La madre Teresa de Calcuta en Lima en 1989
La madre Teresa de Calcuta en Lima en 1989 - ABC
En primera persona

Una cita insólita con la madre Teresa de Calcuta

El periodista de ABC Francisco de Andrés rememora su entrevista exclusiva a la santa en 1989

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Llevaba apenas medio año en la corresponsalía de ABC en Buenos Aires cuando me llegó la invitación para cubrir un congreso en Lima realmente peculiar. Corría el año 1989, y la llamada «teología de la liberación» seguía muy presente en los titulares de la prensa mundial tras los experimentos de creación en Nicaragua de una iglesia popular filomarxista. Como antídoto, el arzobispo de Callao quería, con el Congreso de la Reconciliación en Lima, dar voz a algunos pastores, entre ellos el berroqueño cardenal Obando y Bravo de Managua, que hacía honor a su apellido. El prelado peruano contaba además con una estrella de excepción, la madre Teresa de Calcuta, que aprovecharía su presencia en el congreso teológico para visitar su primer convento-hospicio en Lima, en el barrio más miserable -y peligroso- de la capital peruana.

¿Por qué aceptó la santa religiosa una entrevista con un diario español? Todavía hoy no lo sé. Su norma de discreción era conocida

¿Por qué aceptó la santa religiosa una entrevista con un diario español? Todavía hoy no lo sé. Su norma de discreción era conocida, y se aferró a ella antes y después de aquel encuentro, con muy contadas excepciones. La madre Teresa era una mezcla de profunda humildad personal, junto al convencimiento de que su labor -como así se ha cumplido- saldría adelante con la ayuda del cielo y las buenas obras, y sin ningún tipo de publicidad mediática.

Esa rigurosa reserva, que busca quizá evitar que las obras de Dios acaben ahogadas en el aplauso humano, sigue siendo una norma permanente en las monjas de la santa fundadora de las Hijas de la Caridad. El dolor, la oración...y el silencio, fueron la respuesta que obtuvieron los medios internacionales tras la trágica matanza de las monjas de la madre Teresa en la ciudad yemení de Aden, el pasado mes de marzo, cuando los terroristas de Daesh decidieron borrar el último vestigio cristiano: un hospicio que cuidaba ancianos, en su mayoría musulmanes.