Real Madrid

«Cristiano es de otro mundo, estratosférico»

Zidane y el equipo alaban el espíritu ganador de la estrella y su actitud para exigir pases bajo la seguridad de su certera respuesta

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Cristiano Ronaldo y Messi son estratosféricos. Lo manifiestan sus entrenadores y los técnicos rivales. Simeone adujo hace una semana que Messi decantó el partido frente al Barcelona y si hubiera jugado en el otro equipo habría ganado el Atlético. En Éibar vivimos la misma situación. Zidane reconoció que el conjunto de Mendilíbar fue mejor y fue el Balón de Oro quien decidió los puntos para un Real Madrid repleto de titulares. El responsable del conjunto blanco, que no gusta de realizar elogios individuales, admitió el liderazgo indiscutible de su estrella: «Cristiano es de otra galaxia. Juega y quiere marcar un gol. Cuando consigue uno, quiere dos. Cuando lleva dos, busca el tercero. Siempre pide el balón, tiene una gran actitud y aporta mucha moral al equipo con su espíritu».

El espíritu indomable de Cristiano Ronaldo es un ejemplo para la plantilla, con una ilusión y unas ganas que lideraron al equipo hasta conseguir una victoria extremadamente difícil

El portugués es un ejemplo para todos, para sus compañeros y para la cantera del club. A sus 33 años es quien más corre en ataque, quien presiona, quien se enfada cuando ve que sus compañeros no le ayudan en la presión. El Éibar encerró al Real Madrid con su fútbol aéreo y el luso bajó al centro del campo para robar dos balones y pedir a Casemiro y Ramos que adelantaran líneas y tocaran la pelota en raso para controlar el encuentro. Fue decirlo y pronto anotó el primer tanto de la tarde, en un pase preciso de Modric.

Empató el cuadro guipuzcoano y raudo vino Ronaldo a pedir al grupo un nuevo esfuerzo para recuperar el mando. El artillero del Real Madrid se desmarcaba, solicitaba pases, buscaba la diana decisiva. Era encomiable esa voluntad del estandarte de la entidad para liderar la moral del grupo y buscar una victoria difícil. «Está todo explicado de Cristiano, no podemos decir más elogios», subrayaba Marcelo. «Marca goles y nosotros trabajamos para que los pueda conseguir». El mensaje subliminal que dejaba el brasileño es que le buscan en el campo para centrarle balones porque saben que acertará. Eso es un arte, una capacidad, que muchos jugadores no tienen.

Cristiano firmó dos dianas y pudo lograr otras dos en sendos disparos colocados que Dmitrovic anuló con dos manos milagrosas. El guardameta azulgrana, vestido de rosa, se llevó las ovaciones de los seis mil aficionados que llenaban Ipurúa.

Ramos, al WC por piernas

El cancerbero serbio no pudo evitar el cabezazo imparable que sentenció los puntos a seis minutos del final. Ronaldo no le dejó respirar. Sus cuatro remates fueron todos a portería. Es inasequible al desaliento. No fallaba. O eran gol o los despejaba el portero. Así sucedió. El portugués sumo dos aciertos más en su cuenta de resultados y lamentó con la rabia de un juvenil los tres que su enemigo directo, bajo palos, le sacó. «Cristiano es impresionante», señalaba Carvajal. «Se acaban los calificativos». El canterano le dio el pase medido del 1-2. Sabe donde hay que situar el balón para que el depredador aplique el zarpazo.

Zarpazo intestinal sufrió Ramos en pleno encuentro. Marcelo y Carvajal se vieron sorprendidos cuando Ramos se marchó a toda carrera del campo por culpa de un apretón. «Su tuvo que ir porque se cag...», explicó Zidane con una enorme sinceridad escatológica. Con similar franqueza destacó que el cuadro vasco fue superior. Y con objetividad remachó: «Cristiano es de otro mundo».