Adiós al nuncio en España

Se marcha siendo una incógnita para no pocos, en la Iglesia y en ámbito político y social

José Francisco Serrano Oceja
Madrid Actualizado: Guardar
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El Papa Francisco se ha reunido esta semana con 103 representantes pontificios, de los cuales 98 son nuncios y 5 observadores permanentes. En la cumbre diplomática vaticana se encontraba el que será nuncio apostólico en España durante los próximos años. Monseñor Renzo Fratini ha cumplido la edad preceptiva para una merecida jubilación. Llegó a España hace casi diez años para hacer la transición de la Iglesia post-Rouco. Se marcha siendo una incógnita para no pocos, en la Iglesia y en ámbito político y social. En los tiempos que corren quizá sea ésta una buena estrategia.

El futuro de la Iglesia en España pasa también por lo que haga el nuevo inquilino de la calle Pío XII de Madrid. Aterrizará en los compases finales de un pontificado sorprendente, en medio de un profundo cambio en la política española con la reconfiguración de los pactos implícitos de la Transición, con un proceso social de mutación de valores y con retos como el de un nacionalismo catalán infectado de clericalismo. Y, sobre todo, con una renovación en ciernes del episcopado que trasciende con mucho el obligado, y cada día más necesario, cambio generacional.

A la hora de tomar decisiones, que para algunos son la chispa de la política, el próximo nuncio tendrá que tener en cuenta un fenómeno que no es solo español –según me dicen ocurre en algunos países de Latinoamérica, por ejemplo, Perú-, pero que aquí tiene su idiosincrasia, las «Nunciaturas paralelas». Personas que están interviniendo «extra officium» en el curso ordinario de los procesos, principalmente en los nombramientos de obispos o en casos especiales, como la investigación de denuncias de pederastia o penales.

No me refiero a la figura de «El Ungido», el cardenal español designado por Roma como su hombre de confianza, -en este momento el de Barcelona, monseñor Juan José Omella-. Hablo de «entornos de confianza» de quienes toman las decisiones últimas. Esos entornos colaboradores, con innegable buena voluntad, interfieren en los cauces ordinarios. Y ya se sabe lo que pasa cuando se cruzan las lógicas y se alteran los procedimientos consolidados…

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