Sylvain Bretrand Guillaume Decker.
Sylvain Bretrand Guillaume Decker. - LA VOZ
SUCESOS

Souleymane, el yihadista que ha quemado sus manuscritos en Puerto III

Sylvain Bertrand Guillaume Decker cumple seis años de condena. Pertenecía a una célula con base en Melilla experta en enviar yihadistas a Siria, Mali y Libia para integrarlos en organizaciones terroristas

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Sylvain Bertrand Guillaume Decker, alias 'Souleymane', ha sido el último preso en 'liarla' en una cárcel gaditana. Su caso ha transcendido con mayor fuerza porque esta vez el incidente no lo ha provocado un recluso común -de historial violento y reincidente como en otras tantas ocasiones- sino que ahora el protagonista ha sido uno de los ocho yihadistas que se encuentran actualmente cumpliendo pena por actos terroristas en la provincia de Cádiz (Puerto I, Puerto III y Botafuegos).

La madrugada de este martes Souleymane provocó un incendio en su celda del módulo 15 de Puerto III. Al parecer quiso quemar «cartas y manuscritos islámicos propios» antes de que le fueran interceptados. Les prendió fuego dentro de un cubo para lo que además pudo utilizar papel higiénico. Un denso humo negro alertó a los funcionarios que pudieron sofocar las llamas antes de que fueran a más. Los sistemas de detección de incendios fallaron por lo que la rapidez de los trabajadores de este departamento especial fue lo que ayudó a controlar la situación en una galería donde, además, se encuentran presos de una especial catalogación y cuya evacuación es un complicado problema añadido.

Sin embargo era la primera vez que Sylvain Bertrand provocaba un incidente. Llegó a El Puerto hace aproximadamente un año y, como suele ocurrir con este tipo de presos, su comportamiento no es especialmente conflictivo. Todo lo contrario. La comunicación con los internos yihadistas es más bien escasa. Son distantes, fríos... «Alguien bastante introspectivo», cuentan sobre él.

Souleymane es un FIES, un recluso de especial seguimiento. Cumple una condena de seis años por terrorismo, por pertenecer a una célula radical yihadista especializada en la la captación de miembros y en el combate en Mali, Siria y Libia. Él mismo lo confesó ante el magistrado de la Audiencia Nacional Alfonso Guevara que lo sentenció en 2018. Souleymane reconoció los hechos para acogerse al atenuante de confesión. La Fiscalía solicitaba para él entre ocho y catorce años de cárcel.

Detenido en Rabat, residente en Melilla

El preso yihadista fue detenido en Rabat en marzo de 2014 y extraditado a España meses después. Entonces se informó que Sylvain Bertrand había sido captado por el español Mustafá Maya Amaya, jefe de una célula desarticulada en Melilla. Según fuentes policiales, Souleymane había permanecido en Siria y cuando fue apresado en Marruecos estaba a punto de regresar a ese país. Pero lo capturaron antes de que marchara debido a una orden de busca que tenía activada por la Audiencia Nacional. Seguramente, debido a la experiencia que ya acumulaba, iba a unirse a las milicias yihadistas como jefe de un grupo de combatientes contra el régimen de Bachar el Asad.

En el tiempo que estuvo en Melilla se alojó en la casa del jefe, el minusválido Maya, considerado un peligroso proseletista, uno de los principales captores de terroristas que ha tenido España. Allí, en La Cañada de Hidum, su discípulo Souleymane permaneció un tiempo hasta que se trasladó a Marruecos para partir hacia el país sirio donde fue detectado y capturado por la Comisaría General de Información. Cuando cayó Maya también fueron detenidos en su domicilio los franceses Paul Cadic y Farik Cheikh, que también fueron condenados con toda la célula. Sylvain Bertrand fue captura pocos días después.

Mustafa Maya, el 'jefe' de Sylvain Bertrand, condenado a ocho años también en 2018.
Mustafa Maya, el 'jefe' de Sylvain Bertrand, condenado a ocho años también en 2018.

Escrupuloso control

Tras su condena, firme tras haber llegado además a una conformidad con el Ministerio Público, Sylvain ha estado este último año en 'El Quince', el módulo de máximo control de Puerto III, donde los funcionarios tienen que cumplir un estricto protocolo con este tipo de internos. Deben de estar siempre en celdas individuales, salir solos al patio y, únicamente en contadas ocasiones, se les permitirá ir acompañados de otro preso. Además se siguen sus movimientos, si cambian de actitud de repente, las visitas que reciben si las tienen (por ejemplo de imanes) o si mantienen conversaciones sospechosas.

En cuanto a los escritos que quemó Souleymane se sospecha que dichos documentos serían manuscritos suyos, algunas notas personales que tendría en la celda y que además habrían pasado los controles pertinentes de la propia Audiencia Nacional donde se envían para que sean revisados antes de entregárselos. Su celda se registra a diario. Aunque tampoco se descarta que escribiera en ellos notas nuevas que quisiera intentar pasar a otro recluso yihadista o al exterior. Además hay quien apunta también que su intención de provocar fuego haya sido también una forma de significarse tras el último terrible atentado de Sri Lanka que ya ha sido rubricado 'por los suyos'.