Sociedad

El Papa invoca el derecho internacional en una Georgia ocupada en parte por Rusia

Apoya el derecho de los desplazados internos a regresar a sus casas

 El Papa Franscisco camina junto al patriarca ortodoxo de Georgia Ilia II en Tiflis, capital de Georgia
 El Papa Franscisco camina junto al patriarca ortodoxo de Georgia Ilia II en Tiflis, capital de Georgia - REUTERS

Al mismo tiempo que pedía «el pacífico entendimiento entre todos los pueblos y Estados» del Cáucaso, el Papa Francisco ha invocado el viernes en su primer discurso en Georgia «el respeto de las prerrogativas soberanas de cada país en el marco del derecho internacional».

En su encuentro con las autoridades y el cuerpo diplomático en Tiflis, el Santo Padre se estaba refiriendo a la ocupación rusa, denunciada unos minutos antes por el presidente de la República, Giorgi Margvelashvili, en toda su crudeza: «Somos víctimas de una agresión militar por parte de otro Estado: el 20 por ciento de nuestro territorio está ocupado, y el 15 por ciento de la población son desplazados».

El presidente aludía a los territorios de Abjasia y Osetia del Sur, de donde fueron expulsados más de un cuarto de millón de georgianos, dispersos por el resto del país, y dio las gracias a Francisco «por sostener la integridad territorial y la soberanía de Georgia».

En sus palabras de bienvenida al Papa, Margvelashvili no dejaba lugar a equívocos: «A solo cuarenta kilómetros de aquí se encuentra el alambre de espino que impide a poblaciones pacíficas, a vecinos y a parientes mantener relaciones los unos con los otros».

En ese cuadro, el Santo Padre ha invocado el derecho de cada persona «a vivir en paz en su tierra o a regresar libremente si, por cualquier motivo, fue obligado a abandonarla».

Al mismo tiempo ha advertido que «las diferencias étnicas, lingüísticas, políticas y religiosas», que aportan un «enriquecimiento recíproco» no deben ser «usadas como pretexto para convertir las divergencias en conflictos y los conflictos en interminables tragedias».

Pero los nacionalismos y sub-nacionalismos no son el único problema en estas tierras y, en una referencia a los fundamentalismos, Francisco ha denunciado también los «extremismos violentos que manipulan y distorsionan principios de naturaleza civil y religiosa para subordinarlos a oscuros proyectos de dominio y de muerte».

El Papa había sido recibido en el aeropuerto no solo por el presidente de la República y su esposa, sino también por el anciano Patriarca de Georgia, Ilia II, de 83 años, con el que estableció inmediatamente un clima de simpatía ayudándole a caminar y llevándole del brazo en varias ocasiones.

Su segundo viaje al Cáucaso -que continúa el realizado a Armenia el pasado mes de junio- incluye dos días en Georgia y uno en Azerbaiyán.

Además de favorecer la paz en el Cáucaso, su objetivo es también mejorar la relación con la Iglesia Ortodoxa de Georgia, una de las menos ecuménicas y de las más dependientes ideológicamente del Patriarcado de Moscú.

En su visita a la sede del Patriarca, el Papa ha hecho un gran elogio a la historia cristiana de Georgia, iniciada en el siglo IV con la evangelización a cargo de una mujer, santa Cristiana, conocida por su diminutivo «Nino», uno de los nombres más populares entre las georgianas.

Ha mencionado también la literatura, la poesía y los himnos sagrados «algunos incluso en lengua latina», compuestos por el Patriarca Ilia II. Pero la referencia más apreciada fue a un gran punto de orgullo del país: «Al pueblo georgiano le gusta ensalzar sus valores más apreciados brindando con el fruto de la vid», y dar un especial valor a la amistad, por lo que desea ser «un amigo sincero de esta tierra».

Aunque el Papa tiene desde hace varias semanas un aspecto ligeramente cansado, su humor era excelente. En su saludo a los periodistas que le acompañaban en el avión comentó sin ningún complejo: «Este viaje será breve, gracias a Dios; en tres días estaremos de vuelta en casa. Gracias por la compañía. Gracias por vuestro trabajo».

El programa de su primera jornada en Tiflis incluye, al final de la tarde, un encuentro con la comunidad católica asirio-caldea, en buena parte expulsada de Irak y Siria por el Ejercito Islámico, al que asisten el Patriarca Louis Sako y los trece obispos que están celebrando un sínodo en Erbil bajo la protección de los kurdos.

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