Encarnación Roca, en la sede del Tribunal Constitucional
Encarnación Roca, en la sede del Tribunal Constitucional - MAYA BALANYA

MUJERES AL MANDO«Ningún Gobierno, ni del PP ni del PSOE, ha propuesto en 40 años a una mujer para el Constitucional»

Encarnación Roca apoya la formación «en género» a los jueces y ve necesarias las cuotas para avanzar

MADRIDActualizado:

Sabe bien de lo que habla. Jurista de prestigio, Encarnación Roca (Barcelona, 1944) lleva toda una vida luchando. Escalón a escalón, ha recorrido todos los estadios de la carrera jurídica, un mundo dominado por corbatas cuando ella llegó. Se convirtió en la primera catedrática de Derecho Civil de España hace cuarenta años, y ahora es la vicepresidenta del Tribunal Constitucional (TC), en el que solo hay dos mujeres de un total de doce magistrados. Desde allí interpretan las leyes para que se adecúen a la Carta Magna, un ejercicio que influye en nuestra vida cotidiana.

Ella desea que pronto no hagan falta las entrevistas con mujeres poderosas solo por el hecho de serlo. Ve necesarias políticas y leyes para alcanzar soluciones a largo plazo, pero advierte de que éstas no son una varita mágica frente a las costumbres sociales. Con voz reflexiva, recuerda cuál es el mejor arma para la igualdad: «Hay que educar, educar y educar. Es la única manera en la que se cambia la mentalidad». En su despacho, atiende sin prisas a ABC, en una charla sobre la situación de la mujer y la Justicia.

Un 53 por ciento de los jueces son mujeres, pero muy pocas llegan a los altos cargos. ¿Qué está sucediendo?

Este porcentaje es de gente bastante joven y existe desde hace unos diez años. Los jueces entran en el primer destino, ascienden a magistrados y luego vienen los nombramientos. Se utiliza el criterio de la antigüedad. Por eso, la falta de mujeres en los altos cargos es temporal: acabará habiendo más presidentas de Tribunales Superiores de Justicia que presidentes, y habrá más mujeres en el Tribunal Supremo. Lo que hay que evitar es un retroceso.

¿Está ocurriendo?

Por el trabajo en casa, las mujeres no optan voluntariamente a puestos que les obligan a marcharse de donde viven. Conozco a una persona que podía haber sido magistrada del Supremo y no accedió por la edad de sus hijos adolescentes. La educación de los hijos sigue sobre las espaldas de las mujeres, por cultura o por tradición, y eso frena su acceso a determinados altos cargos.

¿Hay que tomar alguna medida?

Cuando acabé la carrera, en 1966, una mujer no podía ser juez. Al año siguiente se permitió. Hemos avanzado tantísimo en tan poco tiempo, quedan los flecos. No creo demasiado en las decisiones públicas para cambiarlo. Todas pueden obviarse: si no interesa, aquella mujer no accederá. Una medida en la que sí creo son las cuotas.

¿En las cuotas sí cree?

Sí, porque se han demostrado efectivas. No me gustan, son indignas… Si una mujer accede en igualdad de condiciones, debería ser elegido el más capaz, sea hombre o mujer. Esta es la regla, pero es muy complicado, y la única medida para tener un puesto en igualdad de condiciones, y ya es contradictorio, es a partir de una cuota.

En esta casa (el Constitucional) son ustedes dos mujeres en un pleno formado por diez hombres más.

En toda la historia del TC, desde 1981, hemos sido solo seis mujeres. Nosotros no nos elegimos a nosotros mismos. Nos eligen el Parlamento, el Gobierno y el Consejo General del Poder Judicial. El Gobierno y el Poder Judicial, que eligen un tercio de los magistrados, no han elegido nunca a una mujer. Nunca, durante casi 40 años.

¿De quién es la responsabilidad?

Los sucesivos gobiernos, todos, tanto del PP como del PSOE, no han elegido nunca a una mujer. No se les ha ocurrido. Esto nos debe hacer reflexionar.

¿Veremos pronto a una al frente del Tribunal Supremo y el CGPJ?

Depende de los políticos.

Mujeres preparadas hay

(Se ríe irónicamente). Le podría decir diez nombres en este momento. Evidentemente que las hay. Las mujeres que podrían tener ese cargo (no se puede llegar a ese puesto a los 30 años, añade) son las que han luchado más durante toda su vida para que esto cambie.

Usted es una de ellas y ha llegado a la cúpula del TC. ¿Cómo ha sido su experiencia?

No he sentido un problema de discriminación. Cuando empecé a trabajar, la gente te aceptaba, no tanto porque fueras la niña, en algún caso también; sino por tu capacidad.

¿Tuvo que hacer algún esfuerzo especial por ser mujer?

No tanto por ser mujer, sino porque me separé de mi marido cuando tenía mi hijo siete años y todo recayó sobre mí. Tuve que renunciar a cosas sin las que ahora no podría vivir, como la música. Pero había que ocuparse del niño, que no tenía ninguna culpa de que sus papás no se llevaran bien. Y había que preparar la oposición. Ahora lo veo con perspectiva y pienso: qué montaña. Pero en aquella época lo asumí.

En el día a día con los compañeros, ¿se percibe que solo son dos mujeres?

Si le preguntas a la otra magistrada (María Luis Balaguer), ella te diría que se nota. Yo no lo he notado nunca. En mi trabajo diario no he notado nunca ninguna discriminación. He llevado una vida de mucho trabajo y sacrificio, pero sin dramatismos.

Su ejemplo ha sido más feminista que ninguno

Me dicen que soy una pionera, bueno, pues ya me lo creo. Creo más en las actitudes personales que en determinadas teorías, actitudes en las que alguien pueda tener un ejemplo. Esto abre muchos caminos.

¿Qué le parece el movimiento feminista?

Las sociedades avanzan por esa vía. Cuando llegas a un extremo tan extremo como el «Me too», se consigue la mitad de lo que se pide, y ya es mucho. Me parece bien que las mujeres reivindiquen sus derechos. Desde el punto de vista del Derecho no tiene que haber género. Que cueste llegar, que es una propuesta ideal, y que hay que trabajar mucho para lograrlo, es evidente. No tiene que haber ningún tipo de discriminación. Pero la actitudes y los tics sociales son muy difíciles de eliminar. Hay que alabar estas actitudes.

Un lema de las protestas en España dice «yo sí te creo», dando a entender que la Justicia no cree a la víctima.

Siempre es un problema de prueba. «Yo sí te creo» no viene a decir nada concreto. Yo ni me lo creo ni me lo dejo de creer. Como juez tengo que estar a las pruebas y nada más. Un juez no es un ángel bajado del cielo o la diosa Temis de la Justicia. Es un hombre o una mujer que tiene un protocolo, las normas procesales, y tiene que cumplirlas.

¿Hace falta formación de género en los jueces?

Sí. Las carreras necesitan una puesta al día. Los programas de judicatura son muy técnicos pero no tienen formación de tipo psicológico. Una formación en materia de género es indispensable para todos los jueces. Con la ley de violencia de género, aparte de la problemática técnica, hay que saber afrontar los problemas psicológicos de la mujer, de miedos... Soy ferviente partidaria de la formación.

¿Estamos en una sociedad y un sistema judicial organizado en torno al hombre?

Todas las sociedades lo son, por razones históricas. Sino, no estaríamos hablando de esto. Y no hay un estilo femenino de ejercer el poder, hay uno masculino y las mujeres lo copian. Deberíamos planteárnoslo.