Newman, el Papa y la conciencia

Frente a los que sostenían que no era posible ser buen inglés y buen católico, Newman demostró que no existía tal incompatibilidad, sino todo lo contario

José Francisco Serrano Oceja
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El Papa Francisco canoniza este domingo al beato John Henry Newman. ¿Qué nos enseña este intelectual, converso al catolicismo y cardenal de la Iglesia? Después de santo Tomás de Aquino y de san Agustín, Newman es el autor más citado en los documentos y discursos papales de los últimos años. En el Catecismo de la Iglesia Católica es el único escritor eclesiástico entre los teólogos posteriores a San Alfonso María Ligorio. La Encíclica «Veritatis Splendor», de Juan Pablo II, no se entendería sin su aportación doctrinal. Aunque es verdad que Newman es más citado que estudiado, y más venerado y admirado que conocido.

Tres propuestas entresacadas de su vida y de su pensamiento. Primera, la Iglesia debe acabar con su actitud defensiva ante el mundo moderno. Esta actitud está relacionada con otra de sus granes aportaciones. Frente a los que sostenían, como el político liberal William Gladstone, que no era posible ser buen inglés y buen católico, Newman demostró que no existía tal incompatibilidad, sino todo lo contario. Por lo tanto, los católicos no son solo súbditos leales en los estados democráticos sino que con su propuesta de verdad sobre la persona contribuyen al bien común de la democracia, de la sociedad.

Segunda, es necesario el «fair play» dentro de la Iglesia, es decir, el juego limpio. Como decía el teólogo Von Balthasar, «Newman contra los ablandamientos del siglo XIX», que no están lejos de los del XXI. Stratford Caldecott y su esposa Léonie apuntan en su «John Henry Newman: el corazón y la verdad» (Fundación Mayor) que estos ablandamientos son tanto el liberalismo teológico –el progresismo- como el «ultramontanismo». Y, tercera, la primacía de la conciencia, uno de los grandes temas de nuestro tiempo. La conciencia es «la voz de Dios en la naturaleza y en el corazón del hombre», el último nivel de decisión y de responsabilidad. «Ciertamente –escribió Newman- si me veo obligado a implicar a la religión en un brindis al final de una comida –cosa que no es en absoluto oportuna- brindaré por el Papa, si os complace, pero antes por la conciencia y después por el Papa».

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