Imagen de archivo de la detención de un presunto yihadista.
Imagen de archivo de la detención de un presunto yihadista. - La Voz
SEGURIDAD

Yihadistas entre rejas en la provincia de Cádiz

Las cárceles gaditanas albergan a menos de una decena de presos islamistas radicales mientras las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado siguen luchando contra el terrorismo

CádizActualizado:

Unos siete presos yihadistas se reparten entre las prisiones gaditanas de Puerto I, Puerto III y Botafuegos (Algeciras). Están clasificados como terroristas islámicos y cumplen condena por delitos como enaltecimiento del terrorismo o pertenencia a banda armada. Están clasificados como F. I. E. S. (siglas de Fichero de Internos de Especial Seguimiento) y sobre ellos se ejerce un especial control.

Entre estos reclusos se encuentra el islamista radical que en la pasada noche del lunes provocó un incendio en su celda del Centro Penitenciario de Puerto III al intentar destruir documentos y manuscritos ante la posibilidad de que fueran requisados por los funcionarios de prisiones. Estos funcionarios requisan todos los documentos que emiten y reciben este tipo de presos, siempre que tengan para ello una autorización judicial. En ese caso, explican, «se fiscalizan los documentos, se revisan y se mandan a la Audiencia Nacional», si no existe esta autorización no se puede hacer, ya que los manuscritos y cartas son personales. No obstante, los presos detenidos por terrorismo «generalmente tienen la documentación intervenida».

Un imán que radicaliza en Puerto I

El que un preso condenado por terrorismo yihadista disponga de algún instrumento que pueda provocar un incendio, desde los sindicatos de funcionarios de prisiones explican a este periódico que es debido a que «todos los internos tienen derecho a comprar los enseres que venden en el economato» de la cárcel, como «tabaco, bolígrafo, lejía, detergente, cepillo de dientes y también mecheros». «Por eso nosotros demandamos que haya un férreo control judicial y que la regulación legal sea más restrictiva sobre internos muy especiales por su peligrosidad o porque son reincidentes en provocar incendios», subrayan estos sindicatos.

También entre estos internos, en la cárcel de máxima seguridad de Puerto I se encuentra un imán «como el de Ripoll» (recordemos que fue el cerebro de los atentados terroristas de agosto de 2017 en Barcelona y Cambrils) que, advierten los funcionarios, «intenta radicalizar a otros presos de origen musulmán». Cuando está en el patio, por ejemplo, imparte charlas para radicalizar al resto y, a veces, «consigue su propósito». No obstante, afirman, no se le puede aislar. Varios funcionarios le realizan el seguimiento. «Observamos lo que hace en el patio, con quién se relaciona y emitimos informes al respecto, no podemos hacer nada más», cuentan. Al tiempo que denuncian que «los internos tienen mejores servicios y derechos que cualquier ciudadano en la calle. Si emiten una queja, sea por lo que sea, porque se les ha retirado un mechero o una televisión que no estaba bien lacrada, en pocos días se resuelve su demanda», detallan.

Como advierten los investigadores del Real Instituto Elcano Fernando Reinares, Carola García-Calvo y Álvaro Vicente, «en las prisiones españolas ha habido y hay radicalización yihadista. Sin embargo, su relevancia es menor que en otros ámbitos. Los centros penitenciarios de nuestro país también han sido utilizados como espacios para la articulación de grupos yihadistas». «En este contexto, las prisiones deben ser cada vez más ámbitos de desradicalización y reintegración social de quienes entraron en las mismas adheridos a las actitudes y creencias de un salafismo violento o las adquirieron durante su internamiento en centros penitenciarios», señalan.

23 yihadistas detenidos en 2019

Según el Departamento de Seguridad Nacional (DSN) del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, «el terrorismo yihadista sigue siendo la principal amenaza para España» debido a «la naturaleza imprevisible» de sus ataques «y a la determinación declarada del Daesh de continuar inspirando e instando a tales acciones a nivel mundial».

«La amenaza contra España procedente del terrorismo internacional yihadista está asociada a los reiterados llamamientos públicos de las organizaciones terroristas para atentar contra los países miembros de la coalición internacional» que lucha contra Daesh en Irak y Siria, «o sus intereses y activos en cualquier lugar del mundo con independencia del método elegido para ello y con la posibilidad de que tales acciones sean cometidas por cualquier persona que sea 'llamada a ello', sin necesidad de recabar autorización previa, pues dichos actos ya habrían sido legitimados», explica el DSN en el Informe Anual de Seguridad Nacional 2018.

España se encuentra en el nivel 4 (en una escala de 5) de alerta antiterrorista. Desde los atentados del 11 de marzo de 2004 las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado han detenido a 797 terroristas yihadistas en España, 166 de ellos desde el 19 de julio de 2016 y 20 en lo que llevamos del presente año; y 110 en otros países, 51 de los cuales en los tres últimos años, tres de ellos en 2019. El último, Zouhair El Bouhdidi, un yihadista de 23 años que presuntamente tenía previsto atentar en Sevilla y que fue detenido en Marruecos, en una operación antiterrorista realizada por la Policía Nacional y los servicios de información españoles y marroquíes.

Adaptación al desafío terrorista

Actualmente, la lucha contra el terrorismo yihadista es «uno de los mayores desafíos de investigación policial, dada la complejidad del fenómeno, y la experiencia de este tipo de criminales. Lo que ha precisado de una respuesta, por parte de los mandos policiales responsables en la materia, del desarrollo de planes específicos de formación en técnicas operativas de investigación, en permanente desarrollo, con el fin de adaptarse a uno de los entornos criminales más competitivos», explican fuentes policiales.

Así pues, las investigaciones policiales «se desarrollan conforme a las actuaciones de captación, recepción, tratamiento y desarrollo de la información de interés para el orden y la seguridad pública, concretamente en materia antiterrorista, tanto en el ámbito nacional e internacional, propias de las competencias de especialización de la Comisaría General de Información del cuerpo Nacional de Policía», detallan.

El método de trabajo de la Policía Nacional es el siguiente, a partir del momento en el que las noticias sobre este tipo de actividades se reciben, se despliega un conjunto de medidas de investigación, conforme a las capacidades, «para el control y seguimiento de las actividades de este tipo de individuos». Desde el inicio de las investigaciones, «resulta fundamental e imprescindible la cooperación y coordinación», tanto con las brigadas de información territorial, en España, como con los servicios policiales, de seguridad e inteligencia extranjeros.

«Las investigaciones realizadas han puesto de relieve que los objetivos mantienen una actitud que en la que para nada exteriorizan sus profundas convicciones radicales; asumiendo postulados propios de la ideología tafkir, que permite que los luchadores de la yihad asuman patrones de conducta propios de las sociedades occidentales, a las que quieren combatir, para atentar contra ellas, con el fin último de pasar inadvertidos dentro de la sociedad en la que desarrollan su vida cotidiana», detallan fuentes policiales. Un trabajo continuo sin bajar la guardia, el que realizan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, para que los yihadistas no consigan sus objetivos.