Una visión general de cómo han quedado decenas de hogares devorados por las llamas en Fallbrook, California
Una visión general de cómo han quedado decenas de hogares devorados por las llamas en Fallbrook, California - EFE / EPA

California intenta recuperarse del momento incendiario más crítico de su historia reciente

Los Ángeles ha vivido durante los últimos días una situación parecida a los conocidos fuegos de 1961

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Aunque los servicios de rescate habían logrado anoche el control de los principales incendios, California no olvidará fácilmente la incontenible ola de fuegos que durante casi una semana ha arrasado el sur del territorio. En el que ya está considerado como uno de los momentos más críticos que ha padecido un estado de por sí acostumbrado a las llamas, que ha obligado a la Administración Trump a declarar el estado de emergencia, las autoridades asumen un negro balance, empeorado la noche del viernes con la muerte de una persona en el condado de Ventura. Según la versión oficial, una mujer de setenta años que intentaba huir de los incendios sufrió un accidente con el coche en el que viajaba, y murió víctima de las graves heridas y de la inhalación de la gran cantidad de humo procedente de las llamas.

El primer fallecimiento se suma a las cuantiosas pérdidas materiales, contabilizadas oficialmente en más de medio millar de edificios destruidos y casi 70.000 hectáreas arrasadas por el fuego, según el Departamento Forestal y de Protección contra Incendios de California. La gravedad de la situación obligó los últimos días a la evacuación de más de 200.000 personas, aunque ayer la mayoría de ellas ya habían podido regresas a su casa. Decenas de habitantes de las zonas más afectadas por las llamas tuvieron que ser atendidas como consecuencia del efecto de la contaminación del aire, en especial los ancianos y los aquejados de problemas respiratorios. La mezcla de ceniza y de humo en el ambiente se ha convertido estos días en el principal enemigo de los californianos del sur. Para prevenir daños, en los condados de Los Ángeles y de Santa Bárbara, dos de los más afectados, las autoridades habían repartido decenas de miles de máscaras, además de reclamar a sus habitantes que evitaran salir de casa en la medida de lo posible.

Los fuegos pusieron en apuros a miles de personas en el entorno de la ciudad de Los Ángeles, la ciudad más poblada del estado, que no vivía una situación similar desde los recordados incendios de 1961. Entonces, las llamas devastaron cientos de casas en el elitista barrio de Bel Air, donde muchos famosos hubieron de reconstruir su lujosa vivienda.

Después de unos días críticos y de gran preocupación, las malas noticias dieron paso ayer a la esperanza, cuando las autoridades informaron de que los bomberos habían recuperado el control de la mayoría de los fuegos. Gracias a la pérdida de fuerza de los vientos de Santa Ana, que habían contribuido a propagar las llamas al soplar a una velocidad de hasta 130 kilómetros por hora, la lucha contra los incendios empezaba a sonreír al fin a los servicios de emergencia.

Sin embargo, el peligro aún seguía vivo anoche en algunos puntos concretos del condado de Ventura, donde el incendio Thomas apenas había podido ser sometido en una décima parte, a lo que había que añadir la posibilidad de que los vientos pudieran volver a soplar con fuerza. Sólo ese fuego había arrasado hasta ayer 57.000 hectáreas.