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Un dique para evitar que Nueva YorK se inunde

El alcalde Bill de Blasio propone una inversión descomunal para proteger el Sur de Manhattan, que acoge al centro financiero mundial, de inundaciones como las del huracán Sandy

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

Desde noviembre de 2012, cuando Nueva York empezó los trabajos de reconstrucción tras el demoledor huracán ‘Sandy’, la pregunta es recurrente entre quienes viven o trabajan en las zonas costeras de la ciudad: ¿cuándo será el próximo? En aquella ocasión, parte de la ciudad se quedó sin luz durante semanas, cerró la Bolsa y se inutilizó buena parte del sistema de metro.

Lo más destructivo fue la subida del nivel del mar, que dejó inundados 130 kilómetros cuadrados en zonas bajas -cerca del 10% de la superficie de la ciudad-, destrozó o dañó 17.000 edificios y provocó la mayoría de las 44 muertes debidas a la catástrofe.

La Gran Manzana tardó meses en recobrar la normalidad y, casi siete años después, todavía se recupera de sus efectos: el metro L, una vía de conexión clave entre Manhattan y Brooklyn, cerrará parcialmente este año para acometer reparaciones por el efecto de Sandy.

Ahora, el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, se propone blindar una de las partes más expuestas de la ciudad, el Sur de Manhattan, que acoge al centro financiero mundial en los alrededores de Wall Street y por donde pasan buena parte de las líneas de metro.

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La semana pasada presentó un plan faraónico para evitar las inundaciones provocadas por la subida del mar en un huracán. Lo primero será la instalación de terraplenes y barreras móviles en el resto de la punta Sur de Manhattan. Su construcción arrancará este mismo año y tendrá un coste de 500 millones de dólares. Mucho más ambiciosa es la parte estrella del proyecto: ampliar la línea de costa unos 150 metros -una extensión similar a dos manzanas urbanas- en la esquina Sureste de Manhattan, un terreno artificial ganado al mar que evitaría la entrada de agua en Wall Street.

De Blasio, un político del partido demócrata que no disimula sus ambiciones presidenciales, coloca en el centro de su decisión al cambio climático y la mayor recurrencia de fenómenos naturales catastróficos que se espera que desate a lo largo del siglo. «En Nueva York, ya no debatimos el cambio climático. La única pregunta es dónde construir las barreras que nos protejan de la próxima subida del mar y del inevitable próximo huracán, y con qué rapidez los podemos acabar», explicó en una tribuna en la revista «New York».

El alcalde sitúa el coste de la ampliación de la costa en 10.000 millones de dólares. En su anuncio del plan, no dio detalles sobre de dónde vendrá la financiación, aunque indicó que la ciudad no tiene dinero para tanto y serán necesarios fondos federales. «No espero la colaboración del presidente Trump», admitió De Blasio en referencia al conocido escepticismo del presidente de EE.UU. sobre los efectos del calentamiento global. Pero aprovechó para lanzar un dardo al ocupante de la Casa Blanca con la intención de colarse en el debate político nacional: «Esto es una emergencia nacional sin una política nacional», dijo sobre la preparación al cambio climático y en alusión a la declaración de emergencia nacional que Trump firmó el mes pasado para tener acceso a miles de millones de dólares que el Congreso le niega para la construcción del muro en la frontera con México. El coste de la barrera artificial de De Blasio es superior a los más de 8.000 millones de dólares que Trump busca para construir más de mil kilómetros de muro.

Críticas del resto de la ciudad

De Blasio argumenta que su plan responde a una «prioridad nacional», tan decisiva para la «seguridad de la gente» como la financiación militar y que debe ser respaldada con «decenas de miles de millones de dólares». El proyecto busca proteger el centro neurálgico de las finanzas del país y del mundo, un sector de la economía «que afecta a cada ciudad y región» del país.

El alcalde trató de defender el proyecto desde un punto de vista nacional y citó a ciudades como Miami, Houston o Charleston -víctimas en los últimos años de otros huracanes- para explicar que ellas y Nueva York no tienen más remedio que enfrentar «la amenaza existencial» a su futuro.

Pero no hay que salir de Nueva York ni del partido demócrata para encontrar la primera resistencia a los planes de De Blasio. Los representantes de otros distritos en zonas de costa de Nueva York han puesto el grito en el cielo: ¿qué pasa con nosotros?. Zonas enteras de Brooklyn, como Red Hook, sucumbieron a las inundaciones de Sandy. También lo hicieron la orilla de Manhattan que da el East River, un poco más al Norte de la zona financiera, una zona de viviendas sociales que no aparecen en los planes del alcalde demócrata.

Francisco Moya, un concejal de Queens, protestó ante «The New York Times» que el proyecto de De Blasio era demasiado «Manhattan-céntrico» y que buena parte de su distrito está entre las zonas con más riesgo de inundación.

Otras críticas han surgido por la indefinición de cómo se financiará y qué habrá en esa nueva costa artificial. El anterior alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, ya ideó en su día una obra similar, pero sería financiada con fondos privados a cambio de la construcción de edificios residenciales y de oficinas en la ampliación. Es algo que ya ocurrió en los años 70, cuando buena parte de la tierra que se sacó de la isla para construir los cimientos de las Torres Gemelas se volcaron sobre la orilla Oeste de la punta de Manhattan para levantar lo que hoy es el barrio de Battery Park.

La concejal del distrito financiero, la demócrata Margaret Chin, está de acuerdo con la nueva costa artificial pero se opone a que se llene de nuevos edificios altos porque «se llevarían todas las vistas». No se lo van a poner fácil a De Blasio.