Sociedad

El Papa viaja a Georgia y Azerbaiyán para promover la paz en el Cáucaso

Rezará con refugiados de Irak y defenderá el derecho de los desplazados de Georgia

El Papa Francisco, antes de viajar a Georgia y Azerbaiyán
El Papa Francisco, antes de viajar a Georgia y Azerbaiyán - REUTERS

El Papa Francisco viaja el viernes a Georgia y Azerbaiyán para promover la paz en el Cáucaso, completando la gira iniciada el pasado mes de junio con su visita a Armenia. Como los tres países sufren conflictos militares «congelados» y, reflejan, además, los problemas de Rusia y de Irak, el Santo Padre tendrá que ser muy prudente para pedir justicia sin provocar contragolpes de Moscú.

Francisco será recibido en Tiblisi por el presidente georgiano Giorgi Margvelashvili, un doctor en Filosofía y antiguo ministro de educación que mantiene una política occidental en un país parcialmente ocupado por Rusia, que además sostiene militarmente los territorios separatistas de Abjasia y Osetia del Sur, dos pequeños pseudo-estados no reconocidos por la comunidad internacional.

Aunque el Papa considera de interés vital cultivar las relaciones con la Iglesia Ortodoxa Rusa -muy potencias por el encuentro con el Patriarca Kirill de Moscú el pasado mes de febrero en La Habana-, la situación de casi un cuarto de millón de georgianos expulsados de esos territorios es inaceptable.

La posible solución para Francisco en su primer discurso, dirigido a las autoridades y el cuerpo diplomático, es invocar el derecho internacional, en el marco de un llamamiento a la convivencia pacífica de culturas, etnias y religiones que supere por elevación esos conflictos.

El problema de los refugiados saltará a primer plano el viernes durante el encuentro de oración con la iglesia asirio-caldea, buena parte de cuyo territorio en Irak está bajo control del Estado Islámico. El Sínodo de la Iglesia católica caldea se está celebrando en Erbil bajo la protección de los kurdos, y los 13 obispos viajarán a Tiblisi para participar en la plegaria con el Papa. Asistirán unas trescientas personas y será celebrada en arameo, el idioma de Jesús.

Junto con la paz, el segundo objetivo de la visita a Georgia es mejorar las relaciones con la Iglesia ortodoxa, abrumadoramente mayoritaria en ese país de cuatro millones y medio de habitantes.

Aunque la Iglesia Ortodoxa de Georgia es una de las más cerradas y dependientes de Moscú -hasta el punto de que ni siquiera participó en el reciente Concilio Panortodoxo del pasado mes de junio en Creta-, el Patriarca Ilia II acudirá al aeropuerto para saludar al Papa a su llegada, y le recibirá por la tarde en el Patriarcado, donde Francisco pronunciará el segundo discurso del día, dedicado a las relaciones ecuménicas y la fraternidad entre las respectivas iglesias.

Por primera vez, el Patriarca enviará una delegación a la misa que el Papa celebrará el sábado por la mañana en Tiblisi, un gesto que no tuvo con Juan Pablo II en la histórica visita de 1999, que celebraba sobre todo el décimo aniversario de la independencia respecto a la Unión Soviética.

El programa de la tarde incluye un encuentro del Papa con los beneficiarios y el personal de obras de caridad en la iglesia del centro de los Religiosos Camilos, dedicados a la ayuda sanitaria.

Domingo en Azerbaiyán

El Santo Padre volará de Tiblisi a Bakú muy temprano el domingo por la mañana para celebrar la santa misa en la capital de un país de casi diez millones de personas en que hay solo medio millar de católicos.

Azerbaiyán es un ejemplo de buena convivencia entre la mayoría chií, que supone el 63% de la población y la minoría sunní, que suma el 33%. Como en otros lugares, el dinero de Arabia Saudí ha intentado promover el fundamentalismo pero, afortunadamente, con poco éxito.

Además de los encuentros con las autoridades, que mantienen muy buenas relaciones con el Vaticano e incluso han ayudado a la restauración de catacumbas en Roma, el programa del Papa en Bakú incluye un encuentro con el jeque de los musulmanes del Cáucaso y un encuentro interreligioso en la mezquita «Heydar Aliyev».

Francisco se despedirá con un llamamiento a la armonía entre etnias, culturas y religiones, para trabajar juntos en una tarea urgente: desenmascarar y frenar la violencia de los fundamentalistas.

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