES Felipe II, si llegabas a algunos profesores, te enterabas. Dávila prefiere más reflexión crítica en la facultad. «Lo que es bastante sintomático -concluye Núñez- es que tres de vosotros tengáis relación con la universidad o con las tesis». ¿Será porque las salidas profesionales han empeorado?

«Antes era igual de complicado -remata- aunque al final terminábamos siendo o artistas o profesores». Dávila subraya lo «casi imposible que es entrar en el sistema». Isla se muestra también negativo: «Lo que yo veo es que si estudias AD, Económicas o Márketing, tienes posibilidades de hacer prácticas en una empresa y quedarte en ella. Yo hice la tesis justo por la incertidumbre de lo que vendría acabado el máster». La oferta se ha diversificado ahora. Se puede también ser gestor, comisario -para uno de los mil nuevos centros de arte o incluso para las galerías-, señalan algunos. «Fruto de la precariedad del sistema, somos ahora individuos multitarea -recela Artero-. Yo hago mi tesis, mi producción artística, monto vídeos, fotografío expos de otros... Claro que me gustaría depender tan sólo de mi producción artística, pero no puedo».

Un «zasca»

Entonces es cuando Núñez, en la jerga que ellos manejan, «le lanza un zasca»:

-¿Dices que quieres depender del mercado?

-No. Eso no.

-Porque el mercado presiona mucho. La libertad y el sistema son incompatibles. Por ejemplo, para que te repitas. O para que seas muy productivo. Luego están las cuestiones relacionadas con el carácter, cumplir con el estereotipo de artista, lo que significa encarnar ciertas actitudes y agresividad. A los galeristas, a los críticos y a los museos no les gustan los artistas dubitativos».

Tal vez ellos tengan más posibilidades de sortear el mercado del arte: «Es que tienes que buscarlas -dice Gracia-. No puedes vivir sólo del mercado». «La autogestión -señala Dávila- tan actual, sirve para dar difusión a la obra, nada más. Pero destaca por su dimensión humana».

«A Laura Salguero -confiesa Núñez- la conocí en La Gran y me enamoró. Ella también hace "monstruos", lo que me recuerda mucho a mí»

La visibilidad del arte es otro tema recurrente: «A nivel popular, el arte de hoy sigue siendo invisible. Fuera de España, ni existimos. -continúa la malagueña-. Pero a mí me preocupa más la hipervisibilidad actual que se asienta en esa apuesta por lo joven. De hecho, más que de las obras, se produce una sobreexposición de artistas; las redes sociales... ». «Que además dan pie a una ansiedad constante -le coge el testigo Artero-. Estoy en contra porque la relación del artista con su obra necesita un reposo». «Y el proceso creativo es totalmente introspectivo», sentencia Gracia:

-Reconozcamos, no obstante, que todos usamos las redes sociales.

-Yo no -acaba Núñez-. Quizás eso sí sea una diferencia generacional...

¿Hay más? ¿Qué define a estos jóvenes como generación? «Internet, desde luego», arranca Gracia. «El acceso a las tecnologías», le secunda Isla. «Antes, para conseguir imágenes, tenías que comprar un montón de revistas», recuerda la madrileña. «Bibliotecas. Antes había que ir a las bibliotecas», le corrige la mentora. «Para mí, nos diferencia el acceso a los recursos -añade Salguero-: Tienes los fondos digitalizados de una institución a golpe de ratón».

«De Javier Artero me interesan sus temáticas, sus maneras de contar, muy reflexivas y bellas», explica Marina Núñez

Pero, ¿hay temas que les definan? «Insisto: somos multidisciplinares», dice Salguero. «Estamos abiertos a todo», remacha Dávila. «Tiene que haber temas -insiste Núñez-. Mi generación manejó los suyos. Por ejemplo, el cuerpo y la identidad. Otro era la reflexión del arte sobre el propio arte. Ahora hay una moda clara, auspiciada además desde determinadas instancias: el archivo, el artista antropólogo. En mi época no había de esto. No toda una clase se quería ir a Brasil a investigar una tribu y poner luego vídeos de nativos o vitrinas con revistas». Esos dos temas, para Dávila, continúan, «junto a las grandes cuestiones, humanas e inherentes al arte, por lo que las compartiremos con todas las generaciones».

A por los cincuenta

La suya será la que celebre el 50 aniversario de «ABC Cultural». ¿Qué espera mientras tanto del futuro? «Queda mucho por hacer desde la universidad. También luchar contra las cifras que discriminan a la mujer y que tan bien esgrime Marina», apunta Dávila. Para Gracia, la educación de los públicos será básica: «Hay que seguir sacando el arte contemporáneo de los nichos del arte para llegar a más gente». «Se ha impuesto la cultura del vistazo -recuerda Núñez-, que cae como una losa. Además hay mucha osadía a la hora de juzgar, lo que no pasa en otros campos. Nadie se para a juzgar los avances científicos. Pero son muchos los que se sienten con derecho a decir no sólo si les gusta o no una obra de arte, sino a declarar además si es buena o mala». «Faltan coleccionistas -añade Salguero-. Y ya que hemos hablado del "boom" de las facultades, de los museos, de los agentes culturales, me sorprende que sigamos siendo el único sector que no vive de lo que hace, cuando en una muestra cobra hasta el vigilante».

Un último consejo de Marina sobre la presión de la competencia: «Se va despejando. Cuando tengáis cinco años más no pensaréis lo mismo. Lo digo en serio. Siempre he dicho que esto es cuestión de voluntad. Los buenos, a pesar de la no visibilidad y las no ventas, aguantan. El esfuerzo es enorme y a muchos no les merece la pena. De los 25 a los 30 desaparece mucha gente. De los 30 a los 35, el resto. Si aguantas hasta ahí, ya te quedas, te vaya bien o mal».

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