El científico chino He Jiankui
El científico chino He Jiankui - ABC

El «Frankenstein chino» abre la Caja de Pandora genética

La manipulación del genoma humano está al alcance de muchos científicos

Corresponsal en PekínActualizado:

El pasado lunes puede ser el día en que se cambió el destino de la raza humana. Si se confirma que el científico chino He Jiankui alteró los genes de dos gemelas para hacerlas inmunes al sida, como él asegura sin haber dado pruebas todavía, esta primera manipulación del ADN humano habrá abierto la puerta a un futuro con tantas esperanzas como miedos.

Desde que la técnica CRISPR-Cas9 permitió en 2016 cortar y pegar literalmente los genes, era solo cuestión de tiempo que alguien se lanzara a modificar el ADN humano. Ignorando el consenso entre la comunidad científica internacional, que pedía más tiempo para perfeccionar dicha técnica porque todavía se corre el riesgo de que provoque mutaciones peligrosas, He Jiankui ha llevado a cabo su proyecto en secreto.

Eludiendo los controles de su universidad y del hospital donde trabajaba, que le acusa de haber falsificado los permisos, el doctor He borró el gen CCR5, puerta de entrada al VIH, para evitar que los bebés contrajeran el sida, que porta su padre. Según anunció el científico en unos vídeos colgados el lunes en Youtube, hace varias semanas nacieron «dos bellos bebés chinos, Lulu y Nana, tan sanos como cualquier otro niño». A pesar de sus palabras, solo consiguió cambiar el gen que impide el contagio del VIH en una de ellas.

«Genio loco»

La noticia, adelantada el domingo por el portal de internet especializado MIT Technology Review (https:/ /www.technologyreview.com/s/612458/exclusive-chinese-scientists-are-creating-crispr-babies/) y luego recogida por la agencia AP, dinamitaba la II Conferencia Internacional sobre la Edición del Genoma Humano, que empezaba el martes en Hong Kong y contaba con He Jiankui en uno de sus coloquios. Con la comunidad científica de China y todo el mundo llamándole desde «doctor Frankenstein» hasta «genio loco», He Jiankui se declaraba «orgulloso» de lo que había hecho e insistía en que su «único objetivo era curar, no crear bebés de diseño». Además, desvelaba otra noticia, que había otro embarazo modificado genéticamente en curso.

Delante de todo el público, el presidente del comité organizador, David Baltimore, le criticaba por su «irresponsabilidad» al saltarse las normas internacionales y la conferencia se cerraba reclamando una investigación y condenando su osadía. «Mientras aplaudimos el rápido avance de la edición genética en ensayos clínicos, seguimos creyendo que proceder con su uso real es irresponsable en este momento», condenaba la declaración final.

Buscando probablemente la gloria, el doctor He pretendía pasar a la Historia como el primer científico que modificaba el ADN humano y no solo ha sido repudiado por todo el mundo, sino que puede ser castigado legalmente porque estos experimentos están prohibidos en China desde 2003. Un precio muy alto para la fama que ansiaba desde joven, cuando despuntaba como una de las mentes más brillantes de su generación.

Quién será el próximo

Tal y como cuentan sus compañeros al periódico «South China Morning Post», He Jiankui nació en una familia campesina de Hunan, una de las provincias más pobres de China. A a pesar de sus humildes orígenes, estudió en el mejor colegio de su condado y pudo ir la universidad. Licenciado en Física, recibió una beca para seguir formándose en Estados Unidos, adonde llegó con el sueño de convertirse en el «Einstein chino». Pero pronto se dio cuenta de que «la edad de oro de la física se ha acabado», como se quejaba ante sus colegas, y se pasó a estudiar biofísica en la Universidad de Rice (Houston), donde trabajó por primera vez con la tecnología Crispr.

Después recaló en la prestigiosa Universidad de Stanford, donde fue discípulo de Stephen Quake, profesor de bioingeniería y física aplicada especializado en secuenciar el ADN, pero no en editarlo. En 2012, y gracias al plan del Gobierno chino para recuperar a sus talentos nacionales en el extranjero, volvió a Shenzhen, ciudad fronteriza con Hong Kong y cuna del desarrollismo económico. Allí entró a trabajar como profesor asociado en la Universidad del Sur de Ciencia y Tecnología y montó dos empresas dedicadas a la genética.

Una vez que He Jiankui ha dado el primer paso, y a pesar de la repulsa unánime, la cuestión es saber quién será el siguiente en manipular el genoma humano, algo que está al alcance de muchos científicos y gobiernos. «Para empezar, en China no se le va a ocurrir hacerlo a nadie. Cuando recientemente clonaron los primeros macacos, los científicos chinos lo celebraron como una fiesta nacional, pero esto ha sido una vergüenza para ellos», explica a ABC José Pastor, quien dirige una investigación genética con moscas en la puntera Universidad de Tsinghua.

Cambiar el destino

Licenciado en Biología por la Universidad de Alicante, donde tuvo como profesor a Francisco Mojica, uno de los padres del CRISPR, Pastor asegura que todavía no es seguro modificar el ADN porque se corre el riesgo de que haya mutaciones. Pero advierte de que «en algún momento, la ciencia será un cien por cien segura, o un 99 por ciento, y ahora es cuando hay que decidir los límites: si hacerlo solo para curar enfermedades o para hacer mejoras sustanciales o superfluas. Para ello, habrá que contar con China, que está invirtiendo muchísimo en investigación científica y está detrás de que haya aumentado en un 30 por ciento el número de laboratorios en el mundo».

A su juicio, «en el futuro, igual que hoy se ponen vacunas, habrá una lista de genes que se podrán manipular». Una posibilidad que abre la esperanza a acabar con muchas enfermedades, pero también despierta unas sospechas aterradoras. «A los occidentales nos horripila la posibilidad de la manipulación genética y la creación de bebés de diseño porque pensamos en ˝Un mundo feliz˝, Hitler, Stalin, la eugenesia y un Estado totalitario creando un Ejército de clones. Pero a los chinos, japoneses y coreanos no les parece una barrera moral infranqueable porque no piensan en eso, sino en que su hijo va a tener mejores notas o va a ser más guapo y se va a casar más fácilmente», analiza Pastor. Todas estas fantasías terroríficas parecían ciencia-ficción hasta el pasado lunes, el día en que el «Frankenstein chino» abrió la Caja de Pandora genética y pudo haber cambiado el destino de la raza humana.