El Papa llega al parque O’Higgins
El Papa llega al parque O’Higgins - REUTERS

El Papa invita a los chilenos crispados a «sembrar la paz a golpe de vecindad»

Cuatrocientas mil personas acuden a la »Misa por la paz y la justicia»

ENVIADO ESPECIAL A SANTIAGO DE CHILEActualizado:

En un gran parque rebosante de personas, de color y de alegría, el Papa Francisco ha invitado el martes a los chilenos a «comprometerse por la reconciliación» de un modo muy práctico: «¡Sembrar la paz a golpe de proximidad, de vecindad!». Los cuatrocientos mil fieles que participaban en la soleada misa en el parque O’Higgins, confirmaron su propósito con un aplauso atronador.

El ambiente era de fiesta, con una llamativa presencia de trajes típicos chilenos, de indígenas de varias etnias -sobre todo mapuches- y de inmigrantes de la última oleada en la que destacan los haitianos. La abundancia de pancartas y banderas revelaba la presencia de decenas de miles de argentinos, que han cruzado ilusionados la cordillera para ver «su» Papa.

En la «Misa por la paz y la justicia», Francisco ha hecho notar que las bienaventuranzas son muy prácticas, siguiendo un modelo muy claro pues «no fueron ideas o conceptos los que movieron a Jesús… son los rostros, son personas».

En un país demasiado inclinado a las divisiones internas, a subrayar las diferencias y a desentenderse de los indígenas y los pobres, el Papa invita a una actitud constructiva y activa.

Según Francisco, «el trabajador de la paz sabe que no basta con decir: no le hago mal a nadie, pues como decía San Alberto Hurtado: ‘Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien’».

La memoria del inquieto abogado, parlamentario y apóstol de la caridad jesuita, fallecido en la capital chilena, está muy presente en esta visita, lo mismo que su compatriota la santa carmelita de solo 20 años, Teresa de los Andes.

«Volver a empezar»

En una versión adaptada de las bienaventuranzas, el Papa ha afirmado en su homilía «Bienaventurados los que se comprometen por la reconciliación. Felices los que trabajan para que otros vivan en paz. Felices aquellos que se esfuerzan por no sembrar división».

Es la medicina que necesita Chile para dejar atrás su pasado de peleas y vivir el futuro con alegría. Francisco está seguro de que sabrán «volver a empezar» pues, en un territorio altamente sísmico, «¡cuánto conocen ustedes de levantarse después de tantos derrumbes!».

Todo el ambiente en el parque O’Higgins era brillante, colorista y alegre por la presencia de jóvenes. La misa era una fiesta que, además ha incluido la coronación de la imagen de la Virgen del Carmen con el Niño. La patrona de los marineros es también la de este bellísimo país y de sus variadas gentes, por lo general, muy trabajadoras y responsables.

Al final de la ceremonia, el cardenal Ricardo Ezzati, arzobispo de Santiago de Chile, ha dado las gracias a Francisco «porque de sus labios hemos escuchado la voz de Jesús: ‘Mi paz les doy’ y nos ha invitado a donarnos mutuamente esa paz». Es justo lo que un país innecesariamente crispado por la política, necesita en estos momentos.