La verdadera historia tras los experimentos con monos y humanos que sacude el sector automovilístico alemán

BMW, Daimler y Vokswagen pagaron para probar que el diésel no era dañino. Hasta 225 personas fueron expuestas a gases tóxicos

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Un directivo de Volkswagen, actualmente detenido en Estados Unidos, condujo en otoño de 2015 un Volkswagen Beatle al laboratorio del Lovelace Biomedical de Alburqueque. Acababa de estallar el escándalo del trucaje de los motores diésel de esta marca para ocultar un exceso de emisiones tóxicas según la legislación vigente, un caso que no solo amenazaba con hacer zozobrar la empresa, sino que ha terminado dañando la confianza de los consumidores en los automóviles de fabricación alemana. El Beatle sería utilizado para un experimento en el que las emisiones del coche fueron conducidas a una habitación donde permanecían encerrados diez monos, con el fin de mostrar que los efectos no eran tan nocivos como la ley contemplaba.

El diario «Süddeutsche Zeitung» añadió ayer más leña al fuego de estos polémicos experimentos al informar que otros similares se habían llevado a cabo en la Asociación Europea de Estudios sobre la Salud y el Medio Ambiente en el Transporte (EUGT), entidad fundada por los consorcios automovilísticos Volkswagen, Daimler y BMW, en los que en lugar de monos se había empleado a seres humanos para respirar el dióxido de nitrógeno (NO2). En concreto, 25 personas fueron sometidas en un laboratorio de la Clínica Universitaria de Aquisgrán a la inhalación de NO2 durante varias horas en diferentes concentraciones.

Alemania censura

El director del EUGT, Thomas Kraus, ha confirmado que el estudio se publicó en 2016 a pesar de que tenían relevancia limitada, ya que los resultados no podían extrapolarse a toda la población y a que el dióxido de nitrógeno es solamente una parte de la contaminación en el aire.

Por su parte, el portavoz del Gobierno alemán, Steffen Seibert, declaró tras publicarse esta información que «esos experimentos no tienen ninguna justificación ética ni científica» y consideró que su realización «obliga a formular preguntas críticas a todos los responsables». «Lo que tienen que hacer los fabricantes de automóviles con las emisiones es reducirlas y no pretender demostrar que no son dañinas con ayuda de experimentos con monos y hasta con seres humanos», precisó, después de que la canciller Merkel haya pedido en los últimos meses reiteradamente un esfuerzo de las marcas alemanas para «recuperar la confianza perdida de las instituciones y de los consumidores».

También el ministro de Transporte, Christian Schmidt, condenó de la manera «más contundente» los citados experimentos y advirtió que el caso afecta la credibilidad de la industria alemana en su conjunto. El Ministerio de Sanidad, a través de un portavoz, señaló que ese tipo de experimentos no tenían ningún sentido ya que hay suficientes datos que prueban que los gases emitidos por los motores diésel son dañinos para la salud mientras que el presidente regional del estado federado de Baja Sajonia, Stephan Weil, que es miembro del Consejo de Vigilancia de Volkswagen porque este estado es accionista en la empresa, calificó de «absurdos y repugnantes» los experimentos, advirtiendo que «eso se puede repetir con más razón si se hicieron también experimentos con humanos».

Ante el alud de críticas, el propio presidente del Consejo de Vigilancia de Volkswagen, Hans Dieter Pötsch, se vio obligado a declarar que «en nombre del conjunto del Consejo de Vigilancia me distancio con total determinación de este tipo de prácticas» en una comparecencia extraordinaria ante la prensa en la sede central de la empresa, en la que manifestó además que esos experimentos «no son de ningún modo comprensibles».

Daimler y BMW también se han distanciado de esas prácticas, asegurando que jamás han participado en ellas. Daimler, a través de un comunicado, ha manifestado que los experimentos no tienen ninguna justificación y que habían debido impedirse. Pero el hecho de que participan en la financiación de la entidad que los llevaba a cabo es incuestionable y el bochorno de los empleados del sector es ya difícilmente superable. «Pedimos disculpas por la mala conducta y la falta de juicio. Estamos convencidos de que los métodos científicos elegidos entonces estaban equivocados. Hubiera sido mejor prescindir de ellos», ha dicho el comité de Volkswagen en un comunicado”.