La halitosis en perros y gatos puede revelar una enfermedad peor

Muchas veces existe una causa patológica detrás del mal aliento. La prevención es la mejor solución

MadridActualizado:

El aliento del perro y del gato puede informar de la existencia de una enfermedad como un signo más. Podrá ser mas o menos agradable, siguiendo un baremo individual y subjetivo de quien lo percibe, pero en ocasiones, son alientos que no pasan desapercibidos a casi ninguna «nariz» por poco sensible que esta sea.

Para hablar de este «oloroso» tema hemos contado con nuestro veterinario de cabecera Javier Álvarez de la Villa. Este nos asegura que un caso es la halitosis secundaria al sarro o placa dental. Depositado en las uniones gingivodentales, el sarro reúne millones de bacterias que, activas, fermentan sin tregua parte de los nutrientes de la dieta. Producen en dicha actividad malos olores que en ocasiones llegan a niveles difícilmente soportables.

Además, el sarro se calcifica, endureciéndose como placa dental difícilmente removible. En contacto con la encía, se produce inflamación y retracción de la misma. Cuando el proceso avanza, llega a penetrar en le propio lecho alveolar , debilitando la unión del diente que aparecerá «flojo».Pero no todo acaba a nivel local, las bacterias podrán pasar al torrente circulatorio y depositarse en lugares distantes de flujo turbulento, como las válvulas cardíacas o en pequeños capilares de delicados órganos como la uvea de los ojos o los glomerulos renales (cada uno de los diminutos ovillos de capilares situados en el riñón donde se filtra la sangre y se elabora la orina). Consecuencias son, pues, los daños orgánicos como insuficiencias cardíacas, insuficiencias renales, Uveitis (inflamación interna ocular) y otras.

No olvidemos, pues, que el olor no es tan sólo reseñable por tener un carácter más o menos agradable, si no que sería un auténtico talismán y aliado preventivo. Una solución pasará por prevenir el depósito de sarro. Existen estrategias sencillas: limpiezas con pastas enzimáticas que inhiben la función bacteriana, geles, empleo de huesos de diseño especial a fin de aumentar la masticación, etcétera. Su veterinario le podrá explicar en detalle. «Cuando la placa dental es abundante y está firmemente implantada, será preciso eliminarla mediante el empleo de ultrasonidos bajo suave sedación», comenta el doctor del Centro Veterinario Víctor de la Serna.

Un caso frecuente y grave se presenta en los gatos, con alteración gingival intensa, dolorosa y sangrante. Conforma el capítulo de las gingivoestomatitis crónicas felinas. Aquí, el olor es un signo evidente pero menor, en comparación con otros más preocupantes como los signos de dolor y rechazo al alimento, la apatía y el profundo adelgazamiento. Muchos de estos casos podrían derivarse de virus como los calicivirus de la época neonatal y juvenil, que se acantonan en estos sensibles tejidos gingivales. El reto terapéutico, es enorme y tiene por finalidad devolver la salud gingival, comodidad y dignidad vital a nuestro aquejado felino.

Otro olor que delata estado patológico es el olor urémico. Este tipo de halitosis que afecta a nuestros pequeños animales, puede ser fácilmente reconocible por propietarios y, evidentemente, veterinarios. Tampoco se presentará solo, y por desgracia podría acompañarse de adelgazamiento, anorexia, polidipsia (exceso de consumo de agua), poliuria (exceso de micción), depresión, apatía y otros signos de la temida insuficiencia renal. Reconocido precozmente, el tratamiento se encamina a restaurar en la medida de lo posible, la función renal afectada. Ante los signos mencionados, un análisis de sangre tendrá gran valor para las posibilidades vitales de nuestra mascota.

Cachorros y objetos extraños

Seguimos con la halitosis y otro caso curioso acontece en cachorros, con su peculiar olor lactante que tanta «ternura» desata, pero en ocasiones, este varía hacia olores a «ajo». El propietario puede sentir el consiguiente rechazo. Estos olores pueden indicar parasitosis por nematodos, es decir, las archiconocidas lombrices. Podrán presentar, además, estos cachorros caninos y felinos, adelgazamiento mas o menos marcado, diarreas y otros signos incluyendo su ocasional aparición en heces.

Hablemos ahora de cuerpos extraños. Con frecuencia acuden los perros con palos tronzados entre los molares posteriores. Se encuentran desesperados, y con las «manos», hacen continuos e infructuosos intentos de eliminar el intruso atascado. Otras veces, el fragmento se podría haber clavado hiriendo la mucosa oral. Los huesos pueden verse, al igual, implicados. El olor pasadas 24-48 horas podrá evolucionar de putrido a necrótico. Una exploración veterinaria muchas veces bajo sedación, será imprescindible para la solución, que pasará por la necesaria extracción del hueso, madera, plásticos y otros.

Pero no sólo los cuerpos extraños generan necrosis, infección y halitosis, o mejor aún, olor putrido o necrótico. Los tumores de la cavidad oral, que han ido creciendo inadvertidamente, llegan a ulcerarse, produciendo este tipo de olor. Además, estos tumores pueden provocar sangrado, dolor e incapacidad para comer adecuadamente. Tumores como carninomas, melanomas, fibrosarcomas.., no son raros en la cavidad oral a partir de los 7 años de edad. Nuestro consejo es que acuda al veterinario ante un mal olor, pues un examen en busca de la verdadera causa se hará imprescindible en pos de conseguir buenos resultados para la mascota afectada.

Dentro de los olores metabólicos, los afrutados y olores a acetona, nos indican distintos estadios de Diabetes Mellitus. En esta enfermedad, el nivel de azúcar en sangre llega a ser tan exagerado, que produce un olor perceptible y, además, otros síntomas en cortejo como la polifagia (voracidad), polidipsia (sed muy aumentada) y poliuria (miccionan claro y en grandes cantidades). Veamos, pues, el olor como aliado de que «algo va mal». Un diagnóstico de la causa del mismo ofrecerá la posibilidad de un tratamiento curativo en muchos casos. Olores necróticos, afrutados, putridos, a «ajo», a urea,... todos ellos fieles indicadores a considerar por el ser humano, a favor de la salud de nuestros fieles amigos, los pequeños animales de compañía.