El Marlín una vez que se pudo subir a la embarcación. - L. V.
CHICLANA

«Al verlo saltar dije pesa 300 kilos y tuve que echar agua al carrete que estaba al rojo vivo»

Salvador Cervera cuenta cómo pescó un Marlín Azul de 285 kilos sin apenas material para ello

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Lo que empezó como un día normal de pesca terminó con una hazaña por la que no dejan de llamarle. Salvador Cervera y su mujer, Victoria Gómez, capturaron un Marlín Azul de 285 kilos y lo hicieron sin el material necesario para ello, algo que llama más la atención de los expertos en pesca.

Expertos como Salvador, que tiene 66 años, y lleva más de media vida disfrutando de la pesca deportiva. De hecho, el pasado lunes iba a ser un día más de la temporada, que dura unos dos meses, para la captura de marlines blancos. Salvador y su esposa disfrutan cogiendo y luego soltando las piezas, si bien en esta ocasión no pudo devolver el pez al mar, ya que tenía el «buche fuera» y su muerte era ya irreversible cuando lo vio por primera vez.

Salvador está acostumbrado a pescar animales de entre 40 y 60 kilos. De hecho calcula que uno así se le tuvo que escapar cuando estaba tirando de una de sus cuatro cañas, instalada en su barco (el 'Valiente Dos') de unos nueve metros. El pez se llevó el aparejo y estaba en las labores de volver a colocar el material cuando se percató de que una de las cañas se doblaba más de lo habitual. «Normalmente se siente el tirón y más si es uno así, porque el aparejo que llevo es fino y se lo lleva sin problemas. Es más suelen saltar porque intentan darle una estocada al aparejo».

Pero en esta ocasión ni lo vio. Solo que la caña se doblaba y su mujer la agarraba, mientas que se quedaba sin sedal. «Así que decidí poner en marcha la embarcación». Comenzaba una lucha que se prolongaría durante dos horas y que dejó tanto a Salvador como a su mujer Victoria exhaustos.

«El carrete quemaba, estaba casi al rojo vivo y tuve que echarle agua para enfriarlo». En cuanto al animal saltó no tuvo dudas y ya supo que pesaba «unos 300 kilos». También se dio cuenta de que no iba a vivir pues tenía prácticamente el buche afuera, «por lo que ya lo único que podía era capturarlo».

Una lucha complicada

La caña, el sedal, el aparejo, todo aguantó. Los que cada vez tenían menos fuerzas eran tanto Salvador como Victoria, «nos costó una barbaridad», que vieron como una embarcación (llamada 'Barroso') se acercó y varios tripulantes saltaron a su barco para ayudarlo.

«Cuando subimos al animal pensé que me partía el barco», pero ya poco se podía hacer por él. Así que llamó al Puerto Náutico de Sancti Petri y notificó su captura comunicando su intención de donarlo para Cáritas. Esto generó una gran expectación por lo que «había una gran cantidad de personas que querían ver la pieza». Tuvieron que sacarla con una grúa hasta entregarla a la entidad social.

Salvador cuenta con su licencia pertinente de pesca, así como todos los papeles en regla y actuó de manera acorde con la ley, exponiendo que lo que el disfruta es de la «captura y suelta. Es lo que hacemos, incluso a veces los pescados están exhaustos y lo recuperamos antes de soltarlos, pero esta vez no se podía hacer nada y era una pena dejarlo ya así».

La otra pena de Salvador es que no fuera con él su nieto de diez años, que lo acompaña cada vez que puede y es habitual que se vayan de pesca durante las vacaciones de verano. «Abuelo has esperado que me vaya al colegio para cogerlo, me ha dicho mi nieto».

Este chiclanero jubilado asegura que irá a pescar con la misma ilusión a partir de ahora, aunque sabe que no volverá a tener una lucha igual en el mar. Una hazaña reconocida por el resto de personas que lo vieron en el Club Náutico y muchos que aún lo llaman. Aunque él seguirá saliendo a disfrutar de la pesca como siempre.