Darán Que Hablar

Albert Lladó: «Hablar bien de uno es un castigo divino para los que insistimos en esto de la literatura»

Tras pasar por el relato breve, el periodismo, el teatro y la novela, el autor catalán regresa al cuento con «Los singulares individuos»

El selfie que Albert Lladó dedica a ABC Cultural
El selfie que Albert Lladó dedica a ABC Cultural - A. ĽL.

¿Cuáles son sus intereses como escritor?

Entiendo la escritura como una búsqueda. Hay algo de insatisfacción permanente. Si vives el fracaso (y escribir es fracasar) como algo no castrante, sino como una especie de motor creativo, en realidad es muy estimulante. Se trata de ir abriendo preguntas. Supongo que por eso me ha interesado ir cambiando de género. Empecé con el relato breve, he escrito mucho como periodista, luego publiqué novela, después teatro… Y ahora, con «Los singulares individuos», vuelvo al cuento.

¿Y como lector?

No me interesa el género cerrado, aunque a veces algunas novelas de género sean auténticas obras maestras. Lo único que le pido a un libro es que no me trate como a un lector autómata. Tiene que haber allí nervio -sea en la historia o el misma escritura- y cierta voluntad de convocar el asombro.

¿Sobre qué temas suele escribir?

No soy un escritor tanto de temas como de obsesiones. Diría que me preocupa esa idea de cómo participar, de cómo involucrarse, en la comunidad que nos ha tocado vivir sin acabar siendo parte de la masa. Ni autómata, como decíamos antes, ni soldado. Por eso posicionamientos como los de Albert Camus (un auténtico solitario solidario) o, actualmente, Michel Onfray (un individualista humanista), cada día me provocan más resonancias.

¿Dónde ha publicado hasta el momento?

Mi último libro lo he publicado en La Isla de Siltolá, una editorial que, pese a ser pequeña, tiene un catálogo espectacular en poesía. Ahora ha comenzado a publicar narrativa, y la verdad es que estoy muy contento con la paciencia (tuvieron que soportar cuatro galeradas con constantes cambios) y generosidad del editor, Javier Sánchez Menéndez.

¿Con cuáles de sus «criaturas» se queda?

Con la que vendrá. Siempre.

Supo que se dedicaría a esto desde el momento en que…

Para mí fue fundamental una web mejicana, Ficticia, que descubrí de adolescente. Era (aún funciona) una suerte de taller entre una comunidad de lectores, donde compartías textos breves y los comentabas. Aprendí a escuchar mis textos desde otro lugar.

¿Cómo se mueve en redes sociales?

Cada día las utilizo más para comunicar lo que escribo en otra parte. Creo que es más interesante como una herramienta de difusión que de debate. El ruido puede ser muy peligroso.

¿Qué perfiles tiene?

Twitter, Instagram, Facebook...

¿Cuenta con un blog personal?

Un blog que se ha convertido en una web, que me sirve, sobre todo, para ordenar mi trabajo: albertllado.com

¿Qué otras actividades relacionadas con la literatura practica?

Tengo la suerte de colaborar con Biblioteques de Barcelona, y otras entidades, organizando y dinamizando tertulias sobre creación, periodismo y pensamiento. Y soy docente de dramaturgia y filosofía (Sala Beckett), periodismo cultural (FLACSO, Argentina) y Narrativa (Escola d’Escriptura del Ateneu Barcelonès).

¿Forma parte de algún colectivo/asociación/club?

El de los solitarios solidarios, como le decía. Somos más de los que se cree.

¿En qué está trabajando justamente ahora?

El teatro me ocupa y preocupa muchísimo. He acabado una pieza sobre la actualización del mito de Ícaro, encarnado en el copiloto de la tragedia del Germanwings. Busco (sirva de anuncio) compañía de dos actores para llevarlo a escena. Algunos teatros ya se han mostrado dispuestos a poner la sala…

¿Cuáles son sus referentes?

Ha ido mucho por épocas. Pero debo citar de nuevo a Camus (por su capacidad de trabajar teatro, periodismo y ficción), a Cortázar (por su extraordinaria mirada, siempre diferente) y a Gómez de la Serna (porque pinta con las palabras).

¿Y a qué otros colegas de generación (o no) destacaría?

Citaría a demasiados pocos. Si tengo que quedarme con uno, aunque no sea exactamente de mi generación, me quedo con Javier Pérez Andújar. Es un Umbral sin oscuridades. Él, como pocos, ha sabido ponerle pulso literario a una periferia (no sólo física) ignorada.

¿Qué es lo que aporta de nuevo a un ámbito tan saturado como el literario?

Sólo puedo prometer y prometo mi mirada. Tal vez parece poca cosa, pero más aburrido es un teletipo. Y vivimos inmersos en ellos.

¿Qué es lo más raro que ha tenido que hacer como escritor para sobrevivir?

Hablar bien de uno. Es un auténtico castigo divino para los que insistimos en esto de la literatura.

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