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Paulina Flores: «El deseo literario no se satura»

La gran sorpresa de la nueva literatura chilena, avalada, entre otros, por Alejandro Zambra, desembarca en España con «Qué vergüenza», un arriesgado y brillante libro de relatos

El selfie que Paulina Flores dedica a ABC Cultural
El selfie que Paulina Flores dedica a ABC Cultural - P. F.

¿Cuáles son sus intereses como escritora?

Ahora me interesa sobre todo escribir una novela. Es una novela de personajes y sobre abandonar y empezar de nuevo. Como nunca he probado en el género me tiene muy entusiasmada.

¿Y como lectora?

Muy diversos. Me gusta leer buenas historias en narrativa y me obligo a leer poesía. Nunca abandono a los clásicos, pero también estoy en permanente búsqueda. Sobre todo, me obsesiona descubrir literatura escrita por mujeres. En mi biblioteca están todas juntas en un lugar especial, casi un altar.

Cubierta de «Qué vergüenza»
Cubierta de «Qué vergüenza»- ABC

¿Sobre qué temas suele escribir?

De la vida cotidiana. No sé, me es difícil hablar de «temas», porque en general lo que pasa es que me obsesiono con ciertas historias que se me ocurren y luego los temas van saliendo solos. Creo que puedo decir que hablo del amor de pareja, de relaciones familiares, de las construcciones femeninas y masculinas. Los personajes del libro vienen de familias de clase media, que es lo que me tocó conocer de cerca. Intenté mostrar sus aspiraciones y dificultades materiales, su apocamiento, su falta de empatía, su fuerza, lo trabajadores que son y los créditos con los que se endeudan. Cómo se enfrentan constantemente a su origen, ya sea para dejarlo atrás o para afirmarse en él.

¿Dónde ha publicado hasta el momento?

«Qué vergüenza» es mi primer libro. Fue publicado en Chile por la editorial Hueders y en España, México, Colombia y Argentina por Seix Barral.

¿Con cuáles de sus «criaturas» se queda?

Difícil. Le tengo mucho cariño a todos mis personajes, y siempre los ando defendiendo en charlas o entrevistas. Lo que más me gusta es que son sobrevivientes y que pese a las fracasos o trizaduras que tienen, nunca se avizora la derrota en sus ojos. En realidad me quedo con todos, menos con Fede.

Supo que se dedicaría a esto desde el momento en que…

Siempre escribí diarios de vida y cosas así, pero a los 21 decidí que quería ser escritora. En esa época estudiaba literatura y mis mejores amigos, con los que también vivía, comenzaron a escribir ficción: faltaban a la universidad y se encerraban a escribir todo el día. Me alucinó el romanticismo y la disciplina con que lo hacían, y me les uní. Fue una decisión bien naíf, pero seguí terca en el oficio.

¿Cómo se mueve en redes sociales?

Como la mayoría, creo. Facebook a veces me provoca mucha ansiedad y lo reviso a cada momento pero sin publicar nada. Por suerte hay otras veces que puedo olvidarlo. En general subo canciones que me gustan, fotos de cuadros, películas o series y últimamente gifs. Instagram es la red social que más me gusta, porque es más relajada y pareciera que toda la gente anduviera feliz o de fiesta. Twitter es más odioso y Facebook a veces se pone muy afectado o depresivo. Eso si, esta es la primera vez que tengo que sacarme un selfie yo sola. ¡Es difícil!

¿Qué perfiles tiene?

Instagram y Facebook.

¿Cuenta con un blog personal?

No .

¿Qué otras actividades relacionadas con la literatura practica?

Cuando leemos cuentos con mis alumnos del colegio. Pero en general trato de que casi todas mis actividades se relacionen con la literatura práctica, hasta cuando salgo a trotar.

¿Forma parte de algún colectivo/asociación/club?

No.

¿En qué está trabajando justamente ahora?

Soy profesora de Lenguaje en un instituto 2x1 y escribo columna sobre gente de la ciudad en un diario santiaguino.

¿Cuáles son sus referentes?

Literariamente, para mí fue muy importante leer a Faulkner porque de cierta manera entendí lo que era trabajar con las palabras, hacer poesía con ellas pero en prosa. También fue muy importante descubrir a escritoras como Flannery Oconnor o Lorrie Moore. Con Alice Munro descubrí lo que era ser escritora y apropiarse de un género, en este caso el del cuento. Había leído a Virginia Woolf y me había parecido genial, pero como la misma Alice dice, con tanta servidumbre pululando a su alrededor era difícil sentirse identificada con ella. Munro, en cambio, escribía en el tiempo libre que le dejaban su hijos, relatos del pueblo en el que nació y que abandonó de joven, de lo que significaba ser la primera mujer de la familia que podía tener sexo por amor. También me influyeron muchas figuras de la música. Como referentes, Jorge González y Morrissey son claves para mí, en tanto me demostraron que no era necesario ser de clase alta o de familia intelectual para hacer creaciones geniales. Noel Gallagher está en esa misma línea y Javiera Mena con su trabajo gradual. Ahora me mueve mucho el rap gringo, Kanye West, Kendrick Lamar, Drake o Frank Ocean. Más allá de lo musical, me gusta su discurso: son muy conscientes del pasado, de lo que su raza tuvo que sufrir en el pasado, y su música destila orgullo (que subliman en altanería y un excesivo amor propio) y habla del sentido de lucha. En los 80 no salían en MTV, simplemente no los pasaban, y ahora son los reyes, y también son conscientes de eso y en su música y videos trabajan esas contradicciones. Ver documentales como «Fresh Dressed» o el de la Nina Simone «What Happend, Miss Simone?» ilustran para mí muy bien lo que creo, el espíritu de la cultura negra americana, una que no se deja vencer. Lo mismo con Chimamanda Ngozi Adichie, que en su novela «Americanah» narra la historia de una joven nigeriana que se va a EE.UU. para estudiar. En realidad, no sé si se conectan mucho con mi literatura, pero creo que mis personajes tienen algo de esa fuerza y sentido de lucha que veo en los referentes de la cultura negra, de guetto o inmigrante.

¿Y a qué otros colegas de generación (o no) destacaría?

En Chile se está haciendo muy buena literatura. En mi generación destacan muchas mujeres, como por ejemplo Romina Reyes, que también sacó un libro de cuentos; Carmen Galdámez sacó una novela el año pasado; Constanza Gutiérrez... También están las novelas extrañas y bellas de Francisco Ovando, Bruno Lloret y la poesía de Juan Santander Leal.

¿Qué es lo que aporta de nuevo a un ámbito tan saturado como el literario?

No creo que el ámbito literario esté saturado. Es increíble que después de leer obras geniales como «Madame Bovary» o «Cuando fuimos huérfanos», de Ishiguro, uno quiera seguir arriesgándose, pero es así. Para mí, el deseo literario no se satura. Por mi parte, no sé, pienso que aporto con mi mirada, la de una mujer joven latinoamericana y cómo esa mirada entiende y se relaciona en un contexto globalizado y neoliberal, en donde la voz de las mujeres recién comienza a escucharse con más interés.

¿Qué es lo más raro que ha tenido que hacer como escritor para sobrevivir?

En general, he tenido trabajos normales, desde hacer cabritas en un cine hasta bibliotecaria, siempre que me permitan dedicarle el mayor tiempo posible a la escritura. Así que nada raro, sólo lo usual: apostar todo lo que tengo y quedarme jugando con pocas cartas.

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