Como parte de la Jornada Mundial de los Pobres, el Santo Padre ha invitado a almorzar en el amplio hall del Aula de las Audiencias a mil quinientas personas
Como parte de la Jornada Mundial de los Pobres, el Santo Padre ha invitado a almorzar en el amplio hall del Aula de las Audiencias a mil quinientas personas - AFP

Un gesto global de solidaridad para reducir la exclusión

El Papa llama «al mundo contemporáneo a identificar de forma clara la pobreza» y pide «no permanecer inactivos»

MADRIDActualizado:

El Programa de Desarrollo de Naciones Unidas(PNUD) asegura que la pobreza no es un problema sin solución. Según sus estimaciones, cerca de 250.000 personas salen de una situación de exclusión cada día. Sin embargo, más de 800 millones de ciudadanos en el mundo -17 veces la población de España- viven todavía hoy con menos de dos dólares al día.

A comienzos del siglo XXI la miseria no solo sigue siendo una de las mayores lacras del mundo sino que está en serio riesgo de aumentar. Por primera vez en 15 años, los casos de hambruna sufrieron el año pasado un ligero incremento debido a la proliferación de los conflictos bélicos y los fenómenos climáticos extremos, denunció la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) en octubre de este año.

Desde el inicio de su Pontificado, el Papa Francisco ha expresado su deseo de «una Iglesia pobre y para los pobres» y ha llamado la atención de la comunidad internacional sobre este lacerante problema. Lo hacía en la primera encíclica sobre ecología de la historia de la Iglesia, en junio de 2015, y meses después ante la sede de la ONU en Nueva York y el Congreso de los Estados Unidos. Su última iniciativa para dar visibilidad a «las personas más débiles, víctimas de la cultura del descarte» tendrá lugar este domingo con la celebración de la I Jornada Mundial de los Pobres.

«Codicia de unos pocos»

La idea surgió el año pasado durante la clausura del Jubileo de la Misericordia en la basílica de San Pedro, que el Santo Padre decidió celebrar junto a las personas marginadas. En esa celebración, el Papa tildaba de «inaceptable» que las personas, «colocada por Dios en la cumbre de la creación», fueran «a menudo descartadas, porque se prefieren las cosas que pasan».

En su mensaje para esta jornada, Francisco señala que su intención es «ayudar al mundo contemporáneo a identificar de forma clara la pobreza» como «fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada».

«Hoy en día, desafortunadamente, -señala Francisco- mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera. Ante este escenario, no se puede permanecer inactivos, ni tampoco resignados».

El director de la Comisión de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española, el sacerdote Fernando Fuentes, explica que «estamos estrenando algo que el Papa quiere que se imponga como una tradición» y cuyo objetivo es que «la sociedad no se acostumbre a las situaciones de pobreza». «Los pobres ya no nos duelen y con esta Jornada el Santo Padre quiere mantener la atención del compromiso con los pobres», recuerda este profesor de Doctrina Social de la Iglesia.

A diferencia de otras jornadas mundiales, en esta ocasión no se celebra ninguna colecta. «La Jornada tiene un objetivo muy práctico que es estar con los pobres. Eso es lo que pide el Papa para este día porque para él los gestos son muy importantes para sensibilizar a la humanidad y acabar con la cultura del descarte». De hecho Francisco tras la celebración de la misa en la basílica de San Pedro compartirá hoy mesa y mantel con más de 1.500 pobres en el Aula Pablo VI en el Vaticano.

A la par del duro diagnóstico de la cultura actual, el Papa también aprovecha esta jornada para agradecer a la Iglesia su servicio a los más vulnerables. «Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres». Estas páginas dan buena cuenta de algunos de ellos.