Fingimientos

La evolución trabajó durante millones de años sobre este barro del engaño mutuo

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Quizás todo comenzara cuando la mona bajada del árbol adquirió la capacidad de ocultar el estro. Quizás empezara ahí una relación basada en el fingimiento. La de la hembra que, para asegurarse un socio con el que sacar la prole adelante, fingía estar dispuesta a la relación sexual de modo permanente. La del macho que, por la cosa aquella de la posesividad, fingía creer que disponía de una compañera con la que satisfacer a cada momento su perentoria necesidad de desahogo. La evolución trabajó durante millones de años sobre este barro del engaño mutuo hasta que consiguió dar forma a esto que hoy en día tenemos por pareja estable.

En cualquier manual de biología evolutiva pueden encontrarse bien desarrolladas teorías