Francisco Franco saludando a la muchedumbre en el fuerte de Guadalupe, durante su visita a Irún
Francisco Franco saludando a la muchedumbre en el fuerte de Guadalupe, durante su visita a Irún - Marín

Anatomía del dictador en el Aula de Cultura de ABC: «Franco no era un simple Pinochet»

El catedrático Enrique Moradiellos presenta este jueves su libro sobre el dictador y su compleja personalidad junto a García de Cortázar en el Museo de ABC

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Lleva muerto más de cuatro décadas, pero es un personaje recurrente en la prensa y en la vida política día sí y día también. Un arma arrojadiza. Una controversia. Una herida. Un desconocido. El historiador Enrique Moradiellos, autor de «Franco, anatomía de un dictador» (Turner, 2018), tiene claro que de tanto demonizar, desfigurar y ridiculizar a la figura del que fuera jefe del Estado se ha terminado por olvidar quién fue o dejó de ser. «Existe un uso mitómano, ponderativo o destructivo, denigratorio o hagiográfico de la figura, pero a él se le conoce muy poco. Es lo normal con el paso del tiempo y con esta clase de personajes históricos», defiende.

El catedrático de Historia Contemporánea presenta las líneas maestras de su libro este jueves, a las 19.30 horas, en el Aula de Cultura ABC en el Museo ABC (Calle Amaniel, 29-31). Junto a Fernando García de Cortázar, director de la Fundación Vocento, Moradiellos tratará en su conferencia de arrojar algo de luz sobre el desconocimiento histórico y equilibrio entre los que le consideran «la cumbre de las excelencias de la raza española» y los que, en cambio, le presentan como alguien «cruel, tonto, un poco afeminado, con mera suerte y que metió tanto miedo a los españoles que le dejaron gobernar cuarenta años». «Son absurdos esos puntos de vista. Que alguien pueda sostener académicamente que había 34 millones de españoles (cifra con la que terminó su dictadura) tan tontos que le tenían pánico a un tonto superior me llena de estupor», asegura el catedrático.

El escritor e historiador Enrique Moradiellos
El escritor e historiador Enrique Moradiellos - Ängel Díaz

En «Franco, anatomía de un dictador», Moradiellos no teme utilizar postulados que podrían calificarse hoy de políticamente incorrectos, pero que están respaldados por un trabajo historiográfico y una visión cargada de perspectiva. «Decir que Franco era alguien mediocre intelectualmente es insostenible, como afirmar lo mismo de Stalin, que escribió más volúmenes de filología, historia y biología eslava que nadie. Que fueran o no inteligentes no significa que no fueran moralmente reprobables», advierte el ponente del Aula de Cultura ABC sobre la complejidad que entraña todo personaje y proceso histórico. «Nunca creas que en el espectro cromático estás en el blanco o el negro, porque hay una infinidad de matices en el intermedio que conforman el marco», apunta.

Lo primero que puede ayudar a comprender quién era Franco tiene que ver con su condición de militar. «Era un africanista, un general que de vuelta a la Península se le puede identificar con un pensamiento conservador, contrarrevolucionario del periodo de entreguerras, decisionista, católico y con un nacionalismo español muy historicista y volcado en la nostalgia de lo que fuimos y ya no éramos», recuerda el autor de «Franco, anatomía de un dictador».

Más allá de Pinochet.

En menos de tres meses, este militar en alza pasó de tener «una misión prácticamente marginal en la sublevación a ser, sin lugar a dudas ni otra alternativa, el generalísimo de todos ellos, que asume los poderes militares para librar una guerra y políticos para edificar un Estado alternativo», explica Moradiellos.

Con todo, el Ejército solo era uno de los tres puntales (Fuerzas Armadas, Iglesia y el aparato civil administrativo que se estructuró en torno a la fusión de un partido del Estado) sobre los que sustentó su régimen dictatorial: «Franco no es un simple Pinochet. No era solo el representante de los militares, sino un enviado por la divina providencia: el caudillo, el cruzado de Cristo y el jefe del único partido», sostiene el catedrático sobre la «autoridad suprema» que alcanzó el militar gallego. «Se dice a la ligera que Felipe II o Fernando VII eran reyes absolutistas, pero ellos estaban limitados en su poder por tradiciones, gremios, corporaciones y nunca tuvieron la capacidad de dictador soberano, solo responsable ante Dios y la Historia».

«Te gustará o no, a mí personalmente no, pero hay que reconocerle una fortaleza, una tradición intelectual y unos conceptos muy firmes en la creación del que fue un habilísimo político», aprecia el ponente del Aula de Cultura ABC.