OPINIÓN

Alivio

Pedro Sánchez ha cambiado la imagen del PSOE, recuperando un lenguaje socialdemócrata que se echaba de menos

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La salida de la larga noche de austeridades, recortes y limitación a las libertades, en torno a un aburrido discurso de miedos y amenazas, como mínimo nos ha proporcionado a muchos una saludable sensación de alivio. Reinaba un cierto hastío acerca de tantas historias sobre asuntos francamente oscuros, tales como: prima de riesgo, exigencias de la Troica y necesidad de ofrecer confianza a los mercados; eufemismos macroeconómicos poco entendibles y que se han traducido en precariedad para la gente y ventajas para los bancos y las grandes fortunas. Solo por eso ya ha merecido la pena la moción de censura y el nuevo gobierno socialista, incluso para quienes no lo somos y podemos plantear fundadas críticas y recelos al PSOE de la transición.

De entrada este nuevo ejecutivo, desde luego valiente, ofrece una imagen más que presentable: feminista, ecologista, moderna y dialogante. En escaso tiempo, hay esperanzas fundadas de cambios que reconfortan, como la abolición de la Ley Mordaza, impuesta por la derecha para perseguir la disidencia; y la vuelta a la lucha contra el olvido impulsada por Zapatero, ya que la dictadura del General Franco se caracterizó por una represión demasiado intensa, y es preciso aliviar el daño causado y facilitar la búsqueda de los restos de sus víctimas.

La exhumación de los restos del dictador de un mausoleo, levantado con mano de obra esclava, llega tarde, durante largo tiempo fue un descrédito para nuestro sistema democrático que solo explican los pactos de silencio que tejieron una transición aún inconclusa. Ha tenido que llegar Pedro Sánchez para resolver tan vergonzoso anacronismo, en su haber hay más cosas que justifican la recuperación del optimismo, como: las medidas contra la violencia de género; la distensión con los nacionalistas catalanes, de manera que la Generalitat ha regresado a las reuniones del Gobierno con las autonomías; el levantamiento de los aforamientos que limitará la impunidad de los políticos, junto a medidas de control de calidad, como las que han conducido a la fulminante dimisión de dos ministros.

Más recientemente, la reducción del impuesto a la energía eléctrica abaratará un precio que había crecido de forma excesiva desde que Aznar privatizó las compañías eléctricas. Recuerdo que cuando éste ganó sus primeras elecciones, un veterano periodista conservador auguró que volvería la socialdemocracia y con mayor coherencia pues España era un país pobre necesitado de políticas sociales, sin embargo la prolongación de los gobiernos de derecha han dejado maltrecho al Estado de bienestar.

También hay sombras, Pedro Sánchez ha cambiado la imagen del PSOE, recuperando un lenguaje socialdemócrata que se echaba de menos desde que Felipe González consiguió retirar las referencias más progresistas de sus Estatutos, pero ciertas medidas han quedado en meros gestos, como la acogida del barco Aquarius que no ha modificado las políticas sobre inmigración. No se entiende que renuncie al impuesto a la Banca, ni a la abolición de la Ley de Reforma Laboral que ha introducido una extrema precariedad en el trabajo.

Tampoco su complicidad con una guerra genocida, manteniendo el suministro de bombas a la tiránica monarquía saudí. Pero mientras la derecha se radicaliza, el gobierno se mantiene con saludable firmeza, como esa enmienda a una norma contra la violencia machista que sirve de atajo para evitar que el Senado bloquee los presupuestos, recurso que el propio PP empleó y que ahora le sirve para comparar a Sánchez con Maduro. Por favor, señor Casado, no se pase usted, nuestro Pedro es mucho más guapo.