Fabrizio, en primer término, en pleno ataque.
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Vídeo: El ataque de Fabrizio, el preso más temido, a los funcionarios de Puerto III

En las imágenes se observa como este guineano, condenado ya a 19 años de prisión por esta agresión, arremete con extrema violencia contra los trabajadores de la cárcel portuense

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Nueve y cuarto de la mañana. Fabrizio Joao Silva, guineano, más de 1,80 de estatura y 120 kilos de peso, está en su celda. En 'El Quince', el módulo donde habitan los más peligrosos. Es un 91.3, un FIES. A su espalda, una condena de 22 años por asesinar a su novia y otra de 17 por acabar con la vida a golpes y patadas de otro recluso en Alcolea (Córdoba). Es julio de 2016 y parece estar tranquilo, «como un día más».

Como se puede ver en el vídeo que ofrece hoy este periódico, Fabrizio sale de su celda aparentemente calmado. En la mano lleva enrollada una toalla. Varios funcionarios lo esperan en lo que se conoce como rastrillo para cachearlo y trasladarlo al patio. Cuando ya se acerca a ellos, hace el gesto de dejar la toalla en una silla pero de repente se revuelve. Saca un pincho de ocho centímetros hecho por él mismo con el estilete de un zapato y se lo clava a uno de los funcionarios en el cuello, a otro en la cara y a otro en el antebrazo. Y así, uno a uno, él solo contra seis con una extrema violencia. «Estaba como loco, obcecado», declararon sus víctimas durante el juicio. Se resiste con patadas y puñetazos. No suelta el pincho. Lo sujeta fuerte a modo de puño americano y por cada golpe que da, herida que provoca.

«Nos decía: hoy mato a un funcionario»

Se sigue resistiendo y lo consiguen encerrar en esa zona de seguridad. Acuden más funcionarios a apoyar a sus compañeros. No depone su actitud y ataca de manera feroz a todo el que se acerca a él. «Nos decía: 'hoy tengo que matar a un funcionario'». Finalmente lograron reducirlo, no sin que estuviera a punto de acabar con varios de ellos. Así lo constataron los peritos forenses durante la vista que lo sentenció. «Podría haber sido una auténtica masacre», dijo el fiscal de manera rotunda en sus conclusiones.

Fabrizio, trasladado al juicio que se celebró en la Audiencia de Cádiz.
Fabrizio, trasladado al juicio que se celebró en la Audiencia de Cádiz. - F. JIMÉNEZ

Como ya contó este periódico este recluso, considerado uno de los más peligrosos de España, fue condenado por estos hechos a la pena total de 19 años y medio de prisión por un delito de homicidio en grado de tentativa, tres delitos de lesiones con uso de instrumento peligroso y cuatro delitos de lesiones leves. El juicio contra él se celebró el pasado junio en la Audiencia Provincial de Cádiz entre unas extremas medidas de seguridad. Agentes de Policía Nacional y Guardia Civil acudieron a la vista en un dispositivo especial para que Fabrizio no provocara más problemas. Se vivieron momentos de tensión cuando era llevado a sala pero finalmente quedó ahí.

Más medios y seguridad

Lo vivido en la cárcel portuense fue una «auténtica pesadilla». Los funcionarios se defendieron con los medios que tenían a mano. Escudos y defensas. Y no había para todos. Estos días los trabajadores de prisiones han protagonizado manifestaciones y jornadas de huelga para exigir al Gobierno justo eso. Más medios. Insisten en que las agresiones se repiten y que sus vidas corren peligro. El episodio de Fabrizio no es casual. «Son reclusos que cumplen condenas muy altas y a los que matar les sale ya gratis», advierten.

Además solicitan ser considerados autoridad. Como ocurre con policías, guardias civiles y otros cuerpos y también con profesores, médicos y algunos profesionales más que se encuentran penalmente amparados con esta distinción. Al preso guineano se le procesó por tres delitos, sin embargo no por atentado a la autoridad (no procedía legalmente). Sin embargo, atacó a estos trabajadores que controlan a cientos de reclusos y que se enfrentan a diario a situaciones de una gran presión. Todo puede cambiar en segundos. Como así ocurrió.