REPORTAJE

'El Quince', donde habitan los más peligrosos

El desafiante etarra Iñaki Bilbao, el sanguinario ladrón El Solitario, o reclusos violentos y multireincidentes, entre los internos que ocupan el módulo de aislamiento de Puerto III

La prisión portuense es, según los sindicatos de funcionarios, la cárcel de España con más condenados de máxima peligrosidad

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Hace unos tres meses Txema Matanzas, el penúltimo preso del macrosumario 18/98 contra distintas organizaciones de la izquierda abertzale que Garzón vinculó con ETA, concedía una entrevista a GARA. En ella contaba que había estado en Puerto III después de ser condenado a diez años por la Audiencia Nacional. Estuvo en el módulo de conflictivos. Decía que allí se encontraban los que habían causado problemas y aquellos «que deberían estar en un centro psiquiátrico». «Algunas veces se daban situaciones tensas, aunque en general no había actitudes violentas hacia los presos vascos». Aún así, la convivencia –exponía– le resultaba «complicada».

«Estamos hablando de un módulo desagradable. Había mucho ruido y se generaban situaciones de estrés», decía el histórico abogado de etarras quien describía el aislamiento como lo más duro. Matanzas hacía estas declaraciones tras volver a visitar la prisión portuense pero esta vez en libertad y acompañando a los allegados de Xabier Rey Urmeneta, el etarra iruindarra que fue hallado muerto en su celda en marzo pasado.

Al margen de la credibilidad que se le quieran dar a las declaraciones de este exrecluso, la actividad penitenciaria de una cárcel de máxima seguridad como es Puerto III es innegable. Es una prisión de gran capacidad y la rotación de presos peligrosos es continúa.

De los 70 internos, catalogados como de máxima peligrosidad (los 91.3), que hay en las cárceles españolas, 13 de ellos están actualmente en esta prisión de El Puerto. Casi el 20 por ciento. Además hay otros 32 internos en régimen del artículo 91.2, también de especial tratamiento, y otros seis de perfiles considerados como conflictivos (los que están en aislamiento provisional como 'castigo' y otras situaciones especiales).

Celda en el módulo 15
Celda en el módulo 15

«Tener más de medio centenar de ellos es una bomba de relojería, no podemos trabajar sin sufrir riesgos ni garantizar que ellos lo sufran en estas condiciones». Lo dice alguien que conoce muy bien 'El Quince', el complicado departamento de régimen interno al que van los delincuentes con penas más altas y duras, los que son enviados a aislamiento y aquellos cuyo comportamiento es, por decirlo de alguna manera, complicado.

Es justo en este módulo por ejemplo donde estuvo también Fabrizio Joao Silva, el guineano de metro ochenta y más de cien kilos que llegó a Puerto III después de haber matado a patadas a otro recluso en la prisión de Alcolea (Córdoba), donde, por cierto, cumplía condena por asesinar a su pareja sentimental. A sus treinta y pico años y con dos cadáveres pesando ya en su historial, lo trasladaron a la cárcel portuense.

Tardó ocho meses en dejar de nuevo su marca. Atacó con un estilete metálico que sacó de una pletina de zapato a varios funcionarios cuando le estaban cacheando para salir de la celda. A uno de ellos le estuvo a punto de cortar la yugular, a otro le perforó la mejilla y le arrancó de cuajo varios dientes y a un tercero le asestó una cuchillada en el antebrazo que, según dictaminaron los forenses, paró un golpe mortal en órganos vitales. Recientemente, entre extremas medidas de seguridad, se celebró en la Audiencia Provincial de Cádiz el juicio contra él por estos hechos y Fabrizio fue condenado a 19 años y medio de cárcel. Otra vez a la prisión y por más tiempo.

El condenado Fabrizio Joao Silva.
El condenado Fabrizio Joao Silva.

Sin embargo el daño ya estaba hecho. Por eso, para que no se repitan incidentes tan graves como el que protagonizó este recluso. Para prevenir y no tener que curar, los sindicatos de funcionarios de prisiones han alzado la voz para exigir a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias que disminuya el cupo de internos con este perfil que hay en el centro portuense. Según aseguran, en el caso de Puerto III, la tasa de violentos es «excesiva». «Esto es ingobernable», dicen. Y es que el trabajo que supone el control de este tipo de internos complica hasta el extremo las tareas más sencillas y cotidianas de una prisión. «Con los medios que tenemos actualmente, de personal, las cábalas que hacemos para que salgan al patio, o accedan a los servicios de peluquería por ejemplo o a la asistencia de los equipos técnicos (educadores, juristas, psicólogos, trabajadores sociales...) es un rompecabezas diario».

«Tener más de medio centenar de ellos es una bomba de relojería. No podemos trabajar así»

Cualquier traslado es complicado ya que, por la categoría de 91.2 o 91.3. de estos reclusos, se tienen que cumplir todas las exigencias de seguridad. Tales como que no pueden coincidir más de cinco o tres a la vez en el patio, saber si se han peleado entre ellos para evitar que se crucen, o velar por los técnicos y profesionales que van a asistirles. Por ejemplo cuando un interno va a cortarse el pelo los llevan a una sala especial y mientras el peluquero trabaja, los funcionarios deben permanecer vigilando tras un cristal cualquier movimiento. Y así con cada uno. Y con cada movimiento. Sea cual sea.

Hay medio centenar de este tipo de internos que cohabitan en El Quince de Puerto III. A todos ellos hay que vigilar de esta manera especial siguiendo un estricto protocolo de seguridad y unas reglas que son inquebrantables si no quieres jugártela.

Pero, ¿quiénes son estos presos?, ¿por qué se encuentran en El Quince?

El grupo es bastante diverso. La mayoría de ellos son internos muy violentos, multireincidentes, que vienen rebotados de otras prisiones donde ya la han liado. Son mechas a punto de encenderse por cualquier cosa. El cobro de un café con el que no están de acuerdo, alguna historia en el economato, las ganas de echarse un cigarro... Provocadores continuos, incansables en las quejas e insistentes en comportamientos de castigos. Sulca, Heredia, Nogueira... nombres que no son mediáticos pero que a los funcionarios que tratan a diario con ellos sí que les suenan. «Hacen de todo, se pelean entre ellos, rompen cristales y se los tragan, insultan y amenazan por los interfonos, inundan o intentan prender fuego a las celdas...», en definitiva, un peligro, un riesgo constante.

En El Quince los presos desayunan, comen y cenan en las celdas. Su relación con otros reclusos se reduce a cuando salen al patio un máximo de cinco juntos si son 91.2 y de tres sin son 91.3., o a los gritos que se pegan de una a otra celda. Fuera, las cámaras lo vigilan todo.

Aquí, en este ambiente, también están ingresados presos etarras. Es el caso por ejemplo de Iñaki Bilbao, un experto en amenazar a los jueces de la Audiencia Nacional. Su imagen golpeando la mampara de seguridad de cristal simulando con su mano una pistola y apuntando al magistrado Alfonso Guevara quedó retratada. «El día que te eche mano te voy a meter siete tiros», le dijo.

Iñaki Bilbao amenaza al juez Guevara.
Iñaki Bilbao amenaza al juez Guevara. - EFE

Hace unos años tuvo que ser ingresado en el Clínico de Puerto Real a cuentas de una huelga de hambre. Pero ahora dicen que permanece «tranquilo» cumpliendo lo que le resta de condena. Al igual que el resto de presos de ETA, que no son «especialmente conflictivos». En Puerto III hay una decena de ellos. En la provincia, alcanzan la treintena, según el listado de Etxerat. Cumplen sus penas en primer grado y están catalogados como de especial seguimiento (FIES).

En este caso el trabajo para los funcionarios es mayor porque las comunicaciones de estos reclusos con el exterior están intervenidas, una medida que se toma bien por orden judicial o porque se trata de internos con una especial trayectoria delictiva. Se les vigila la correspondencia o se hacen informes de seguimiento sobre con quien se han relacionado, cómo, por qué... un control más individualizado que necesita evidentemente de una dedicación más específica.

Otro de los internos más conocidos por la opinión pública que se encuentra en esta sección es Jaime Giménez Arbe, el popular 'Solitario', el atracador más buscado de España durante años y que suma unos 70 años de prisión en unas siete condenas. A este «expropiador de bancos» (como él se llama a sí mismo en su autobiografía)se le atribuyen más de treinta atracos a mano armada en entidades bancarias de toda España, y el asesinato de una pareja de guardias civiles en Castejón (Navarra). Además otro policía murió por una bala perdida durante un tiroteo contra él. Cuando lo detuvieron en Portugal a punto de cometer otro asalto, iba disfrazado con barba, bigote y peluca falsas, según su costumbre y portaba tres armas de fuego. Giménez Arbe también es otro de los reclusos que se encuentran en el penal gaditano. No es de los más conflictivos aunque, por sus antecedentes y su peculiar comportamiento, es de los que «nunca se sabe por dónde van a salir».

El Solitario, cuando fue detenido.
El Solitario, cuando fue detenido. - EFE

En el módulo de aislamiento también se suelen ingresar a los yihadistas. Uno de estos nombres es el de Younes Zayyad, condenado por el Tribunal Supremo por el delito de integración en organización terrorista. Miembro de la célula islamista 'Brigada Al Andalus' que recibía órdenes de un expreso de Guantánamo.

Este grupo estaba localizado principalmente en Madrid desde 2011 y 2014 e integrado en las franquicias de Al Qaeda. Según el fallo, tenían un permanente contacto no sólo personal y directo, sino a través de las redes sociales, y de las conversaciones telefónicas. La sentencia que les condenó describe que «todos ellos experimentaron un proceso de radicalización y adoctrinamiento, planificado en distintas fases».

El comportamiento de los presos acusados de pertenecer al integrismo radical suele ser bueno. Son fríos y distantes pero no son presos que den especiales problemas. No son especialmente conflictivos. Se convierten en problema cuando el grupo al que pertenece les ordena alguna acción. Mientras, se mantienen relativamente tranquilos. Sin embargo también hay que hacerles un seguimiento especial, y más aún, con el nivel 4 de alerta activado.

Younes Zayyad, abajo en la esquina inferior derecha.
Younes Zayyad, abajo en la esquina inferior derecha.

Ante este plantel de perfiles y dados los números que se ven obligados a manejar, cuatro sindicatos que representan a los funcionarios de prisiones (CSIF, ACAIP, UGT y APFP) exigen a Instituciones Penitenciarias que se den los medios necesarios para poder hacer frente a esta situación y que se disminuya o reparta entre otros centros penitenciarios a los reclusos más peligrosos o de especial tratamiento. «Estamos vendidos. En cualquier momento va a ocurrir una desgracia si de una vez no se pone remedio y se toma conciencia de la realidad».

Más información: Las prisiones de Cádiz arden